Hay historias en el fútbol que parecen escritas antes de que sucedan. La de Maxi Salas en el duelo entre River y Racing por los cuartos de final de la Copa Argentina parece una de ellas. El delantero que pasó de La Academia al Millonario en el mercado de invierno tardó apenas cinco minutos de juego en marcar el 1-0. Y no lo gritó.
Mucha polémica había generado el pase de Salas a River. El delantero quedó en el ojo de la tormenta luego de que ejecutara la cláusula de rescisión para cambiar de camiseta tras consagrarse en Avellaneda con la Copa Sudamericana y recibir el llamado seductor de Marcelo Gallardo.
Salas se fue peleado con Diego Milito, a quien apuntó con un posteo en Instagram, a quien trató de “mentiroso” y aseguró que se iba “desilusionado” porque nunca le habían aumentado el sueldo que le habían prometido. El presidente de La Academia, por su parte, había dicho que el jugador lo “decepcionó” por la decisión que había tomado ya que, según él, Salas prometió que iba a aceptar el ofrecimiento que le habían hecho.
Y en el Gigante de Arroyito, la gente de Racing le hizo sentir la presión a Salas. «El que no salta, es un traidor», le cantaron mientras el delantero nacido en Curuzú Cuatiá, Corrientes, realizaba la entrada en calor vestido de rojo y blanco.
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«El que no salta es un traidor»: la hinchada de Racing cantó contra Maxi Salas
Pero se la bancó. Y muchos se preguntaban qué podía pasar con el delantero si marcaba un gol. La incógnita se develó rápido: a los 5 minutos del primer tiempo Salas marcó el 1-0 (su cuarto gol en 10 partidos con la banda roja cruzada sobre su pecho). Y apenas atinó a sonreír. Miró a la tribuna de River, levantó su brazo derecho y se dejó abrazar por sus compañeros.
🇦🇷🏆 ¡RIVER ABRIÓ EL MARCADOR!
A los 5′, Maxi Salas marcó el 1-0 ante Racing. #CopaArgentinaEnTyCSports pic.twitter.com/47sqPCurN2
— TyC Sports (@TyCSports) October 2, 2025
No hizo gestos, ni muecas ni nada. Otro día en la oficina para Salas: definió de zurda, marcó el gol y a otra cosa. Minutos más tarde, tuvo el segundo, pero esta vez Cambeses le ahogó el grito con una gran atajada. El daño -igual- ya estaba hecho.










