“Mi modo de escribir es mi manera de estar en el mundo”

“Mi modo de escribir es mi manera de estar en el mundo”


Dice la norteamericana Shirley Jackson en la novela de terror La maldición de Hill House: “Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo durante mucho tiempo en condiciones de realidad absoluta”. Esta es una frase que leyó el escritor Luis Sagasti (1963) y se convirtió en el anzuelo –y el detonante– que lo llevó hacia su más reciente libro publicado La realidad absoluta (Eterna cadencia).

Se trata de un volumen de textos interconectados donde las historias, con iguales porciones de imaginación y de no ficción dialogando con naturalidad, que llevan a considerar qué es la realidad (¿lo que vemos? ¿lo que sentimos? ¿que nos atraviesa como un rayo?) y cuándo podría considerarse absoluta (¿es una forma de focalización total o una imposibilidad ontológica?).

Llevados adelante con una prosa que puede considerarse poética y sumamente atractiva, La realidad absoluta se mueve en un territorio híbrido (¿es una novela? ¿son cuentos? ¿importa?) con el que Sagasti viene educando a sus lectores en una obra cada vez más vasta que incluye novelas como Maelstrom, ensayos como «Por qué escuchamos a Led Zeppelin» y rarezas como «Leyden Ltd.» (un libro hecho solo de notas al pie).

Ahora mismo dice desde Bahía Blanca: “Nunca me imagino escribiendo como un escritor, yo me imagino como un músico”. Esto nos puede dar una pista de un método: Sagasti abre le juego siempre, deja que entren las referencias culturales, los hechos microscópicos de la historia grande y también deja que ingrese la deriva de la mente. Pero siempre prestando atención a la materia prima: el lenguaje.

Cuenta: “Quienes me han inspirado a escribir de otra manera son todos mis amigos poetas: Mario Ortiz, Sergio Raimondi, Omar Chauvié, Marcelo Díaz, entre otros. Y tienen un manejo del lenguaje tremendo, independientemente de si te gusta o no la poesía. Son personas que saben escribir en serio. Ellos me han dado cierta inspiración. No me interesa solo contar algo sino que esté medianamente bien contado.”

Una voz única

La realidad absoluta es un texto que viene a confirmar la presencia de una voz única, pero donde podemos ver rasgos o cercanías estéticas con Rodrigo Fresán, Luis Chitarroni, Alejandra Kamiya, entre otros. Es así como podemos verlo como un eslabón en una obra que ensancha sus posibilidades de expansión y crecimiento.

Sagasti, vía meet, mira sus últimos libros y se arriesga a una lectura: “Puede haber una trilogía entre Bellas artes, Una ofrenda musical y Lenguas vivas que te resuenan bastante. En el medio está Maelstrom, con una trama que me gusta mucho. Y, por otra parte, esa rareza absoluta que es Leyden Ltd. En cambio, La realidad absoluta y lo que estoy escribiendo tienen párrafos más largos, no tienen tanto aire, no hay tanto punto y aparte. La musicalidad es otra, si se quiere. Yo los veo distinto del resto. Pero son matices nada más. Hay una respiración nueva, una deriva distinta, clara. Lo veo. Y no son cambios forzados.”

En un encuentro virtual con Clarín, Sagasti habla de su último texto pero también de por qué se escribe como se vive.

–El concepto de realidad parece estar en el centro de la escena discursiva en este momento histórico.

–La presencia e insistencia de ciertas palabras creo que pueden constituir un indicativo de la cultura. Por ejemplo, cuando yo iba a universidad la palabra “privado” no se usaba mucho porque lo único que vos tenías público era el número de documento y todo lo demás era privado. Hoy usás la palabra privado porque todo lo que acontece es público. Con el término realidad sucede algo semejante. El cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” de Borges, en ese sentido, es profético. De algún modo eso aparece también en “Casa tomada” de Cortazar, un Tlön en chiquitito. No digo que no están tomando la casa ni nada parecido porque también es nuestra casa. De modo que hoy hablar de realidad virtual es referirse a algo absolutamente concreto a la hora de definir nuestros estados de ánimo, nuestras apetencias, temores, deseos. Ya no hay dos realidades, la virtual y la que está afuera de internet, sino que hay una sola que se está transfigurando. Todo lo que era antes un artificio ya no lo es. Yo ahora tengo 62 años y para mi generación es un problema porque tenemos un pie en cada lado: en un mundo que no termina de morir y otro mundo que tratamos de comprender. Estamos viendo cómo nos adaptamos a esto. El país de Mafalda no existe más. A nuestra generación se nos dificulta saber qué es lo real. De todas maneras, los chicos tienen claro qué es lo real. Y los más grandes también lo saben.

–Leyendo estos textos da la sensación de que la realidad absoluta termina siendo solo una fracción de realidad a la que pueden acceder estos personajes del libro. ¿Dónde se originan estos textos?

–Todo empezó cuando leí la frase extraordinaria de Shirley Jackson que constituye el epígrafe. Me pregunté qué será la realidad absoluta. Uno puede imaginar a un bebé recién nacido al que dejás ahí y la madre no lo toca. Bueno, eso es la realidad absoluta. Una realidad que no tiene ningún amparo, no tiene sostén, no es ni buena ni mala, es la crudeza absoluta. Puede ser también algo placentero. La realidad absoluta puede ser un estado donde no tenés ningún colchón religioso, metafísico, afectivo que te acomode lo que están experimentando. Hablo de un estado de enamoramiento que es pura llama y lo único que te importa es la otra persona. La realidad absoluta también puede ser estar en medio de un bombardeo o están en una batalla o te están persiguiendo por algo o desaparecieron tus hijos. Ahí experimentás una realidad donde no hay cobijo. Me interesó ir por ese lado. Yo no escribo de manera lineal, es más bien como hacer una pintura donde se suman capas. Llego a un todo pero adonde no se llega de manera lineal.

–Las historias de este libro conjugan elementos de ficción con hechos de la realidad. ¿Estos hechos buscás o son piezas con las que te encontrás de casualidad y luego van a parar al libro?

–Siempre que quise buscar algo no encontré nada. Pero uno encuentra porque tenés la cabeza puesta en determinado estado creativo, que todo el mundo lo tiene. Todos mis sentidos están puestos en esas cosas cuando estoy escribiendo algo. Siempre encontrás algo cuando tirás la red al agua. La mayoría son mojarritas y cornalitos que no alimentan. Hasta que aparece algún pejerrey que uno saca del agua. También sucede que encuentro cuando alguien dice algo o me cuenta. Son pequeñas cositas que aparecen en el camino y empiezo a tirar de ese hilo a ver si hay más. Muchas veces tirás y no hay nada. Se trata de no forzar las cosas, hay que ser medio taoista: hacer sin hacer.

–En tu escritura hay algo derivativo. Una cosa lleva a la otra y eso a veces funciona como disposición de materiales para que el lector, al final, pueda unir lo que hay y crear un sentido. ¿Te interesa ese tipo de diálogo?

–No me interesa ser muy explícito. Un pecado mortal es la redundancia o el subrayado. Por otro lado tenés el temor de que nadie lo que querés hacer. Creo que el equilibrio es dejar las cosas resonando. Dejar una cosa por acá, otra por allá y ver si eso va generando un campo magnético. Me interesa ofrecerle al lector ciertos ecos, ciertas reverberancias donde él pueda encontrar un sentido si es que lo hay.

–Hay muchos datos de cultura general resonando en estos textos. Pero siempre te ocupás de que tengan una función narrativa y que incluso generen algo en relación a lo emotivo y no queden como pura exhibición. ¿De qué forma abordás eso?

–Acaso tenga que ver con el hecho de que soy docente. Cuando vos sos docente querés enseñar algo pero debés ocultar el hecho de que estás enseñando algo, es decir: el exceso de didactismo. El tono didáctico no tiene que estar, y tampoco la exhibición de conocimiento. Estos prejuicios, en el buen sentido, me llevan a mí a tratar de ser claro en las cosas que escribo, si puedo serlo, y no ser muy didáctico. No tengo ningún lector en mente. El texto se tiene que sostener solo, si a alguno le gusta, está bien, y si a otros no le gusta también está perfecto. En relación a la emoción, trato de reprimirla. Todos somos naturalmente emocionales, no trato de que eso sea evidente en mis textos. No me gusta adjetivar demasiado, trato de cuidarme con eso. Por eso cuando escribo el trabajo es palabra por palabra.

–Pensando en que te gusta tanto la música se puede considerar la secuencia de los textos del libro como el armado de la lista de temas de un recital.

–Es lo que más me gusta esa parte del armado de un libro. Lo veo así: un grupo de música decidiendo qué tema va primero, qué tema va después y qué función tienen los temas ahí. Pero eso también me pasa adentro de los textos, qué párrafo va primero y cuál va después. Lo importante es que todo resuene. Son estrategias de montaje muy conscientes.

La realidad absoluta, de Luis Sagasti (Eterna Cadencia). Foto: gentileza.

–¿Te interesa que la escritura evolucione?

–A veces creo que sí. Si uno se copia a sí mismo, decía Hitchcock, eso se llama estilo. También copiarte a vos mismo, cuando a veces es forzado, no me parece genuino, válido,. Por otra parte, ser siempre original o vanguardista también suena forzado. La escritura, como cualquier arte, tiene que ser reflejo de tu estar en el mundo, de tu manera de conectarte con las cosas. Si estás anquilosado supongo que así será tu arte. En cambio, si estás en un proceso de aprendizaje o evolución o de no quedarte en la comodidad de ciertos sillones naturalmente se verá reflejado en lo que hacés. Mi modo de escribir es mi manera de estar en el mundo. Yo doy clases como escribo, por ser específico.

Luis Sagasti básico

  • Nació en Bahía Blanca en 1963, es profesor de historia, crítico de arte y escritor.
  • Su primera novela fue El canon de Leipzig (1999), y también publicó Los mares de la Luna (2006), Bellas artes (2011), Maelstrom (2015), Una ofrenda musical (2017) -por la que obtuvo el Segundo Premio Nacional de Literatura-, Leyden Ltd. (2019) y Lenguas vivas (2023).
  • También publicó los ensayos Perdidos en el espacio (2011), Cybertlön (2018) y Por qué escuchamos a Led Zeppelin (2019), además del relato «El arte de la fuga» (2016).
  • En el año 2010, obtuvo una beca de la Fundación Apexart Residency Program para una estadía en Nueva York y está nominado el Premio Konex 2024 Letras – Novela, Período 2018-2020.
  • Ha participado en distintas películas en papeles secundarios como «Permitidos, «Vino para robar», «El gerente» y «Bahía Blanca». Participó en la realización de El libro de las diez mil cosas, presentado en la Documenta XII de Kassel, 2022.

La realidad absoluta, de Luis Sagasti (Eterna Cadencia) será presentado el jueves 12 de marzo a las 19 en la Librería Eterna Cadencia (Honduras 5582) con Alejandra Kamiya y Leticia Obeid.

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