“No existe una erótica del siglo XIX, mucho menos gay”

“No existe una erótica del siglo XIX, mucho menos gay”


Historia del auténtico niño barbado de la China (Blatt & Ríos) es la nueva novela de Daniel Tevini, autor también de La noche más polar (Ediciones Deldragón, 2003), con la que obtuvo el segundo premio del Fondo Nacional de las Artes, y de Arlteana (Ediciones Godot, 2007), finalista en el Tercer Concurso Internacional de Novela “Territorio de la Mancha” y de Fuimos (Editorial Conejos, 2018) entre otros libros y reconocimientos. El narrador es una criatura singular que llega al puerto de Buenos Aires a comienzos del siglo XIX, en una jaula, destinado a convertirse en atracción de feria. Pero logra escapar y mimetizarse –una de sus capacidades especiales, junto con la inmortalidad– con el entorno, atravesado por la violencia política de los tiempos de la Confederación rosista.

El escritor Daniel Tevini. Foto: redes sociales.

“Tiene un formato similar al de un libro de aventuras”, cuenta Tevini a Clarín. “También podría compararse con una novela de folletín por entregas: una acción sucede a otra otra en capítulos cortos, que cuando terminan invitan a seguir para saber qué pasa”.

Otra de las características de las novelas folletinescas en las que el autor reconoce haberse inspirado son los títulos que anuncian el tema a tratar en las siguientes páginas: “Lo ocurrido al regresar nuevamente a estas tierras”, “De cómo fue nuestra huida al Uruguay”, “Los hechos previos al combate y lo que presencié de aquella batalla”, son algunos ejemplos de los nombres de capítulos del libro, estructurado en base a las cartas que el narrador escribe a Rafael de Oresteaga, su amante y quien le brinda protección.

La historia argentina

“Me gustaba la idea de desafiarme con esos monstruos de la literatura que se han vuelto eternos como Drácula o Frankestein”, dice Tevini sobre la creación del personaje barbado. “Creo que ahí se me cruzaron los tantos y pensé en una figura que perdurara en la eternidad; en la cuestión literaria y eterno él mismo”.

Agrega que la idea original era llegar a través de la historia Argentina hasta la actualidad, pero al avanzar con la escritura y descubrir que había desarrollado apenas dos décadas en algo menos de cuatrocientas páginas desistió del plan inicial. “Entonces me propuse terminarlo con la fiebre amarilla, que fue un acontecimiento fuerte en nuestra historia. Mis compañeros del taller de escritura se entusiasmaban y especulaban con el personaje viviendo la llegada del peronismo, por ejemplo. Pero ya llevaba escritas demasiadas páginas”.

–¿Y no pensaste en mantener el personaje en una futura novela, que atraviese otras etapas históricas del país?

–Yo creo que no, una especie de Harry Potter de la historia argentina no haría. Escribir este libro me llevó tres años. Demandó un gran trabajo con el lenguaje, que va cambiando a medida que avanza el relato. Pasa por una especie de lenguaje de la conquista, la gauchesca, el siglo XIX. El barbado tiene su propio lenguaje en la Guerra del Paraguay, es todo un trabajo que se hace a la vez. La búsqueda del verosímil no es nada fácil, yo digo que es como una tarea de músico, es muy difícil ir encontrándolo y salir. Porque cuando me acostumbraba, por ejemplo, a la gauchesca, que sale por todos lados, después me preguntaba: ‘cómo hago ahora para salir de esto’. Lo mismo con el discurso de la locura: cuando él se vuelve loco se me ocurrió hacer una especie de tercera persona con la que él habla de los otros. Cuando sale de esa locura se produce como una ruptura, porque si no es imposible el verosímil. Esos pasajes no son nada fáciles. Parece, pero no lo son. De hecho, en algún momento me agoté de esa instancia, me fui a la parte de la guerra del Paraguay y después volví. En la guerra me tomé bastantes libertades; mezclo plazas reales con plazas que no existen, las invento yo. Iba mezclando los registros.

–¿Cómo fue la decisión de narrar en segunda persona?

–Hace muchos años leí un libro de Heinrich Heine, el poeta alemán, en el que cuenta unos viajes y le habla todo el tiempo a una señora, usa ese registro. Me encantó ese recurso y se me pegó para que él cuente su propia historia en forma de memorias al patrón, su pareja y amante. Me gustó también que él le habla en mayúscula; la palabra Señora estaba en mayúscula, es como si él se sintiera inferior. En principio se presta a la confusión de no saber si le está hablando a Dios o a quién. Me gustaba esa confusión, si bien el vínculo lo va armando el lector.

El barbado

Tevini cuenta que las características del personaje tan inusual que creó “fueron apareciendo” a medida que avanzaba con la novela. “Sabía que sería pelirrojo por el rojo punzó”, detalla, y agrega: “Para todo el trabajo con la temática sexual busqué términos de la época, que había muy pocos, casi nada, apenas unos edictos policiales del siglo XIX”. Se basó además en el libro Historia de la Homosexualidad en Argentina (Editorial Marea, 2004), de Osvaldo Bazán.

“Él cuenta que unos religiosos en la época de la conquista usaban en los escritos la palabra ‘putos’: decían ‘estos indios eran unos putos’, pero yo esa expresión no quise usarla porque me resultaba muy contemporánea. También se decía ‘maricón, manfloro o manfrodita”, que creo que debe ser un derivado de hermafrodita. En cuanto a las relaciones sexuales, si bien están descritas en forma lírica, pienso que funcionan porque lo que se describe es algo muy expuesto y obvio. Creo que esa tensión entre un relato tan lírico de actos tan burdos es lo que genera que funcione como erótica, que estos dos polos se tensen: hechos explícitos contados en forma lírica».

–¿Descubriste cosas nuevas de la novela después de haberla escrito?

–Yo digo que el inconsciente es más inteligente que el consciente, por expresarlo de alguna manera. Hay un momento en el que al barbado lo castigan en el matadero y se pone a cantar una canción en inglés, un área de la primera ópera inglesa (Dido y Eneas, de Henry Purcell). En la canción, Dido le está diciendo a Eneas todo el tiempo ‘recuérdame, recuérdame’. Y yo después de haberlo escrito descubrí que el pozo de la angustia de un ser eterno es que nadie lo va a recordar. Es tremendo. Pero me di cuenta después, no es que lo premedité. Es de esas cosas mágicas que suceden a veces, del inconsciente. Pasa también un poco con los padres, en un punto, cuando los vemos envejecer o perder las capacidades, el control de su vida.

–¿Y a partir de las devoluciones de los lectores?

–En una crítica escribieron algo que parece obvio, pero yo no me había dado cuenta: el barbado es un personaje completamente sumiso; hace todo lo que dice el patrón. Yo no había captado esa característica, lo había pensado como alguien que representa a cierta clase media que no se quiere comprometer, que cambia de signo político como de cara, con elasticidad. Creo que hay algo de eso, del argentino que siempre se piensa europeo, que nunca es de acá, que siempre está como en otro lado. Pienso que algo de eso hay en la historia, de querer aparentar ser otra cosa de la que se es. Como si fuese una imagen desplazada de uno mismo. Hay un poco de ese juego, todo el tiempo está comparando. Como que lo que se da acá es como un estado bruto de la belleza de otros lugares.

Lecturas

Entre la bibliografía que consultó para escribir Historia del auténtico…Tevini menciona el Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento, así como sus Diarios de viaje y una gran variedad de libros sobre el escritor y expresidente. También leyó diversos estudios sobre la figura de Rosas y un título de Mariquita Sánchez de Thompson que destaca en especial: “Aunque había leído casi toda su la obra descubrí uno que desconocía y me gustó mucho, sobre la vida diaria en el Virreinato (Buenos Aires Virreynal, Maizal Ediciones). Ahí se lee que la vida era muy aburrida, sobre todo para las mujeres, se la pasaban tejiendo y no tenían ni platos, había que pedirlos prestados. No hay tantos libros sobre la vida cotidiana en esa época, me costó bastante encontrar información. Tenía que buscarla en documentos acerca de lo que iban contando las distintas personalidades, pero no hay un corpus que indique como se comía, o se vestía, o qué telas se usaban. Me dio bastante trabajo la reconstrucción de época”.

–¿Qué fue lo que más te interesó de lo que sucedía en ese momento?

–Ante todo, el tema de la grieta. Creo que es muy fuerte. Al leer sobre la época descubrí que fue todo mucho más impactante aun de lo que creía. Porque quizás existe el prejuicio del Rosas malvado, frente a los del otro lado que se portaban fantástico. Y no fue así: eran tan tremendos unos como los otros. Quizás del otro lado no estaban institucionalizados, pero de los dos existían las torturas corporales. Por supuesto, estaban las del matadero, pero lo que había enfrente también era bravo. Por otra parte, está la figura de Sarmiento, siempre tan controvertida. Son demasiadas cosas muy contradictorias: iba leyendo los libros y no podía dejar de fascinarme y a la vez descubrir que venimos de ahí, no hay manera de escaparle al Facundo de Sarmiento, estamos condenados a eso. A esa mirada doble que se mantiene todo el tiempo y es muy latinoamericana, negada pero presente. Y seguimos en la misma.

–¿La figura de Juan Manuel de Rosas te interesó especialmente?

–Fue el primero de los personajes históricos en aparecer. Me encantó hacerlo como una especie de Drag Queen, me pareció divertido, provocativo. Me gustó narrar esa fiesta en San Benito de Palermo, la quinta de Rosas, que no existe más pero que sí existió. La época siempre me interesó, también por las connotaciones que tuvo más adelante, la grieta se creó ahí. No es nada nuevo, se funda ahí, en un punto. Me interesa además toda la contradicción que genera la figura de Rosas, en general y en la literatura. La novela es como un recorrido por la literatura argentina, desde «El Matadero», de Esteban Echeverría. Siempre pensé en escribir sobre la época. Tenía en claro el tema de Sarmiento y Rosas, esa dicotomía civilización y barbarie, y los demás fueron apareciendo con la historia. También la figura de Mariquita Sánchez de Thompson me gustaba, porque es como otro lado, otro tipo, otra voz. Los otros son hombres; además, a través de su figura aparece el exilio.

–¿Siempre la idea fue que la historia fuese entre dos hombres?

–Me gustaba la idea de escribir una especie de novela gay histórica. Fue escrita en una clínica de obra, una experiencia maravillosa. Al menos yo la disfruté mucho. Cada lunes llevaba un capítulo para compartir, estaban todos los del grupo entusiasmados en ver cómo seguía. Ellos me decían que la historia tenía que llegar hasta el peronismo: una locura total, nunca podría llegar, sería una novela infinita. Siempre sirve contar con las voces de los demás, aunque también llega un momento, con todas las novelas, que cuando descubren su propio tono son ellas las que son escritas a través nuestro. El estilo lo tenía casi de entrada: ellos se sorprendían y reían cuando, por ejemplo, Rosas saca un abanico y dice ‘qué calor’. Se mataban de risa, no se la esperaban. Porque yo no les adelantaba nada.

El escritor Daniel Tevini. Foto: redes sociales.El escritor Daniel Tevini. Foto: redes sociales.

–¿Qué creés que aporta tu libro como novedad?

–No hay una erótica del siglo XIX, mucho menos gay. No existe. El único libro que tenía era el de Bazán, como para leer algo. Donde no hay una tradición hay que inventarla. Me gustaba al principio eso como de novela erótica, que suele pasar en todos los comienzos cuando son fogosos y después todo se empieza a apagar. Me gustó también haberme tomado la licencia de escribir un Cielito para el libro. Pienso que el resultado final es como un hojaldrado, contiene muchas capas: histórica, erótica, medio gótica por momentos. La verdad es que me resulta una especie de milagro que se haya publicado, no imaginaba quién podría atreverse a publicar una novela de casi cuatrocientas páginas. Por suerte se atrevió Mariano Blatt y así fue como salió. Es de esas cosas raras que pasan a veces. Yo pensé que iba a estar durmiendo archivada por toda la eternidad. Como el barbado.

Daniel Tevini básico

  • Nació en Buenos Aires en 1962.
  • Publicó las novelas La noche más polar (Ediciones Deldragón, 2003; 2º premio del Fondo Nacional de las Artes y mención honorífica del Premio Municipal), Arlteana (Godot, 2007), Fuimos (Conejos, 2018) y Queen Cleopatra (El Fatalista, 2023) y el libro de poesía Hotel des Bains (Ediciones Deldragón, 2005).

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