Los hinchas de River están enojados. Algunos, furiosos. Muchos tienen una sensación extraña: están desconcertados con Marcelo Gallardo, el líder, el que hasta hace poco tiempo les garantizaba que cualquier proeza era posible. No hubo épica en el Mundial de Clubes, tampoco en la Copa Libertadores, donde esta semana los fanáticos millonarios no supieron cómo digerir que la Liga de Quito goleara 3-0 al Palmeiras que consideraban inalcanzable. Si los ecuatorianos pudieron, ¿por qué River no? No es la única pregunta que no encuentra respuesta.
Entre los que derraman su frustración contra los jugadores el foco está puesto en Borja, en las continuas lesiones de Driussi, en cómo pateó Galoppo el penal ante Independiente Rivadavia, en los últimos refuerzos que no están a la altura… Pero todo eso termina salpicando a Gallardo.
En San Pablo, cuando el equipo fue eliminado por Palmeiras, hubo insultos de los hinchas para los jugadores y aplausos para el técnico. Pero luego llegó otra eliminación, el viernes en Córdoba, y antes derrotas como local ante Sarmiento y Riestra, y cuatro caídas consecutivas, y un equipo que no aparece más allá del respiro que logró con el triunfo ante Racing por Copa Argentina y la victoria contra Talleres en el Clausura. Entonces, parece que a Gallardo se le está volando la capa de superhéroe.
También hubo insultos para él tras la caída ante los mendocinos. Al técnico le cuestionan cuando pone o saca a Juanfer Quintero, entre otras decisiones. O los tres millonarios mercados de pases. Y eso es novedoso: antes lo que hacía o decía el Muñeco iba a misa. Al menos en el Mundo River.
Los hinchas ven algo que ya es evidente: este segundo ciclo de Gallardo tiene poco que ver con el anterior, el que finalizó en un octubre, pero de hace tres años, después de ocho temporadas y media exitosas, 14 títulos y una final en Madrid que para ellos tiene carácter de leyenda.
Pero este River no tiene el sello de Gallardo. No tiene la presión, ni la intensidad, ni el juego de aquel. Y hay algo que incluso a los incondicionales los pone más en alerta: el propio Muñeco no parece contar con los mismos reflejos y el toque de distinción para sacarle un plus a sus jugadores y sorprender con los planteos. Aquellos superpoderes no están disponibles. Las viejas recetas no están funcionando en un fútbol que cambia muy rápido.
Y ya ven también que River se acostumbró a perder, que está quinto en la tabla de la Zona B del Torneo Clausura, segundo en la anual y que la clasificación a la próxima Copa Libertadores no está asegurada. Los hinchas, además, tiene marcada con resaltador una fecha en la agenda: el Boca-River del domingo 9 de noviembre en la Bombonera, por la jornada 15 del torneo local.
Una semana atrás, cuando el objetivo de la Copa Argentina seguía vivo, el técnico ofreció unas declaraciones fuertes: “¿Los objetivos? Yo me los pongo todo el tiempo, no vengo a vivir gratis acá. ¿Tengo una espalda gigante? No. Haber vivido lo que hemos vivido me identifica con la gente. Después, los objetivos… Uno no viene a vivir del pasado acá. Podía haber vivido del pasado en mi casa, disfrutando de la vida. No tengo problema en admitirlo: me gustan los desafíos. Mi desafío es permanente, como persona, entrenador, y eso me alimenta. Y por eso esta adversidad no me hace claudicar”. Después, de frente a una nueva desilusión, Gallardo volvió a dar la cara ante los periodistas.
Gallardo y el monólogo de un hombre golpeado
Lo hizo mediante un soliloquio de seis minutos en el que no permitió preguntas. Se lo vio fastidioso, enojado y molesto tras la derrota por penales de su equipo ante Independiente Rivadavia.
“Voy a tratar de hablar poco, pero tener argumentos sólidos en base a lo que estamos viviendo, y ser honesto y real con lo que se observa. No voy a manifestar cosas que no observamos. De acuerdo a los objetivos deportivos de este año, claramente no estuvimos a la altura, nos ha costado muchísimo. La gente tiene razón en manifestar su descontento. Hemos sido un equipo que no identificó a la gente, y eso es responsabilidad de quien les habla, no estuvimos a la altura de partidos decisivos, estuvimos en deuda en ese aspecto. No queda otra que aceptar y abrazar este momento de mierda, te tenés que hacer cargo, no te podés desprender. Cuando viene así, tenés que abrazar en este momento oscuro”, arrancó el Muñeco.
Y siguió: “Analizaremos al final de la temporada, haremos un análisis de cómo seguimos, debemos rever si podemos en estos 45 días agarrarnos del campeonato, que es la única chance de revertir este año totalmente negativo. Y después, se tomarán las decisiones que se tengan que tomar, es así”.
Luego dejó otra reflexión: “En este momento de mierda, acá afuera no hay nadie que te espere para darte un abrazo ni llevarte a algún lugar. Posiblemente hasta tengamos que entender que tendremos que atravesarlo solos, porque el fútbol es así: cuando ganás, están todos; cuando perdés, no está nadie. Habrá que ver si nos podemos sobreponer en esta adversidad, y habrá que ver quiénes están ahí para sostener esta adversidad. Que no es para cualquiera. Los hombres se destacan en estos momentos: de reprobación, críticas y maldad”.
Foto: Juano TesoneY cerró: “Tenemos que ver quiénes estamos preparados para sostener este momento. Todos podemos tener un año malo deportivamente. Hay que controlar las emociones. Si las tenés medio flojitas de papeles, te hacen mierda”.
En algo se equivocó. Al salir de la sala de conferencias lo esperaba un abrazo: el del presidente Jorge Brito. El mismo que semanas atrás había hecho unas declaraciones que hicieron ruido, confusa mezcla de apoyo y paso de facturas hacia el entrenador. “Claramente, la gente no está contenta con el presente futbolístico y, claramente, Marcelo Gallardo es el principal responsable del presente futbolístico”, dijo en su momento el presidente de River. Y completó: “A pesar de esto, nadie, ni en la oposición están pensando en un cambio de técnico. La decisión de seguir o no, la tendrá Marcelo a fin de año”.
¿Existe esa posibilidad?, ¿qué Gallardo decida irse otra vez? Sus declaraciones en las primeras horas del sábado (“se tomarán las decisiones que se tengan que tomar”) parecen apuntar más bien a la conformación del plantel y a los refuerzos, algo en lo que el propio entrenador no estuvo acertado desde su regreso pese a contar con una billera muy generosa en tres mercados de pases. ¿Seguirá teniendo el favor de una chequera en blanco pese a las repetidas frustraciones?
El Gallardo que va camino a 2026 sigue teniendo crédito en River, pero ya no es intocable. El Superclásico, la definición del Clausura y la clasificación a la Libertadores lo ponen ante una exigencia inédita: que vuelva a ser el Gallardo que los hinchas tanto extrañan.
Las cinco eliminaciones de 2025
Supercopa Internacional: por penales con Talleres
Se jugó en Asunción, Paraguay, el 5 de marzo. Después del 0-0 en tiempo reglamentario y alargue, Talleres se impuso por 3-2 en la definición por penales. Para River convirtieron Pity Martínez y Borja, pero fallaron Rojas, Montiel, Colidio y Lanzini. No alcanzó la gran actuación de Franco Armani, quien atajó los envíos de Tarragona y Ortegoza. Gallardo dijo que el equipo “no está dándole representatividad al hincha”.
Foto: EFETorneo Apertura: golpe de Platense en Núñez
Por los cuartos de final del Torneo Apertura, River era favorito recibiendo a Platense. Pero el Calamar se puso en ventaja con gol de Taborda y recién en el descuento el Millonario pudo empatar con el penal de Mastantuono. Hubo mucha polémica por un lateral previo mal cobrado. En la definición desde los 12 pasos, Platense selló su pasaje con un 4-2. Metieron Mastantuono y Borja, fallaron Castaño y Driussi.
Foto: Marcelo Carroll Mundial de Clubes: afuera en primera ronda
La expectativa era enorme y el debut con un 3-1 sobre Urawa Red de Japón lo potenció. Pero el 0-0 ante Monterrey de México dejó muy condicionado al equipo para el cierre del Grupo E. En Seattle, el Inter de Milán ganó 2-0 y sepultó las ilusiones de pasar de ronda. River quedó tercero y se despidió rápido. El final del partido fue con escándalo cuando Marcos Acuña persiguió al neerlandés Denzel Dumfries.
Foto: Marcelo FerreiroCopa Libertadores: el verdugo fue Palmeiras
La ilusión de volver a pelear la Copa continental más importante se terminó en cuartos de final. Palmeiras se impuso 2-1 en Núñez y la esperada remontada épica no sucedió. El equipo brasileño también ganó en San Pablo, 3-1, cerrando un global de 5-2. “Tengo bronca porque se nos escapa un partido que pudimos pasar a ganarlo rápidamente”, dijo Gallardo tras la derrota. Maxi Salas había abierto la esperanza.
Foto: Juano TesoneCopa Argentina: Villa, Centurión y los fantasmas
El viernes, en Córdoba, River sumó una nueva decepción. Independiente Rivadavia de Mendoza se quedó con la semifinal después del 0-0 en tiempo reglamentario gracias al 4-3 en los penales. Centurión (ex arquero del club) le atajó el primero a Borja y Sebastián Villa (ex Boca) selló la clasificación. Galoppo desvió el segundo remate y no alcanzó con que Colidio, Maxi Meza y Montiel acertaran los suyos.
Foto: Juano Tesone









