Atormentado en casa por los malos pronósticos para su partido en las elecciones de abril, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, busca munición en Bruselas para su campaña. El político nacionalpopulista está poniendo de nuevo en jaque a la UE al empeñarse en bloquear el préstamo europeo multimillonario para Ucrania, pese a que el pasado diciembre prometió dar vía libre al resto de Estados miembros para que lanzasen ese necesario salvavidas financiero.
Este jueves, al llegar a un Consejo Europeo muy marcado por la turbulenta situación internacional, Orbán ha lanzado un ultimátum al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y ha supeditado esos fondos al restablecimiento del flujo de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba, que transita por una Ucrania sometida a los bombardeos rusos.
“Si los húngaros no reciben el petróleo que nos pertenece, no apoyaré ninguna decisión en favor de Ucrania”, ha remarcado Orbán, que acusa a Zelenski de bloquear el tránsito de petróleo a propósito. Según Kiev, el oleoducto está bloqueado porque fue dañado en uno de los bombardeos del Kremlin.
La activación del préstamo a Ucrania requiere unanimidad de los Veintisiete. La Comisión Europea y el Consejo Europeo analizan las herramientas legales para forzar al líder húngaro a cumplir su promesa, que quedó plasmada en las conclusiones del Consejo del pasado diciembre. Pero, de momento, tratan de convencerle. De hecho, la UE ha enviado una misión a Ucrania para comprobar el estado del gasoducto Druzhba (que en ruso significa amistad) y ver cómo se puede reestablecer el flujo; todo pese a que la UE acordó hace tiempo desengancharse de los hidrocarburos que el Kremlin utiliza como palanca para presionar por sus intereses.
“No soy demasiado optimista, aunque el presidente del Consejo Europeo, António Costa, está trabajando duro para encontrar una solución con Orbán”, ha dicho este jueves la alta representante para Política Exterior, Kaja Kallas. “Hay alternativas [para hacer cumplir su promesa], pero veremos cómo va. Se necesita coraje político de todos nosotros”, ha añadido. Los tratados europeos obligan a la cooperación “de buena fe” de los socios. Y Hungría, ha aseverado Kallas, “definitivamente” no está actuando con esa buena fe.
La inmensa mayoría de líderes europeos está furiosa con el primer ministro húngaro. No solo por bloquear, de nuevo, una medida de apoyo al país invadido por Rusia, sino también porque esa actitud implica no respetar el acuerdo político alcanzado por los Veintisiete en la cumbre europea de diciembre. “Lo que se espera de un presidente es que si se llega a un acuerdo, como se llegó en diciembre, ese acuerdo se tiene que cumplir”, ha afeado este jueves el presidente español, Pedro Sánchez, a su llegada al Consejo Europeo, en Bruselas. Una cita eclipsada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y que se centrará en el apoyo a Ucrania y en el problema, alimentado por el nuevo conflicto, de los precios de la energía. En ese asunto ya se está produciendo un gran choque entre los Estados miembros.
“Tenemos que ser claros: el veto de Hungría es inaceptable. El apoyo adicional a Ucrania debe entregarse lo antes posible”, ha insistido también el primer ministro holandés, Rob Jetten. El líder finlandés, Petteri Orpo, ha ido más allá y ha acusado a Orbán de usar el problema con el oleoducto para ganar rédito de cara a los comicios húngaros del 12 de abril. “Está utilizando a Ucrania como arma en su campaña electoral, y eso no está bien”, ha espetado.










