“No veo una transición democrática rápida en Venezuela”

“No veo una transición democrática rápida en Venezuela”


Lo esperable es que este diálogo con la escritora y periodista francovenezolana Laurence Debray girara en torno al libro Reconciliación, las memorias del rey Juan Carlos, la segunda biografía que escribe sobre el monarca emérito español caído en desgracia. Antes, en 2021, ya había publicado Mon roi déchu (Mi rey caído), un relato construido a través de conversaciones telefónicas y por WhatsApp. De hecho, ese es el tema de la mayor parte de las entrevistas que la autora ofrece por estos días, pero no es el asunto que la convoca aquí con Clarín. Nosotros queremos hablar con ella sobre Venezuela, un país que conoce muy bien.

A los diez años, Laurence Debray fue enviada por sus padres a un campo de instrucción militar en Cuba. Allí, sin hablar el idioma y solo acompañada por los otros niños en iguales condiciones, le pusieron un fusil en las manos y le enseñaron a disparar. Al verano siguiente, la experiencia se repitió en un campamento militar de Estados Unidos, “para que tuviera dos modelos a elegir”.

Esa infancia, marcada por la contradicción y el adoctrinamiento, forjó los cimientos de lo que años más tarde se convertiría en Hija de revolucionarios (Anagrama, 2018), el libro en el que la autora narra, con crudeza y lucidez, cómo el hecho de haber crecido en Francia, en el seno de una familia de militantes de izquierda en los años setenta, involucrados activamente en las luchas armadas en América Latina, marcó su identidad y su mirada sobre la libertad.

Los padres revolucionarios en cuestión son el filósofo francés Régis Debray, que en los años sesenta se unió al “Che” Guevara en la guerrilla boliviana, convirtiéndose en uno de los intelectuales más cercanos a la revolución cubana y luego en asesor de François Mitterrand en Francia y la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos, militante comprometida con las luchas latinoamericanas, autora de Me llamo Rigoberta Menchú y Así me nació la conciencia, obra clave para visibilizar la causa indígena en Guatemala.

A la luz de la coyuntura política que atraviesa hoy Venezuela, Laurence Debray accedió a una entrevista en exclusiva con Clarín por videollamada, para ofrecer su mirada sobre el escenario actual en Caracas, luego de la captura de Nicolás Maduro por parte de los Estados Unidos.

–¿Cómo ves esta especie de cogobierno entre los Estados Unidos y los Rodríguez en Venezuela?

–Yo soy muy pesimista. Donald Trump no habló ninguna vez de democracia, sé que la gran mayoría de los venezolanos se alegran -y yo incluida- de la exfiltración, como se dice, de Maduro, pero no veo una transición democrática rápida a corto plazo en el país. Veo a un régimen bien establecido que hizo un pequeño golpe mediático, como lo saben hacer muy bien desde hace 25 años, liberando a nueve presos políticos, cuando quedan más de ochocientos. Creo que Trump necesita estabilidad para hacer negocios y que los hermanos Rodríguez les ofrecen esa estabilidad.

–¿Creés que fue la misma Delcy Rodríguez quien traicionó a Maduro?

–No lo sé pero es verdad que Delcy y su hermano estaban preparados inmediatamente para asumir el poder. Yo creo que ella ya tenía, incluso, la falda guardada para ponerse ese día. Delcy, como ex Ministra de Asuntos Exteriores, habiendo estudiado en Francia y en Inglaterra, sabe muy bien adaptarse a lo que los interlocutores internacionales esperan de ella. Pero, seguramente, no se pudo hacer ese operativo de película de Hollywood sin un espía cubano, dado que la guardia próxima de Maduro era cubana -de hecho, oficialmente Cuba lo reconoció. Entonces, me encantará ver esa película que seguro va a ser muy linda.

–¿Pensás que esta intervención de los Estados Unidos se podría haber evitado si la comunidad internacional hubiera presionado lo suficiente, por ejemplo, cuando quedó demostrado que las últimas elecciones fueron fraudulentas?

–Claro, o sea, ¡estas elecciones y las anteriores! Vamos a ser claros, esta operación militar no hubiera sido necesaria si la comunidad internacional hubiera hecho su trabajo. Yo no niego el hecho de que Trump sea un predador. Pero, moralmente, no puedo estar de acuerdo cuando algunos izquierdistas en Francia y en España dicen que es un ataque a la soberanía nacional de Venezuela, que es una operación ilegal, etcétera. Pero, vamos a ver, el régimen de Maduro no es legítimo: perdió las dos últimas elecciones ¡y, en la última elección, había pruebas! Y todo el mundo estuvo de acuerdo en que esas pruebas eran verdaderas.

Laurence Debray es escritora e hija del filósofo Régis Debray y la antropóloga Elizabeth Burgos. Foto: Luciano Thieberger.

–¿Es malos contra malos o malos contra peores?

–El régimen de Maduro tiene como rehén a su propio pueblo, lo humilla, no es un gobierno legítimo. Hubo una inercia internacional, nadie pudo echar a Maduro y ahora los norteamericanos necesitan ese régimen para poder hacer negocios y para limitar la influencia de China, de Rusia, de Irán, de Cuba que estaba ya tomando el botín venezolano desde hace más de diez años. Yo creo que hay una gran hipocresía de la comunidad internacional frente a una realidad muy triste que empujó el tercio de la población a irse sin ninguna guerra, sin ninguna catástrofe natural. Desde el punto de vista moral, nos enfrenta con nuestros propios límites.

–¿Por qué pensás que se llevaron solo a Maduro y a su esposa, dejando otras cinco o seis cabezas del régimen con muchísimo poder?

–Primero, yo creo que logísticamente -y Marco Rubio lo dijo en una entrevista- no podían capturar a cinco o seis. Ya para llevarse a ellos dos fue una operación increíble. Segundo, necesitan la estabilidad del régimen para hacer negocios, porque no es María Corina Machado, quien va a poder aguantar a las Fuerzas Armadas, a los colectivos, etcétera. Eso podría ser una guerra civil o un campamento entero en llamas. Y, tercero, yo creo que al final los que se quedan en Venezuela están dispuestos a hacer negocios con los americanos. Están dispuestos a hacer negocios con quien sea, en realidad.

–Entonces, ¿no es una cuestión ideológica?

–Yo creo que la ideología es una excusa, es un discurso que se le da al pueblo, pero en realidad es una cuestión de negocios y de supervivencia y están dispuestos a todo para sobrevivir y para seguir haciendo negocios. Entonces, los norteamericanos necesitaban interlocutores. También, al dejar a esos cinco o seis, es un chantaje porque les dicen: “si no hacen lo que yo quiero, los capturo igual como a Maduro”.

–¿Pensás que, en algún corto plazo, podría darse una transición democrática?

–María Corina Machado es una mujer valiente e independiente, no estará obedeciendo a Trump, porque tiene su propio programa. Entonces, su ventana de oportunidad es muy difícil. De todas formas, una democracia no se decreta de un día para otro, Y, además, las elecciones no son el criterio único y suficiente para que haya una democracia. Yo creo que en Venezuela ya no hay ciudadanos, es un país que perdió ese sentimiento, ese orgullo moral de ser ciudadanos. O sea, son gente humillada, son gente pobre que está sobreviviendo o haciendo negocio con el régimen. Entonces, es una cuestión de generaciones.

–En las condiciones actuales, ¿el pueblo estará mejor que con Maduro?

–Eso depende de Estados Unidos, pero la liberación de los presos políticos es una campaña mediática, la venden al mundo entero como: “Bueno, ya hemos hecho nuestra tarea y no somos tan malos” pero, la realidad es que el venezolano sigue teniendo miedo. Los colectivos te pueden pedir tu celular en la calle para verificar si has apoyado o no a la caída de Maduro, o sea, el miedo sigue. La realidad hoy en día no ha cambiado, es el hambre y el miedo.

–En la Argentina, como en otros países de la región, hay muchísimos venezolanos esperanzados con volver a sus hogares y reencontrarse con sus familiares. ¿Ves eso posible en el corto plazo?

–A corto plazo no lo veo. Yo también, cuando vi las imágenes de Maduro preso, dije: “ya puedo comprar mi pasaje, volver a ver a mi familia y comer hallacas en Caracas el año próximo”. Todos tenemos esa esperanza pero Venezuela es un país donde las familias ya no habitan juntas y la estructura familiar en Venezuela es muy importante. Pero ya somos familias de WhatsApp y, como nos da miedo hablar, es muy triste.

–En una entrevista con Clarín en 2019, recordabas con mucho cariño tus veranos en Venezuela, con tu familia materna, ¿Cuánto hace que no los ves?

–Ese mismo año, 2019, fue la última vez que estuve en Venezuela. Fui a hacer varios reportajes para la prensa francesa con Guaidó, y un documental para una cadena de televisión franco-alemana. Después de ese trabajo en el que denuncié el estado de los hospitales en Caracas y mostré las grandes manifestaciones y la movilización, me hicieron entender que no era bienvenida en Venezuela.

–¿Cómo te lo hicieron entender?

–Bueno, sabes cómo hacen los cubanos… A través de gente, te hacen pasar mensajes. Y eso que, legalmente, puedo viajar con mi pasaporte francés, pero tú sabes que están dispuestos a todo. No tienen límites. Para atacar a menores, a niños, como lo hicieron, torturando, presionando a las familias, arrancando a los hijos en casa de las madres, de manera arbitraria. Eso quiere decir que no tienen límites.

–Aquellos ideales de libertad e igualdad que tus padres defendieron en 1959, cuando Fidel Castro echó a Batista de Cuba, parecen haber fracasado…

–Totalmente y corrompido. Me doy cuenta de que es la historia de un fracaso y muchos pueblos como el venezolano sufriendo, muriendo en manos de estos predadores. En Francia me preguntaron cómo podía definir el régimen de Venezuela. Les dije: «Es como si Pablo Escobar estuviera en el poder.» Pues nada más. Me da mucha tristeza. Para mí es el defraude total de la izquierda.

Laurence Debray básico

  • Creció entre Francia y España. Estudió Historia y Literatura en La Sorbona, Economía en la London Schools of Economics y en la Escuela de Estudios Superiores de Comercio de París (HEC).
Laurence Debray es escritora e hija del filósofo Régis Debray y la antropóloga Elizabeth Burgos. Foto: Luciano Thieberger.
  • De su estancia en Sevilla surgió su interés por la Transición española y la figura del rey Juan Carlos, sobre el que escribió Juan Carlos de España.
  • Su biografia sirvió de base al documental Yo, Juan Carlos, rey de España (estrenado en 2016 en Francia y en 2020 en España) en el cual el monarca le daba su última entrevista como rey justo antes de su abdicación.
  • Dirigió el documental Venezuela, la sombra de Chavez en 2019 (estrenado en Arte y en Deutsche Welle) que recibió el premio Laurier de l’Audiovisuel.
  • Su segundo libro, Hija de revolucionarios, recibió en 2018 el Prix du Livre Politique, el Prix des Députés y el Prix Étudiant du Livre Politique-France Culture.

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