Se suponía un domingo feliz, después de que su hermano Jaime se viralizase a mediodía con un puntazo —y a posteriori, con el trofeo del challenger sub-15 de Murcia— y de que Miami, traicionera ella, regalase una jornada de espléndido sol. Sin embargo, todo empezó a torcerse a media tarde con un desagradable aperitivo: cayó el madrileño Rafael Jódar ante Tomás Martín Etcheverry como anticipo (7-5 y 6-4, en 1h 50m) y luego, en forma de terremoto, se constató la salida prematura de Carlos Alcaraz, eliminado por Sebastian Korda en la tercera ronda (6-3, 5-7 y 6-4, en 2h 18m). Como ya sucediera un año antes, el español enfila la puerta de salida demasiado pronto.
Durante más de una hora, la inercia lineal del partido y el tono monocorde impuesto por Korda van arrastrando a Alcaraz, deslucido entre el cloroformo. Sin chispa, aletargado, a remolque. Por momentos, muy negativo: “Me voy a casa, me voy a casa… Como mucho puedo hacer un 6-3 y 6-4, o un 6-3 y 7-5… ¡Más no puedo!”, se dirige a los miembros de su banquillo. El estadounidense está bordándolo y compite sin desviar la mirada, todo el rato en línea recta e imperturbable. Quizá, ahí reside el secreto: en no pensar demasiado en quién está enfrente. De lo contrario, sucede lo que sucede. Hasta ahí, un tenista impecable; poco más adelante, un escenario muy diferente.
Korda (25 años y 36º del mundo) es un excelente jugador al que las lesiones han perjudicado sobremanera. No le ha sonreído la fortuna desde el plano físico, desde luego, del mismo modo que su personalidad —tan sumamente neutra, tan excesivamente contenida— también viene jugándole una mala pasada. La frialdad contribuye a que aborde partidos de este calibre sin aparentes exigencias, con mucha templanza, sin ninguna urgencia; pero, al mismo tiempo, todo ese hieratismo hace que en ocasiones no prenda esa llamarada tan necesaria y que el mecanismo se trabe. A la hora de la verdad, la rectitud se transforma en angustia. Domina y sirve para ganar, break arriba en el segundo, pero se encasquilla.
“¡Tírale el órdago!”, sugiere Samuel López al murciano, que no lo ve nada claro y no consigue dar con el ritmo. No disfruta Alcaraz, sencillamente. Aun así, salva primero un potencial 1-4 y luego, adivinando esos temblores del adversario, consigue sortear una situación todavía más terminal. 5-4 y saque para el local, al que en un santiamén le cambia el rostro. Impoluto e ilegible hasta ahí, con una variedad y una técnica exquisitas, el brazo y la mente de Korda experimenten una repentina asincronía y proceden de manera independiente. A la voluntad no le sigue la ejecución y, a fin de cuentas, ambas desfallecen al compás. No es la primera vez.
En sentido inverso, cuando peor pintaba la cosa la cabeza dura del español coge las riendas y le guía. Adonde no llega su cuerpo, le empuja el espíritu. Se le ve fatigado, pero se saca de la chistera un globo espectacular y, obediente, remando y remando pese a que no transmita las mejores sensaciones, atiende la demanda de su técnico: “¡No te canses de coger olas!”. “¡Sigue, sigue! ¡Echa la llave!”. El estadounidense cede el servicio en blanco y a continuación se diluye. Se bloquea. Estupefacto, clavado. Va tragándoselo la tierra poco a poco y la concatenación de errores conduce el pulso hacia un tercer parcial de nuevo engañoso. Tarde de trilerismo en Miami.
Todo conduce a pensar que Alcaraz terminará llevándoselo. Sería lo lógico. Y quizá no tanto por una cuestión de juego como de naturaleza. Sobre ese escenario oscilante e invertido, de más a menos uno y ascendente el otro, el de El Palmar tiende a ser expansivo y su rival suele decrecer. Sin embargo, todo es un trampantojo. Pese al arreón, el número uno en ningún instante termina de encontrarse del todo cómodo. Y el tenis, caprichoso él, expone a Korda a lo maquiavélico: de nuevo, una tortura. Lo retorcido: otra vez, 5-4 arriba y saque para ganar. ¿Segundo tembleque? No. En esta ocasión es diferente. Se sostiene. Hubiera sido demasiado cruel. Vence, porque simplemente lo merecía.
Carlos Alcaraz
vs
Sebastian Korda
Sets:
dentro/totales
76/101
75%
dentro/totales
39/101
38%









