El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, mantuvo este sábado un encuentro con la delegación de Irán en Islamabad, con el propósito de avanzar hacia un entendimiento que ponga fin al conflicto que también involucra a Israel y a los países del Golfo Pérsico. Ambas partes realizaron dos instancias de diálogo en las que, tanto la administración Trump como la comitiva iraní, señalaron «avances» y tienen previsto continuar las conversaciones este domingo.
Durante la jornada, dos ejes generaron fricciones y versiones contrapuestas: la presencia de un buque estadounidense en el Estrecho de Ormuz y la liberación de activos iraníes retenidos en Qatar.
El Estrecho de Ormuz, en el centro de la disputa
No obstante, el aspecto más delicado —el dominio del Estrecho de Ormuz— continúa sin avances. Según el Hormuz Strait Monitor, en las últimas 24 horas, sólo doce buques cruzaron este corredor estratégico, por donde fluye cerca del 25% del petróleo global y el 20% del Gas Natural Licuado (GNL). De las doce embarcaciones, siete estaban vacías.
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A ese escenario se suma la presencia de centenares de barcos en la zona, entre ellos 426 petroleros, 34 unidades destinadas al transporte de gas licuado de petróleo y 19 buques de GNL.
A pesar de la tensión, el precio del crudo se estabilizó este viernes en torno a los 100 dólares por barril, aunque los mercados continúan bajo vigilancia por un motivo financiero: el cobro de peaje para atravesar el Estrecho.

Donald Trump advirtió a Teherán —sin éxito hasta el momento— que no imponga los dos millones de dólares de peaje que se está cobrando para que las embarcaciones atraviesen el corredor. La Guardia Revolucionaria iraní, por su parte, estableció un camino alternativo para la navegación, cercano a la isla de Larak, ante el riesgo de minas marítimas estadounidenses en las rutas habituales.
Líbano y las condiciones de Irán en la negociación
Otro frente sensible se vincula con la situación en Líbano. La delegación iraní, liderada por el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, planteó que las principales condiciones de Teherán incluyen la implementación de un “alto el fuego real”, que abarque no solo su territorio sino también áreas como Líbano, y que se contemplen mecanismos estrictos de supervisión ante posibles incumplimientos.
Qalibaf evitó no se mostró optimista en la antesala de las dos rondas de diálogo celebradas este sábado. Ante medios de su país sostuvo que Irán “tiene buena voluntad, pero desconfía” de Estados Unidos. Y agregó: «Desgraciadamente, nuestra experiencia de negociar con los estadounidenses siempre se ha enfrentado al fracaso y al incumplimiento”.

En este contexto, Pakistán hace equilibrio entre ambas potencias: canaliza propuestas entre Teherán y Washington mediante un esquema indirecto que apunta a lograr la escurridiza tregua real y revertir seis semanas de ofensivas cruzadas en Oriente Medio.
La estrategia iraní y su capacidad militar
Una de las figuras más visibles del gobierno de Irán, ministro de Exteriores Seyed Abbas Araghchi, había señalado el 1 de marzo —un día después del inicio de la nueva ofensiva coordinada de Estados Unidos e Israel contra objetivos militares iraníes— que su país contó con dos décadas para “estudiar las derrotas del ejército estadounidense” y extraer enseñanzas.

Araghchi sostuvo que los bombardeos no afectarían la capacidad de Irán para sostener el conflicto en los términos que defina Teherán. Para fundamentar esa posición, utilizó el concepto de “defensa en mosaico descentralizada”.
Tras casi seis semanas de enfrentamientos, con al menos 11 altos mandos de su Guardia Revolucionaria muertos y ataques diarios contra sus sistemas de misiles, drones, fuerzas navales e infraestructura defensiva, Teherán conserva capacidad operativa para continuar con ofensivas contra Israel y otros países del Golfo. Araghchi no estaba tan errado.
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