ni el equipo ni Gallardo dan señales de una posible recuperación

ni el equipo ni Gallardo dan señales de una posible recuperación

River perdió algo más que seis de los últimos siete partidos que jugó. River perdió mucho más que un encuentro en el Monumental ante Sarmiento. River perdió su identidad. Y transita una profunda crisis futbolística, de la que no se sabe cómo podrá salir porque ni el equipo ni Marcelo Gallardo dan hasta el momento señales de una posible recuperación.

River es hoy un alma en pena que da lástima en la cancha. No se sabe a qué juega, no contagia, no motiva, es apático y sufre derrotas históricas e insólitas como las del domingo ante Sarmiento o la de hace dos semanas contra Riestra, ambas en el Monumental. No tiene reacción ni rumbo.

¿Cómo llegó River a este momento? Es la pregunta que se hacen todos y puede haber varias respuestas para explicarlo pero hay una en la que se coincide: la falta de identidad. Es que, más allá de los 14 títulos que ganó en el primer ciclo del Muñeco, de las dos Libertadores, de los triunfos resonantes ante Boca, aquellos equipos alcanzaron la gloria a partir de tener un sello propio.

Y este segundo ciclo de Gallardo es la antítesis del primero, el cual finalizó justamente un 13 de octubre pero de hace tres años después de ocho temporadas y media exitosas. No posee nada del otro. No presiona, no tiene intensidad, no hay juego, no cuenta con gol, no defiende bien y, para colmo, ahora no lo salva Franco Armani. Y lo peor de todo: se acostumbró a perder. Son dos caras de la misma moneda. Porque en ambos casos el técnico es Gallardo, que en estos momentos parece perdido y no encuentra respuestas desde el banco de suplentes.

Ahora, si no es el hombre de la estatua el que puede revertir esta situación, ¿quién podrá hacerlo? Ese es el interrogante existencial que domina a Núñez por estas horas y por el que creen que es el Muñeco es el único que puede sostener con su espalda esta situación y darla vuelta en algún momento. Pero, ¿dónde está el límite? El Monumental explotó el domingo con insultos en continuado para los jugadores y ya se oyen, por lo bajo, cada vez más cuestionamientos al entrenador.

El tema es que Gallardo se hizo cargo de todo lo futbolístico y tuvo la billetera abierta para incorporar y armar el plantel que él quisiera o considerara más oportuno. Sin embargo, después de tres mercados de pases, no logró cambiar nada. Y el plantel sigue desequilibrado (más allá de las bajas por lesiones), sobre todo en la mitad de la cancha. Incluso, el domingo jugó sin un “5” natural.

Tan complejo es el momento de River que peligra seriamente la clasificación a la Copa Libertadores 2026. Si no entra, de hecho, se cortaría un período que acumula once participaciones consecutivas en el máximo torneo continental, además de las pérdidas millonarias por mirarla por TV.

En la Copa Argentina puede haber un salvoconducto ya que River está a dos partidos de ganarla y lograr no solo el primer título de este ciclo del Muñeco, sino también el pasaje a la Libertadores. Pero, el equipo no da garantías de que pueda hacerlo. La victoria sobre Racing, la única en el último mes, fue solo un placebo. Se viene en las semifinales Independiente Rivadavia de Mendoza -el viernes 24 en Córdoba-. Nada es fácil para River.

De todos modos, el Muñeco, más allá de reconocer el feo momento por el que atraviesa su equipo, confía en poder concretar los objetivos que todavía están por delante.

«Si bien no estamos bien, los objetivos siguen al alcance. Vamos a tener que hacer mucho mérito, pero siguen estando ahí», afirmó el entrenador, muy preocupado por el duro momento de River. Y agregó: «En estos dos meses de competencia, nos quedan dos partidos de Copa Argentina, de los cuales uno que te puede dar la posibilidad de la final, el torneo que estás ahí en la pelea y el clásico con Boca. Esos objetivos están por delante y ahí. Hay que asimilar el momento».

Y en referencia a los objetivos, Gallardo dejó una reflexión: “Yo me los pongo todo el tiempo, no vengo a vivir gratis acá. ¿Tengo una espalda gigante? No. Haber vivido lo que hemos vivido me identifica con la gente. Después, los objetivos… Uno no viene a vivir del pasado acá. Podía haber vivido del pasado en mi casa, disfrutando de la vida. No tengo problema en admitirlo: me gustan los desafíos. Mi desafío es permanente, como persona, entrenador, y eso me alimenta. Y por eso esta adversidad no me hace claudicar”.

Entre las urgencias que marca el calendario, la visita del sábado a Talleres (con la necesidad imperiosa de cortar esta racha de cuatro derrotas seguidas en el torneo) será la antesala a las semifinales de la Copa Argentina. Después, cerrará su participación en la fase regular del Clausura ante Gimnasia en el Monumental y contra Boca y Vélez, ambos como visitante. Son partidos que River los jugará con una máxima presión. Y que, aun sin contar con esa identidad que perdió, tendrá que dar la cara de algún modo para que la crisis no se lo lleve puesto.

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