Una tarde mágica e inolvidable -y un tanto caótica- vivió el deporte argentino en Parque Roca, en la que miles de pequeñas y jóvenes gimnastas coparon las tribunas del estadio Mary Terán de Weiss solo para ver y admirar un poco más de cerca a una de las mejores atletas de todos los tiempos, Simone Biles. La estadounidense desembarcó en Buenos Aires en el marco de la designación de la ciudad como Capital Mundial del Deporte 2027 y en el cierre de su breve visita a Argentina brindó una clínica junto a su entrenador Laurent Landi y revolucionó el predio de Villa Soldati.
Eran casi las 18:00 cuando Biles apareció en escena por primera vez. Pero desde bien temprano, había indicios de que algo grande iba a pasar en el lugar. Cuando aún faltaba una hora y media para la hora de la cita, ya había una larga cola afuera del lugar, formada en su mayoría por niñas y adolescentes. Algunas con uniformes del colegio, que claramente se habían «escapado» de las aulas para no perderse una oportunidad única. Otras enfundadas en mallas de competición, con sus cabellos recogidos en prolijos rodetes. Y la gran mayoría, con remeras y banderas de clubes y escuelas de todo el país. Hubo representantes de los clásicos polideportivos de la ciudad -GEBA, Ciudad, Ferro, River, Vélez, Banfield, Hacoaj, Comunicaciones, entre otros- y de diferentes puntos del país, como Paraná, La Plata, Santa Fe, Lobos, Lanús, Tucumán. Y hasta algunos brasileños y uruguayos.
Llegaron en grupos, acompañadas por padres y entrenadores, y llenaron las butacas de las tres tribunas que se habilitaron para el evento. Colgaron sus banderas y carteles y arrancaron la fiesta, mucho antes de que Biles llegara al estadio.
Fueron unas nueve mil personas, que tuvieron que armarse de paciencia, porque la espera fue bastante larga. Pero se entretuvieron con las gimnastas que practicaban movimientos, saltos y habilidades en los diferentes aparatos, para ir entrando en calor. Y luego con una exhibición en la que participaron las integrantes del seleccionado femenino mayor -con Mia Mainardi, campeona mundial juvenil en 2023, a la cabeza-, de la selección junior y de programas de desarrollo de la Confederación Argentina y la Federación Metropolitana de Gimnasia, orientadas al alto rendimiento.
Foto Juano Tesone – CLARINCuando ya habían pasado varios minutos de las 18, finalmente apareció Biles, vestida con una remera y un pantalón negros y zapatillas plateadas. Impecable, como siempre. Un vistazo rápido bastó para entender que no iba a haber chances de verla desplegar su talento en la peana ni asombrarse con uno de esos saltos imposibles que solo ella puede hacer. Su papel en esta ocasión iba a ser otro, aunque eso a nadie le importó.
Como había estado practicando un rato antes motivados por los “maestros” de ceremonia, los periodistas Gonzalo Bonadeo y Daniela Etcheverry, la multitud la recibió coreando su nombre. Ella, pura sonrisa, saludó con los brazos en alto y hasta improvisó un bailecito siguiendo en ritmo de las voces que inundaban el aire. Y se rió con ganas cuando le explicaron qué significaba el “Uno más y no jodemos más” que se escuchó en el aire y que fue un intento de convencerla de competir en Los Ángeles 2028.
“No sentía este cariño ni veía un público tan grande desde los Juegos Olímpicos”, comentó la estadounidense, que con once medallas olímpicas (siete doradas) y 30 mundiales (23 títulos), es la gimnasta más condecorada de la historia. Y envuelta en otra lluvia de aplausos, gritos y voces que seguían coreando por Simone, se bajó el escenario y tomó su puesto en el espacio en el que más cómoda se siente, el de competencia.
Foto Juano Tesone – CLARINLo que siguió fue puro disfrute para las cerca de 100 afortunadas jóvenes gimnastas que participaron de la clínica y tuvieron la suerte de recibir el consejo y la orientación de Biles, pero también de su entrenador, Laurent Landi, quien se puso al frente del evento. “No soy entrenadora, pero a veces ayudo a mis compañeras de entrenamiento con algunas habilidades», explicó Biles.
En un orden desordenado -el coach francés intentaba organizar a las nenas, mezclando inglés con algo de español, sin mucha suerte- un pequeño grupo de atletas entre 8 y 12 años hizo un calentamiento y luego rotaron por los cuatro aparatos, con los entrenadores argentinos siguiéndolas de cerca y la mirada atenta de Landi y Simone, que siempre tenía una palabra de aliento o de felicitación.
Eran graciosas las reacciones de las más chiquitas cuando Biles se acercaba y les hablaba en inglés y les preguntaba cuál era su aparato preferido o si les gustaría llegar a unos Juegos Olímpicos -algunas no la entendían, pero igual asentían, sonriendo y embelesadas- o cuando les tocaba el brazo y les decía «¡Bien hecho!». Ni bien la norteamericana se alejaba un poquito, se las veían riendo, pegando saltitos de alegría y contándose entre ellas lo que habían vivido.
Foto Juano Tesone – CLARIN“Están haciendo todas un gran trabajo, son muy fuertes”, se asombró Biles al seguir de cerca los movimientos de las chicas. «¡Son tan lindas!», se la escuchó repetir cuando veía a las más pequeñitas esforzándose al máximo.
Durante ese tiempo, la gente en las tribunas fue actor secundario. Y mientras algunos seguían con atención lo que pasaba en el centro del estadio, otros asumieron el desafío de lograr que Simone girara su cabeza para mirarlos o saludarlos. Y cuando lo lograba y recibían un gesto con la mano o una sonrisa de la norteamericana, estallaba un ensordecedor griterío.
En el cierre, algunas de las gimnastas argentinas pudieron hacerles algunas preguntas a la estadounidense, que les contestó con mucho gusto y les dejó una reflexión para el futuro. «No siempre es fácil, pero lo importante es tener perseverancia, dedicación y trabajo duro. Y cuidar el cuerpo y la mente», les aconsejó.
Fue la mejor manera de bajarle el telón a un día histórico e inolvidable para la gimnasia argentina y para esas jóvenes atletas que disfrutaron de cerca a la enorme Simone Biles, una de las más grandes deportistas de la historia.
Biles, llena de regalos
Simone Biles les regaló una experiencia única a miles de gimnastas argentinas. Pero la mejor gimnasta argentina de la historia no se fue con las manos vacías de Parque Roca. Antes del arranque de la clínica, la estadounidense recibió la Llave del Parque Olímpico de manos de Jorge Macri, Jefe de Gobierno porteño, y de Fabián Turnes, Secretario de Deportes de la ciudad.
Foto Juano Tesone – CLARINTambién le presentaron una camiseta del seleccionado argentino de fútbol con el número 10 y su nombre en la espalda -hubo también una para su entrenador Laurent Landi– y otra de la Confederación Argentina de Gimnasia.
“Es un honor recibir a Simone en Buenos Aires. Lo que se generó, nos superó a todos”, aseguró Macri.
“La historia de Simone inspira a millones de jóvenes y recibirla en el marco de Buenos Aires como Capital Mundial del Deporte nos impulsa a seguir promoviendo los valores del esfuerzo y la inclusión a través del deporte”, comentó Turnes.
“Gracias por recibirme”, dijo la estadounidense emocionada. “No esperaba que hubiera tantas personas coreando mi nombre aquí. Es tan dulce. ¡Gracias!”, agregó.
Antes del final del evento, además le entregaron regalos de parte de la Federación Metropolitana y la Confederación Argentina de Gimnasia: una campera del seleccionado nacional y una bolsa de una conocida cadena de cafetería y alfajores. Y las atletas argentinas la despidieron con una coreografía, para agradecerle por la visita y por su calidez y simpatía.
Y ella les devolvió el cariño con un adiós en español, que generó una última ovación: «Gracias, Buenos Aires».










