En la Sala del Lago, la central del museo Malba Puertos, ubicado en Escobar, hay clima de inauguración. A las exposiciones ya abiertas en el Malba, bajo el paraguas de la celebración de los 25 años de existencia, se suma desde esta semana Metamorfo. Continuidad y transformación en la Colección Malba–Costantini, una muestra de 50 piezas, de las cuales aproximadamente diez no habían sido exhibidas antes. La exposición permanecerá hasta el 30 de agosto de 2026.
Malba Puertos, cuya coordinadora es Eleonora Jaureguiberry, se presenta como un recorrido disfrutable, de cara a la Semana Santa, cuando el pesado clima otoñal invita a huir de la Ciudad de Buenos Aires.
El dato adicional es que, dado que el público de Malba Puertos no es habitual de museos y valora las actividades vinculadas con las muestras, Metamorfo se completa con talleres vinculados con las obras expuestas, que enriquecen la visita. De esto habló Eleonora Jaureguiberry al comenzar la recorrida de prensa.
Alejandra Aguado es la curadora de Metamorfo. Durante el recorrido pudimos apreciar, en el montaje, el modo en que los artistas han hecho visibles la naturaleza del cambio y la transformación. En el primer espacio de la Sala del Lago, la reconocida obra “Rompecabezas” (1969), de Jorge de la Vega, ofrece múltiples posibilidades de combinación y es punto central del conjunto exhibido.
Curioso es que, habiéndose expuesto en el Malba con 15 paneles, tal como se observa en el catálogo de Tercer Ojo, la mega exposición de obras de la Colección Malba-Costantini que cierra el 5 de este mes, en la expo de Malba Puertos solo se han colgado once paneles de los 17 que tiene la Colección. Otros paneles, hasta completar la totalidad de la potente obra de De la Vega, están dispersos en otras colecciones privadas y en la Pinacoteca de la Subsecretaría de Cultura de Misiones.
Trama con lentes cóncavos. Rogelio Polesello. Foto: Carlos Furman, gentileza Malba Puerto.Un recorrido dinámico
Las piezas incluidas en la exposición son obras producidas entre el siglo pasado y el actual, donde crece la distorsión y la densidad de las formas que provocan una sensación de movimiento permanente.
Metamorfo dialoga con las esculturas en el espacio público y la instalación de Paula Castro en la plaza seca al costado de la Sala del Lago. Titulada “Jugar las pinturas. Una propuesta lúdica para Puertos”, la instalación, formada por distintos juegos, está inspirada en obras de la Colección Malba-Costantini.
Los artistas representados en Metamorfo son de muy diversos estilos y orígenes. Muchos de ellos son consagrados. Pero todos revelan una fuerza única en sus obras, lo que pone en juego la imaginación y la trama de materia y energía que despliegan.
En su texto curatorial en ese primer espacio, Alejandra Aguado destaca que las más de 50 obras del acervo, tanto del Malba como de Eduardo Costantini, incluyen fotografías, dibujos, collages, pinturas, grabados, esculturas, videos que buscan evidenciar “esa fuerza contenida en los objetos, los espacios y las personas, y el estado de interconexión y desplazamiento en que nos sitúa”.
La curadora subraya que, entre otras tendencias, el conjunto de obras expuestas revela “procesos físicos o emocionales, estados de la materia o de la conciencia, y episodios biológicos o existenciales” que surgen de un diálogo con el surrealismo, con el informalismo, con el pop, el arte conceptual y las prácticas efímeras y performáticas de los años 70”.
En el sector “Transiciones radicales”, prevalecen los trabajos de León Ferrari, Clorindo Testa, Tomás Spina. Foto: Carlos Furman, gentileza Malba Puerto.Junto a Jorge de la Vega, hay obras de Marcelo Pombo y Edgardo Giménez, y se luce “Radiografía paranoica”, de Juan Batlle Planas, de 1936, que agrupa pequeñas figuras sin ideas preconcebidas en tintas sobre papel. Del fotógrafo ruso argentino Anatole Saderman se presentan, junto a la obra que marca el espacio –el “Rompecabezas”–, seis imágenes en blanco y negro.
Hay para agregar la obra de Mildred Burton, “Florindo Rosas II (el padre)”, de la década del 70, con sus fantásticas visiones inspiradas en el Litoral. En ese vínculo ambivalente con la naturaleza, la artista realizó series donde se cruzan los violentos hechos de esa década y su exuberante imaginación.
En el segundo espacio de la Sala aparece una instalación preponderante. Titulada “Mobile #3”, de la serie “The rise of the butterflies, fue creada por la artista cubana María Magdalena Campos Pons, en acero inoxidable y cristal de Murano.
la reconocida obra “Rompecabezas” (1969), de Jorge de la Vega, ofrece múltiples posibilidades de combinación y es punto central del conjunto exhibido. Foto: Carlos Furman, gentileza Malba Puerto.Con el título abarcativo de “Paisajes activos”, el texto de sala señala que el paisaje está pensado aquí como un campo de fuerzas. Y cita particularmente la obra temprana del surrealista Roberto Matta, artista chileno, de quien se expone “La composición con tonos verdes”, de 1939, cuya sintonía con los trabajos de Ana Mendieta, Mónica Girón, el paraguayo Feliciano Centurión y Juana Butler, entre otros, es total.
Seguimos el recorrido rumbo a “Transiciones radicales”, donde prevalecen los trabajos de León Ferrari, Clorindo Testa, Tomás Spina, pero destaca particularmente la pieza de la cubana Belkis Ayón (“Desobediencia”, de 1998). Interesante descripción la de esta colografía que refleja el trabajo de la artista en torno a la Fraternidad Religiosa y Secreta Abakuá, surgida en su país, a partir del mito de Sikán.
En la obra, un gran remolino, las figuras arrebatadas y las pieles cubiertas de escamas, como la de un pez, funcionan como símbolos de una transformación que la marcó como persona y como artista.
La obra de Clorindo Testa, “Pintura o Círculo negro”, de 1963, colgada en la expo de Malba Puertos, fue parte de su envío a la II Bienal Americana de Arte, evento internacional realizado en Córdoba. La pintura evoca el abismo y la crisis existencial de la humanidad. Como si el gran Testa la hubiera creado ayer nomás.
Instalación de Paula Castro titulada “Jugar las pinturas. Una propuesta lúdica para Puertos”, formada por distintos juegos, está inspirada en obras de la Colección Malba-Costantini. Foto: Carlos Furman, gentileza Malba Puerto.En blanco y negro
La recorrida continúa en el espacio “Disolución y continuidad”, con obras más abstractas y conceptuales, en colores neutros, con piezas de fuerte presencia como las de Rogelio Polesello, Aldo Paparella, Liliana Porter y Zilia Sánchez, entre otros. Su pieza, “Mujer”, de la serie “El silencio de Eros”, creada en 1965, es un acrílico sobre tela cuyo relieve acerca la pintura a la escultura y la vuelve corpórea.
La selección de nombres y de obras descriptas es a título meramente ilustrativo para que el lector tenga una aproximación a obras de las que se extraen un sinfín de reflexiones de índole emocional, existencial, política y social. El arte no es ornamental ni ingenuo. Dice mucho de su tiempo y del tiempo que vivimos, por eso es siempre oportuno acercarse a las colecciones que construyen una diversidad de lecturas.
“Mobile #3”, de la serie “The rise of the butterflies, fue creada por la artista cubana María Magdalena Campos Pons, en acero inoxidable y cristal de Murano. Foto: Carlos Furman, gentileza Malba Puerto.Al referirse a una entrevista a Víctor Grippo, la curadora Alejandra Aguado señala en su texto que cada obra de la expo “proyecta un encuentro con la capacidad imaginativa y plástica de los artistas que hicieron lugar a deseos, temores, dolor, agitación o esperanza”, lo que genera “esa energía que nos vuelve dinámicos e imprevisibles, y que conecta cuerpos y universos”.
Dicho de otro modo, mientras capturan un momento de un proceso extenso y dinámico, los artistas nos proponen imaginar de dónde vienen y hacia dónde van, acercando pasado, presente y futuro.
No somos nunca los mismos. Y esa metamorfosis es condición de nuestra existencia, pero también es oportunidad.










