Gabriel Corrado está en un gran momento de su vida. Conduce el programa Estamos en una, de 15 a 16:30, por la TV Pública, donde no sólo hace entrevistas, juegos y hasta canta. En un ping pong con VIVA cuenta cómo lo ayudó la terapia y el secreto para haber cumplido 37 años de casado. Un sueño, un título de honor y qué lo enoja.
– Me levanto temprano, tipo siete y media u ocho de la mañana. Tomo dos vasos de agua y salgo a correr todos los días. Vivo cerca de Barrancas de Belgrano y me voy a Palermo. Después vuelvo a casa y desayuno tipo brunch. Se acabaron las medialunas y las tostadas. Como sin harina: huevo, palta, tomate, arroz yamani, frutos secos y un dátil por día. Hace dos años que cambié la alimentación. Y después me preparo para el programa, Estamos en una. Nunca había hecho entrevistas y me encanta. También toco la guitarra. Me di el gusto de cantar con Sandra Mihanovich, Lito Vitale. Y juego al ping pong, algo que hacía de chico.
– ¿Te jorobó el mote de galán?
– Para nada. Siempre repito la frase de (Jorge) Guinzburg: “El galán es el goleador del equipo”. Es el héroe de la película. Y no es nada peyorativo. Yo construí mi familia gracias a las telenovelas y gracias a este trabajo me hice conocido. Logré casarme, que me vaya bien. El galán pagó los colegios y las universidades de mis tres hijos.
Me han invitado muchas veces a entrar a un reality pero no me siento cómodo.
– ¿Quién te hizo hincha de River?
– Mi papá, Rómulo, jugó en River y es el que nos transmitió el amor por la Institución y por la camiseta. Ya de chiquito nos llevaba a la cancha.
-¿Hiciste terapia alguna vez?
– Hago, y arranqué después de que dejé la Facultad de Medicina y me puse a estudiar teatro. Dicen que la mejor combinación cuando estudiás teatro es hacer análisis, porque justamente te sirve para exorcizar. Uno tiene que conocerse mejor para interpretar distintos personajes. Hay mucho de role play en teatro.
– ¿Entrarías a un reality como hizo Andrea del Boca?
– No, pero me parece muy valiente de parte de ella. Me han invitado muchas veces, pero no me siento cómodo. Me hace ruido la panza.
– ¿Qué novela disfrutaste más?
– La extraña dama. Era como un protagonista joven. Fue mi tercera novela. Ya de chico era muy romántico.
-Tus tres hijos viven en el exterior, ¿te preocupás porque les pueda pasar algo?
– No, lucho con esa parte y lo puedo controlar. Si me llega a venir una imagen jodida, trato de hacer zapping. Y si tengo alguna preocupación, llamo por teléfono. Trato de pensar siempre en positivo. Desde muy chiquito que soy optimista. Tal vez por ser el hijo del medio de tres hermanos. Siempre fui el que le tiró buena onda a mi mamá y a mi papá. En casa siempre tuve el rol de sanador, del psicólogo y de tirar buena energía.
En familia. Corrado junto a su esposa Constanza (en el medio) y sus hijos Lucía, Clarita y Lucas (de izquierda a derecha). Foto: Álbum familiar.– ¿Cómo se dio escribir tres libros?
– De muy chiquito ya escribía poemas y cartas. Hablé con la gente de Editorial Atlántida, con los que tenía buena relación y les dije: “Tengo esta historia y quiero escribirla”. Y firmé un contrato para hacerla en menos de un año. Terminé tardando tres, pero me esperaron. Tuve una muy buena editora y mis hijos también me daban sus devoluciones. Lo presenté en Bolonia, Italia, y también en la Feria del libro en Buenos Aires. Escribí: El secreto de Aladina, (2013) El fuego es la respuesta (2016) y El último deseo (2017).
– Llevás 37 años de casado, ¿tuvieron alguna crisis?
– Si no hubiera habido crisis seríamos dos boludos importantes. Pero nunca nos separamos con Constanza (Feraud). Nos ayudaron mucho los viajes, las mudanzas y romper la rutina. Constanza es empresaria, ahora administra lo nuestro. Nosotros tenemos una productora de contenidos, CTV-Contenidos, y ella colabora. Desarrollamos ideas y hemos producido ficción en Rumania. Siempre buscando oportunidades.
Gabriel Corrado y su esposa, Constanza Feraud. Foto: Älbum familiar.– El año pasado, en Italia, te nombraron Cavaliere dell’Ordine della stella d’Italia, ¿por qué?
– Fue por mi vínculo con Italia, que siempre fue muy fuerte desde mi labor de actor. Trabajé mucho para Italia y con Italia, el título te lo da el presidente. Recuerdo que cuando me llegó la carta me puse a llorar. Fue emocionante. Mis abuelos y mis padres siempre me transmitieron la italianeidad. Es un mimo y lo llevo con mucho honor y orgullo.
-¿Extrañas la época donde se grababan telenovelas? ¿Te agarra nostalgia?
-Para nada, no. Yo no me quedo con esto de que todo tiempo pasado fue mejor. Sigo siendo un optimista y siento que lo que viene siempre va a ser mejor y aparte digo que todas las cosas que me van pasando superan mis expectativas.
– ¿En qué te ayudó la terapia?
– Me ayudó a romper el paradigma de ser un empleado como lo fue mi papá. Cuando dejé la Facultad de Medicina, me puse a vender ropa. Podría haber seguido siendo vendedor. Pero yo quería ser actor. De chiquito ya quería ser actor. A los ocho años, cuando veía Rolando Rivas taxista, le dije a mi mamá: “Cuando sea grande voy a estar ahí, en la tele”. No conocía a nadie del medio. Y el mundo artístico es jodido, hermético y difícil. Y un día se me dio. Conocí a Alejandro Vanelli, mi representante hasta hoy. Él me consiguió el primer casting en Canal 9 y así arranqué. Él confió en mí, como otros «angeles» que tuve y me dieron oportunidades.
– En tu caso, la facha no es lo de menos. ¿Sentís que te ayudó?
– La facha dura tres minutos. Te puede ayudar un par de ojos claros en un casting. Pero hubo modelos que quisieron probar como actores y no les alcanzó. Tampoco uno aspira a ser el mejor actor del mundo. Yo era de madera pero tenía algo. Todos los actores somos un poco de madera al principio. En teatro me iba de puta madre, pero la televisión es muy difícil: no irte de plano o sobreactuar. Hay que entender el lenguaje. Son horas de vuelo.
– ¿Algún gusto personal?
– Sigo estudiando dirección de orquesta on line. Lo empecé en pandemia. Lo hago con una profesora que vive en Italia.
– Filmar y protagonizar mi propio guion, que se llama Línea de ratas y lo escribimos con Sol Levinton. Es un thriller de suspenso basado en hechos reales que transcurre en los años ‘50, cuando los nazis llegaron a la Argentina.
En su nuevo programa de la TV Pública, Gabriel Corrado realiza entrevistas. – ¿Qué te dicen por la calle?
– Lo que me da más placer es que reconozcan mi labor de conductor de un show televisivo. Que me digan: “Qué linda entrevista hiciste ayer”. Ese es el combustible o la luz verde que me dice que vamos bien. Y seguir vigente. Porque en el fondo siento que esta profesión la hice de muy chico porque uno quiere que lo quieran. Yo quiero que me quieran. Y si me putean, me la recontra banco. Uno se va poniendo la piel más dura. Pero por suerte siempre he tenido buena relación con el público y la sigo teniendo.
– No soy un tipo muy enojón. Pero sí soy calentón. Me enoja la falta de respeto, los traidores. Antes me preocupaba mucho en evangelizar, ahora no. Con los años uno aprende a soltar y estar con la gente que uno quiere estar.












