Argentina, años ’70. Alejandro Agostinelli es un chico de escuela primaria que guarda en una carpeta toda noticia que hable de platos voladores, viajes al cosmos y casas embrujadas. Deslumbrado por el alunizaje de 1969 y por la puesta en órbita en 1973 de SkyLab, la primera estación espacial, Alejandro sospecha que el universo está lleno de misterios a punto de develarse y funda grupos de investigación. Vocación precoz: ufólogo.
“Me acuerdo de un paseo familiar en la costa de Mar del Plata. Nos asustó lo que parecía una escuadrilla resplandeciente de platívolos en medio de la noche. Pero al día siguiente supimos que era un conjunto de panzas blancas de gaviotas iluminadas por pesqueros. Las ganas de creer y el desengaño me acompañaron desde ese día”, dice hoy, a los 62 años.
Alejandro Agostinelli es periodista y desde hace más de cuatro décadas encara los “fenómenos paranormales” desde lo que él llama un “escepticismo informado”.
En ese marco, acaba de publicar Argentina X, un cronista a la caza de fantasmas, alienígenas y demonios (FCE), libro en el que actualiza episodios que en su momento dieron mucho que hablar. Y en esta deliciosa puesta al día termina mostrando el revés de la trama. Desde casos de polstergeist hasta duendes verdes, desde la chica poseída a la que le cantó Fito Páez hasta la desacralización de Fabio Zerpa, el gran pionero.
-¿Por qué pasaste de la credulidad a lo que hoy llamás “escepticismo informado”?
-Mi período de credulidad fue corto, entre mis 12 y 17 años. Mi expectativa llegó a su cumbre durante la oleada plativolista de 1978, que siguió al estreno de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, de Steven Spielberg. Mi interés nunca decayó, pero empezó a ser un interés crítico. Esta visión se advierte en las siglas rimbombantes pero laicas de las instituciones que creábamos, como el Centro de Estudios de Fenómenos Aéreos No Convencionales (CEFANC). En 1980 fuimos a un congreso ufológico donde éramos los jóvenes traviesos que cuestionábamos el status quo, planteando que las naves extraterrestres en las que creían los demás podían tener una explicación mundana. Ese despertar de mi escepticismo no fue negar a priori los eventos que parecen no tener explicación sino atenerse a la evidencia.
Estas historias reales sobre lo extraordinario tienen una estructura dramática clásica.
Alejandro AgostinelliPeriodista
-¿Alguna vez estuviste cerca de ser protagonista de los hechos que investigás?
-¡Desde ya! En 1987, a inicios de la locura ovni que se apoderó de Capilla del Monte, me tocó correr hacia la terraza del bar City para ver junto a una pequeña multitud cómo una nave sobrevolaba el cerro Uritorco. Pero era, en realidad, una constelación. Se “convirtió” en nave por tres factores: el brillo, el movimiento aparente y el contexto. Esa ilusión de movimiento es producida por la conjunción de un punto de luz fijo en la oscuridad y los movimientos involuntarios del ojo. Se le llama efecto autocinético. Entonces, busqué un punto de referencia visual y determiné que el objeto estaba quieto. Mientras sos incapaz de encontrar una explicación, se apodera de tu subjetividad una escalofriante sensación de cercanía con lo imposible. Esa adrenalina nutre tu empatía.
-En el libro decís que “detrás de cada dato insólito late la posibilidad de un hallazgo”. O sea: ¿nunca perdés la ilusión de tener un encuentro cercano del tercer tipo?
-No. Pero depende de lo que cada uno entienda por encuentro cercano del tercer tipo. Esto no significa lo mismo para todo el mundo. Si perder la ilusión significa un obstáculo para registrar y comprender las percepciones que tienen las personas que te cuentan sus vivencias, elijo seguir abierto al asombro. En mi caso, no perder esa capacidad me hace sentir vivo. O, por lo menos, despierto ante la posibilidad de descubrir algo nuevo. Ahora bien, mis expectativas respecto de estos descubrimientos son modestas. Están más relacionadas con la biografía de las personas, el comportamiento humano o sus entornos culturales que con demostrar que en tal foto había un marcianito fosforescente detrás del árbol.
Argentina X, el libro de Alejandro Agostinelli. Precio; 16.000. Editó FCE.-En los casos de Argentina X se advierte una secuencia: el episodio extraño, una voz de autoridad que dice que es inexplicable (un médico, un cura, un comisario), llegan los medios y todo empieza a escalar. ¿Por qué ocurre esto?
-Sí, la tensión escala como en un caso policial o en el rebrote de una enfermedad. Estas historias reales sobre lo extraordinario tienen una estructura dramática clásica. Hay testigos comunes o protagonistas excéntricos que hablan sobre algo anómalo que rompe la rutina; este relato genera un clímax de incertidumbre y, acto seguido, una autoridad emite un veredicto que valida, cuestiona o procesa ese fenómeno todavía sin explicación. El “todavía” es importante: marca el carácter provisorio de las conclusiones. Los eventos posteriores fueron estudiados durante el siglo pasado por Berger y Luckmann: los periodistas no informan sobre hechos, los configuran mediante relatos que, explicados o no, dan sentido a lo vivido y echan raíces en el folklore o en tradiciones modernas, llámense plativolismo, parapsicología, demonología, etc. Algunas narraciones parecen resolver tensiones colectivas, desafiar el orden racional de la vida cotidiana o dar cuenta de lo que el antropólogo Alejandro Frigerio, autor del prefacio del libro, llama “brechas de la normalidad en mundos encantados”. Hay una última fase de esa escalada que es el contagio por influencia mediática: una cobertura inicial genera una ola de interpretaciones similares, algo como los pánicos morales que antes desataban las cazas de brujas, llegando a naturalizar estas historias e integrarlas en la cultura popular.
Avistaje de ovnis en Campeche, México.-Twiter agitó la versión de un fantasma ruidoso en un edificio porteño y de una reunión de consorcio para sacarlo. Estamos en pleno siglo XXI y el reguero de pólvora corre como en la Edad Media. ¿Será que necesitamos creer o sólo se trata de consumo irónico?
-No sé si la creencia es una necesidad. De la magia no hay pruebas y ahí la tenés. El amor no es una necesidad y ahí está. El caso del fantasma en Twitter muestra cómo un evento virtual es asumido como real por los medios, que lo discuten, lo instalan y lo avalan, riéndose o lamentándose de la estupidez ajena sin haberse preguntado primero si el evento tuvo o no lugar. El consumo irónico ayuda, hay figuras que son objeto casi obvio de sarcasmo capaces de arrastrar a un país a la ruina. Su popularidad le debe mucho a periodistas que se creyeron unos piolas bárbaros.
La posibilidad de encontrar un signo de vida dentro del ataúd es como sacarse la grande.
Alejandro AgostinelliPeriodista
La «poseída» de la canción de Fito
-Conmueve el caso de la niña supuestamente endemoniada de Villaguay, a la que hizo famosa Fito Páez en el tema «Las tardes del sol, las noches del agua» (Circo Beat). Hablaba en inglés sin haberlo aprendido. ¿Cómo fue verla tantos años después?
-Entrevistar a María fue una ilusión que cultivé por años. El día en que la tuve delante no pensé que la iba asustar. Y es lo normal, nadie espera que un periodista aparezca más de veinte años después para preguntar por un asunto tan controvertido. Nadie quiere volver a ser centro de atención a raíz de algo que costó tanto dejar atrás. Tuve que olvidarme de quince preguntas y formular las dos que cuajaban. No fui un buen alumno de Chiche Gelblung. Prefiero ser curioso y discreto a convertirme en un tipo molesto.
-Es muy interesante el caso de la “resurrección” en Traslasierra y el viejo fantasma de la catalepsia que vuelve. Se oyen ruidos que salen de un cajón y el sentido común queda en suspenso.
-En los cementerios nadie espera que suceda algo bueno. Además, cuesta pensar en forma lógica cuando la promesa mágica es demasiado grande. Cuando prevalece el criterio de “y… con probar no se pierde nada”. Claro, había que tener coraje para abrir ese cajón a pedido del público. Ni siquiera participaba la familia. Había que bancarse el drama legal por la inhumación y actuar rápido. La posibilidad de encontrar un signo de vida dentro del ataúd, descubrir pulsión de vida donde solo esperamos muerte, es como sacarse la grande. La historia es tremenda. Pero si el movilero que quiso entrevistar al muerto no se hubiera llamado “El Sordo” Suárez, no sé si hubiera elegido este caso. Tenía otras virtudes narrativas. La tensión dramática de la apertura del cajón me recordó a un evento que recogí en mi libro Invasores, historias reales de extraterrestres en la Argentina, cuando en 1973, un contactado convocó desde Canal 13 a ver el descenso de cincuenta naves marcianas a la laguna de Chascomús. En el momento decisivo, cuando la moneda danzaba en el aire, el clima de expectación fue parecido. El muerto que revive, la nave que aterriza, el fantasma que aterroriza. Todos pueden ser reels de instagram o una oportunidad para pensar, cada uno elegirá.
Fabio Zerpa, el gran ufólogo argentino. Foto: Ariel GrinbergFabio Zerpa, el pionero
-¿Fabio Zerpa fue un chanta, un mitómano o realmente creía en lo que pregonaba?
-Zerpa era un apasionado y creativo trabajador de su yo; él era, ante todo, una persona con un extraordinario amor propio que se creía vanguardia en un abanico de disciplinas. Esa personalidad le permitió avanzar contra los prejuicios y las burlas de quienes lo consideraban un chanta, un improvisado o un mistificador. En el libro muestro su modus operandi a través de casos que permiten develar la seriedad de sus investigaciones y presento las obras que inspiraron a tantas personas. Trabajar su biografía fue un desafío que no sé si superé. Pero no, nadie es una sola cosa.
-Hoy, ¿todavía tenés la ilusión de ver un ovni?
-Me encanta sentir que algo extraordinario puede suceder, pero puedo vivir sin esa ilusión. Ya tuve experiencias que me permitieron disfrutar de ese encantamiento, cuando no sabés qué pasa y la cabeza se te llena de preguntas. Estar en ese cono de silencio te enseña; en mi caso, a seguir reuniendo testimonios, especialmente las historias de las personas que no tienen los medios o las herramientas para contarlas por sí mismas. w










