El Valencia protagonizó una de esas remontadas que se recordarán durante años. El equipo de Carlos Corberán perdía 1-2 ante el Alavés en el minuto 89 y Mestalla lloraba ya otro traspié que volvía a enredarle en el descenso. Esta vez, además, tenía el aroma de los partidos injustos después de ver los mejores minutos del conjunto blanquinegro. Hasta que llegó la reacción en esos momentos en los que la ambición y el orgullo pesan más que el juego. No perdió la fe el Valencia y su premio llegó con un tanto de Cömert y un penalti transformado por Hugo Duro cuando ya pasaban nueve minutos de la prolongación. El éxtasis para una afición tan poco habituada a las alegrías que la festejó a lo grande.
3
Stole Dimitrievski, Thierry Correia (Dani Raba, min. 81), Unai Núñez, José Gayà, Eray Cömert, Largie Ramazani (Diego López, min. 81), Javi Guerra (André Almeida, min. 81), Guido Rodríguez, Filip Ugrinic (Hugo Duro, min. 73), Luis Rioja (Arnaut Danjuma, min. 69) y Umar Sadiq
2

Antonio Sivera, Jon Pacheco, Jonny, Nahuel Tenaglia, Carlos Protesoni (Youssef Enríquez, min. 29), Jon Guridi (Denis Suárez, min. 67), Carles Aleñá (Ander Guevara, min. 67), Ángel Pérez, Antonio Blanco, Toni Martínez (Mariano Díaz, min. 83) y Lucas Boyé
Goles
0-1 min. 2: Lucas Boyé. 1-1 min. 46: Javi Guerra. 1-2 min. 70: Lucas Boyé. 2-2 min. 89: Eray Cömert. 3-2 min. 98: Hugo Duro
Arbitro José Luis Guzmán Mansilla
Tarjetas amarillas
Ramazani (min. 16), Guridi (min. 35), Yusi (min. 42), Jon Pacheco (min. 57), Ander Guevara (min. 91)
Tarjetas rojas
Ander Guevara (min. 95), Jon Pacheco (min. 96)
La falta de Guido a Toni Martínez dentro del área cuando el partido acababa de despertar condicionó toda la primera mitad. El tanto de penalti de Boyé fue un regalo para un Alavés que encuentra un tesoro en cada gol. Verse en Mestalla, ante un rival directo, en ventaja nada más empezar, fue una bendición para el grupo de un aplaudido Quique Sánchez. Aunque el Valencia reaccionó con personalidad, intensidad y buen manejo del balón. El equipo de Carlos Corberán pisó el área mucho más que en los últimos partidos, aunque solía diluirse en los pies del siempre desconcertante Umar Sadiq, un jugador que a ratos se pega con el central y a ratos consigo mismo. Un delantero diferente que, una vez más, acabó encumbrado por sus incondicionales. Ramazani, liberado por la continuidad que le da su entrenador, es ahora un extremo mucho más desequilibrante e imprevisible que enriquece los ataques de su equipo.
El Valencia, bien asentado por la seguridad que le dan Dimitrievski en la portería y la pareja de centrales que forman Unai Núñez y Cömert, es ahora un conjunto que, con Ugrinic, Javi Guerra y Guido en el eje, tiene más salida y repertorio. Suficiente para encajonar al Alavés en su área, que lanzaba algunos zarpazos peligrosos, sobre todo por la banda derecha, donde Javi Martínez tenía la orden de aprovechar el espacio que deja Gayá por sus debilidades y su querencia al juego de ataque. Quique Sánchez Flores, que volvía a Mestalla, su casa, un obsequio para los nostálgicos que apreciaban a aquel lateral con tanta clase, sabía que ahí había una puerta de entrada hacia la portería.
La resistencia del Alavés en la primera mitad se derrumbó en poco más de un minuto, lo que tardó en empatar Javi Guerra después de la asistencia de un generoso Sadiq. Sivera evitó el segundo tanto al desviar un gran disparo de Ramazani poco después. El Alavés apenas podía contener a un Valencia que, iluminado por el faro que es Ugrinic, con Javi Guerra agigantado por su gol, desplegaba su mejor versión del curso.
El técnico del Alavés necesitaba hacer algo y optó por renovar su centro del campo para retener algo más el balón, que era propiedad del oponente. Aunque el golpe de timón llegó con el remate de cabeza de Lucas Boyé en un saque de esquina. El delantero argentino sacudió al Valencia, hundido una semana más por una jugada a balón parado. Una flaqueza de esta temporada. Mestalla enmudeció y al conjunto blanquinegro se le fundieron los plomos. La sombra del descenso volvía a proyectarse sobre este Valencia reincidente.
Cambios revitalizantes
Corberán realizó tres cambios para revitalizar a su equipo. Necesitaba aire para levantar a un once demasiado lánguido. Una inyección de energía que se contagió entre los valencianistas, que se lanzaron como podían a por la meta de Sivera. El Valencia se volcó. No tenía nada que perder y la sombra del descenso volvía a asomar. El gol de Cömert salvaba la noche. Mestalla casi que lo daba por bueno. Pero el Valencia, con un amor propio que llevaba reclamando la grada desde hace meses, quería más. Necesitaba más para acabar de una vez por todas con los miedos y la amenaza de los puestos malditos.
El Valencia atacaba por impulsos. Centros y más centros al área. Monedas al aire que siempre salían cruz. Daba igual. Esta noche daba igual porque el Valencia era un equipo con orgullo que creía en la victoria e iba de frente a por ella. En uno de esos balones bombeados fue derribado Hugo Duro. Penalti. Después de la revisión, más tensión en una noche loca, el delantero madrileño redondeó una noche memorable. Una victoria que alimentó el alma de una afición que sufre jornada tras jornada.









