«No sé si la estupidez está reinando, sí sé que está gobernando»

«No sé si la estupidez está reinando, sí sé que está gobernando»


Hace ya varios años que el nombre de Gabriela Cabezón Cámara resuena en las lectoras y los lectores de buena parte del mundo. Sus novelas, una combinación de lo clásico con lo queer, cosechan elogios que se plasmaron en los muchos premios obtenidos por Las niñas del naranjel, su novela más reciente, cuya traducción al inglés es semifinalista del National Book Award, uno de los más prestigiosos de Estados Unidos, que se falla el 19 de noviembre. “Los que eligen son colegas: periodistas de cultura, escritores, críticos. Eso es hermoso y me tiene chocha”, dice Gabriela.

Las niñas del naranjel (un abordaje ficcional y cargado de lirismo de la vida de Catalina de Erauso, que en el siglo XVII, haciéndose pasar por varón, combatió en la conquista española de Sudamérica), ya ganó los premios Sor Juana Inés de la Cruz (en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara), Ciutat de Barcelona y Medifé FILBA. Gabriela, además, obtuvo el año pasado el Konex de Platino a la categoría novela.

Estos son solo algunos de los reconocimientos para esta mujer que conversa con tono sereno, iluminada por el medio sol de una ventana del viejo bar Británico de San Telmo. Vino por unos días a Buenos Aires, porque pasa largas temporadas en La Pedrera, Uruguay, donde disfruta el mar y la calma pueblerina junto a su pareja, la humorista gráfica y también escritora Maitena. Una historia de amor que empezó hace poco más de un año y que ya tiene destino de casamiento.

Gabriela Cabezón Cámara y la humorista gráfica Maitena, juntas en la marcha por los 10 años de Ni una menos. Foto: Martín Bonetto.

La primera novela de Gabriela, La Virgen Cabeza, la historia de una travesti en una villa del conurbano, se mezcla con un lenguaje que rememora los puntos más altos de todo cuanto se escribió en nuestro idioma. Le viste la cara a Dios denuncia la trata de personas con octasílabos –una forma poética muy frecuente en siglo XV– inspirada en La bella durmiente. Su exitosa Las aventuras de la China Iron pone a la mujer en el lugar donde históricamente se ubicó el popular gaucho Martín Fierro, pero una vez más lo hace con una manera particular de narrar que se encumbra en el lenguaje más exquisito. Lo clásico y lo popular, esa combinación tan típica de la obra de Cabezón Cámara, no parece ser parte de una elección meramente estética, sino de una intención política y de una experiencia de vida.

-¿Solo puede escribir quien tiene una vida acomodada?

-No. Yo soy la evidencia de eso. No tenía un mango cuando empecé a escribir. Lo único que hacía todo el día era leer. Caminaba leyendo, viajaba leyendo. Una vez casi me atropella un tren porque crucé las vías leyendo. Tenía trece años. Me salvó una mujer que me agarró del pelo y me sacó.

-¿Qué leías en esa época? ¿Cómo fue tu recorrido como lectora?

Estaba fascinada con Dostoyevski. Siempre me encantó leer. Mis viejos no tenían libros porque eran de clase media baja. Mi papá era empleado de comercio y mi vieja era ama de casa y había sido empleada textil. No tenían formación, habían hecho la primaria y después habían salido a trabajar. Pero se dieron cuenta de que a mí me gustaba leer, así que me compraron unos libros infantiles de la editorial Sigmar, cuadrados, grandes, que tenían dibujos. Empecé a leer con eso y no paré nunca. Leía todo lo que encontraba. Tenía unos vecinos que también eran laburantes pero contaban con un poco más de plata que mis padres y tenían algunos libros que me iban pasando. Había de todo. Libros que hablaban de sexo, de drogas… Yo no entendía mucho, pero no paraba de leer. Después les robaba plata a mis padres, me iba a la librería y me compraba libros. Cuando volvía me cagaban a trompadas, obviamente. Con el tiempo descubrí las bibliotecas públicas.

-Algunas cositas. Poemas, cuentos, reflexiones. Me gustaba. Yo en el colegio tenía amigos y me llevaba bien con mis compañeros, pero la casa de mis viejos a veces era un infierno. Era difícil estar ahí, entonces me la pasaba leyendo y, mientras leía, estaba todo bien.

-¿Fue muy difícil plantearles tu sexualidad?

-No les gustó mucho. Supongo que se la veían venir, pero no estoy segura. Eran muy represores de cualquier forma de sexualidad.

-Supongo que sí, pero no me acuerdo.

-¿Te echaron de tu casa?

-Muy chica, aunque en esa época, a los dieciocho, se era más adulto.

-No sé si era más adulta, pero en esa época podías encontrar un trabajo que te permitiera pagar un departamento de un ambiente y tener un poco de plata para comprar arroz.

Gabriela Cabezón Cámara con una de sus mascotas. Foto: Ariel Grinberg.Gabriela Cabezón Cámara con una de sus mascotas. Foto: Ariel Grinberg.

-Estamos hablando de los años ochenta, la recuperación de la democracia, la primavera alfonsinista. ¿Cómo viviste esa época?

-Era la adolescencia, la juventud, un despertar de todo, así que no tenía mucho con qué comparar. De todas maneras, era una sociedad mucho más conservadora que ahora. La patria potestad, por ejemplo, todavía era exclusiva de los padres hasta que Alfonsín lo modificó. Pero también existían lugares como el Parakultural…

-¿Conociste a alguno de los referentes del Parakultural?

-Un poquito, porque siempre fui muy tímida. Conocí a Batato Barea. No era mi amigo, pero alguna vez charlamos. Yo estaba fascinada. Una vez, lo vi travestido como lo hacía él: como una mina freak, medio cachivache. Estaba parado en el escenario leyendo el poema La higuera, de Juana de Ibarbourou. Para mí fue descubrir un mundo donde podía vivir. Fue muy formativo. Encontré un lugar donde supe que había otras formas de escribir, de pensar, de sentir. Empecé a entender las mezclas: un poema escolar –que no era escolar cuando Juana de Ibarbourou lo escribió, pero que te lo enseñaban en la escuela de una manera muy formal– en la voz de una travesti rara resignificaba todo.

-Tu literatura requiere de un lector muy atento, tanto que uno podría pensar que no es mayoritario, pero sin embargo sos muy leída. ¿Fue una sorpresa encontrar tan buen recibimiento?

-No me lo esperaba. Mucho menos que el libro mío que más se leyera afuera fuera Las aventuras de la China Iron, una novela relacionada con la gauchesca, con algo muy argentino. Muchas veces me pregunté a qué obedeció, cómo es que le fue tan bien a un libro así en el extranjero. Pero bueno, yo cuando leía a los rusos había muchas cosas que no entendía, cuestiones de la cultura, fragmentos enteros en francés que no captaba y seguía de largo. Y así y todo, a mí me encantaba. Las novelas tienen muchas capas y no es necesario comprenderlas todas para disfrutar de la lectura. Además, no hay que subestimar a la gente. Es mentira que la gente no lee, es mentira que no entiende.

-¿No vivimos en un mundo donde reina cierta estupidez?

-Cuando llegaste estaba mirando videos en Instagram, una pavada atrás de la otra, y sí, es medio idiotizante, pero no es lo único que hago. Y creo que es lo que le pasa a mucha gente. No sé si la estupidez está reinando, sí sé que está gobernando. Nunca hizo falta ser un genio para hacerse el guapo, ser un patotero, ejercer violencia y otras cosas que hoy vemos día a día, minuto a minuto.

Gabriela Cabezón Cámara y su diagnóstico duro de la realidad. Foto: Ariel Grinberg.Gabriela Cabezón Cámara y su diagnóstico duro de la realidad. Foto: Ariel Grinberg.

-¿Cuál es tu diagnóstico? ¿Cómo y por qué llegamos hasta acá?

-Me parece que es un fenómeno global, así que no hay explicación únicamente local. Vivimos una gran concentración de la riqueza: hay mucha más gente mucho más pobre y mucha menos gente mucho más rica. Yo revisaría si los varones jóvenes están tan enojados con el feminismo, como se dice, o si están furiosos porque les pagan miserias por trabajos que tienen que hacer durante un montón de horas en condiciones pésimas. La ultraderecha toma la rabia de grupos sociales que injustamente han sido postergados y la encauza hacia cualquier lado. Se culpa a los inmigrantes, a las mujeres, a las diversidades, creyendo que salieron favorecidos, ignorando que las grandes mayorías hemos sido postergadas, que el problema es de clase. Pero el enojo es legítimo. Hay diez tipos que tienen cuatrocientos mil millones de dólares y miles de millones de personas que no tienen agua, que no tienen qué comer, qué respiran aire envenenado.

-Hay una crisis también de la democracia…

-Hubo gobiernos de la social democracia, donde incluyo al peronismo, que no pudieron revertir este proceso. Por supuesto que prefiero gobiernos social demócratas que no proponen dispararles a las personas que piensan distinto, pero la frustración de no haber encontrado respuestas suficientes en esos gobiernos llevó a la gente al enojo. Lo que falla de nuestra democracia es que es poco democrática. Necesitamos más y mejor democracia.

-¿Compartís las críticas que se le hacen al progresismo?

-Me parece que la idea de “progreso” es un problema. Hay un error en eso desde los cimientos, porque supone que los recursos son infinitos y los recursos son escasos. Si todo lo que te hace ciudadano tiene que ver con el consumo, entonces está todo mal. Para vos, para mí, para la Tierra. Y hay otro problema, un poco el mismo: la falta de democracia. No le podemos decir a alguien “persona de la calle”, sino “persona en situación de calle”, pero la solución no es esa, la solución es que esa persona no quede en la calle. No es cómo lo digo, es cómo hacemos las cosas para que todos vivamos mejor. Decimos “pueblos originarios” pero no les devolvemos sus tierras. De todas maneras, Argentina nunca fue un país muy políticamente correcto. No supe de nadie cuyo libro dejara de circular porque su libro fuera más o menos incorrecto. Y menos por los actos de su autor o su autora. Esos son problemas que sucedieron en otros países, como Estados Unidos.

-Lo que sí sucedió acá fue que, desde el poder político, se atacaron libros como Las aventuras de la China Iron o Cometierra, de Dolores Reyes.

-Eso llegó desde un gobierno cuyo presidente habló de “niños envaselinados”. Me parece un delirio. Y también me parece un delirio esa división que se hace y donde se obliga a la gente a estar de un lado o del otro. Te hablan de las dos caras de la moneda, pero el que piensa que un fenómeno tiene dos caras como una moneda, entonces piensa que ese fenómeno es una moneda. Será que ellos son alcancías, pero las personas tenemos matices. No hay solamente dos posiciones. Tenemos la capacidad de pensar por fuera de eso.

-¿Por qué creés que la ultraderecha insiste con esas fórmulas viejas como la censura o la persecución a los artistas? La historia demostró que así nunca se llega a ningún lado.

-Llegar, llegan. Y muy lejos. Pueden instaurar el miedo en la gente, pueden censurar voces, prohibir libros. Es cierto que a la larga todo eso termina de una manera u otra, pero en el medio pueden haber pasado cuarenta o cincuenta años, toda una vida. La derecha tiene una utopía que es solo para ellos: un mundo con poca variedad de voces y de pensamiento, ordenado como a ellos les gusta, donde nos fuercen a todos –pero especialmente a todas– a vivir solo una vida de las miles posibles. En la primera conquista, cuando se destruyó a los pueblos originarios, se los exterminaba para robarles las tierras, pero también porque había otra visión del mundo que no les gustaba. El poder trabaja constantemente para que percibamos como propios su visión del mundo y sus intereses. Y a ese poder, que es profundamente machista, no les gustamos las mujeres.

-Es como si concibieran que existió una edad dorada en la que el mundo era solo para los hombres, las mujeres no podíamos salir de la casa, no podíamos disponer de nuestros bienes, no podíamos tomar nuestras decisiones. Un orden muy fundamental de la constitución de Occidente. Para armar un “nosotros” tiene que haber un otro enfrente. Y esa derecha eligió que enfrente estemos las mujeres.

-¿Sirve la literatura como antídoto para esto?

-Todo lo que hacemos porque sí, lo que hacemos sin tener la más mínima perspectiva de ganar una moneda y le dedicamos lo mejor de nuestra vida, sirve contra esta lógica del poder. Los que escribimos nos sentamos durante años a hacer algo que nadie nos pide, que nadie espera de nosotros, que a priori no le interesa a nadie, que no genera ganancias sino muy extraordinariamente. Te dedicás a jugar con el lenguaje, a inventar mundos que no existen, a imaginar, igual que un chico. Todos fuimos poetas en la infancia. Es el verdadero reino de la libertad y por eso no les gusta, como tampoco les gusta el cine, la música ni nada que no sea pensado para generar ganancias para ellos.

Gabriela Cabezón Cámara dice que "todos fuimos poetas en la infancia". Foto: Ariel Grinberg.Gabriela Cabezón Cámara dice que «todos fuimos poetas en la infancia». Foto: Ariel Grinberg.

-Y bajo esa mirada, sin embargo, muchos de los que se apropian de la palabra “libertad” no parecen muy dispuestos a honrarla. ¿Cómo se hace para recuperar su verdadero sentido?

-No lo sé. Si lo supiera me postularía a presidenta. Lo que sé es que lo que tuvimos hasta ahora, con sus luces y sus sombras, no sirvió.

-¿Ni en términos de derechos civiles?

-Algo se avanzó, pero no fue suficiente. Si no, mirá dónde estamos. Es evidente que si hay tanto enojo debe ser porque muchos de esos derechos no se respetaron. Si no nos sirve a todos, no sirve. Hay que empezar a pensar en términos utópicos, no de mal menor. ¡Mirá a dónde nos trajo el mal menor! Es muy triste una sociedad que piensa así, porque está pensando desde la resignación. Tenemos que pensar en el bien mayor. Y debemos empezar por entender que el planeta está amenazado, están pasando cosas muy preocupantes con el cambio climático: incendios, falta de agua, contaminación del aire. Tenemos que sentarnos a pensar algo distinto, nuevo, que puede abrevar de experiencias del pasado, pero que necesita poner al cuidado del planeta en primer lugar, porque eso va a generar cada vez mayores desigualdades.

-No queda más remedio que intentarlo. Si no, asistiremos a la muerte de todo lo que conocimos .

star111 login

betturkey giris

https://vsetut.uz

lottostar

https://slotcoinvolcano.com

lottostar

super hot slot

hollywoodbets mobile

pusulabet giris

yesplay bet login

limitless casino

betturkey guncel giris

playcity app

sun of egypt 4

moonwin

aviamasters

jeetwin

winnerz

lukki

croco casino

playuzu casino

spinrise

discord boost shop

fairplay

betsson

boocasino

strendus casino

sun of egypt 2 casino

gbets login

playwise365

amon casino

betmaster mx

verde casino

winexch

prizmabet

solar queen

quatro casino login

springbok