La imagen de Rafael Di Zeo en la Bombonera, publicada en exclusiva por Clarín, causó furia en el Ministerio de Seguridad de la Nación. Cuentan que Patricia Bullrich puso el grito en el cielo. Y rápidamente, todos los ojos se posaron en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. “¿Cómo puede ser que lo hayan dejado entrar?”, se preguntaban en la sede de Gral. Gelly y Obes. El histórico líder de La Doce estuvo en la presentación de Leandro Paredes, el jueves por la noche. Y su presencia desató una interna entre el Poder Ejecutivo y la Jefatura porteña.
A tal punto, que esta mañana se conoció una resolución en el Boletín Oficial que “exhorta” al GCBA a cumplir con el convenio de cooperación vigente en materia de seguridad en espectáculos futbolísticos. En ese sentido, a pesar de que Di Zeo tiene prohibición de concurrencia por tiempo indeterminado para asistir a cualquier cancha del país, accedió a la popular y agitó a la hinchada.
Para Bullrich, esta situación configuró un desafío y desde la Dirección de Seguridad en Eventos Deportivos que conduce Franco Berlín se entiende que la fiesta que se montó en torno a la vuelta del jugador de Boca fue “un encuentro futbolístico”. “Pudo haber sido una catástrofe, ya que no se dispuso ningún dispositivo de control en los ingresos”, deslizaron ante la consulta de Clarín.
Y se emitió un comunicado, difundido por las redes sociales del ministerio, que remarcaba la situación de Di Zeo y que cerraba con la frase “no vamos a permitir barras en las tribunas. La seguridad no puede quedar librada al desinterés ni a la complicidad”.
Según indica la resolución 848/2025, “se produjeron desbordes en los accesos por la escasa presencia policial y la no implementación del Programa Tribuna Segura, cuando las circunstancias lo ameritaban, teniendo en cuenta la masiva concurrencia de público que habitualmente acude a cotejos futbolísticos”.
También apunta que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires debió “tomar medidas pertinentes” porque la presentación de Paredes constituyó “un evento deportivo enmarcado dentro de la actividad futbolística” por lo que “dicho acto debe ser considerado como parte del ámbito de los eventos futbolísticos, siendo aplicables las medidas de control y restricción de ingreso vigentes”.
La palabra “inobservancia” pega duro en la Ciudad, porque el documento también enfatiza que el evento que organizó Boca fue autorizado por el Ministerio de Seguridad porteño.
De acuerdo a las fuentes consultadas por Clarín, en el Gobierno porteño no coinciden con la evaluación que hace Bullrich. “No hubo un partido, fue la presentación de un jugador, ¿cómo vamos a poner Tribuna Segura? Boca tampoco pidió hacerlo. La prohibición es para espectáculos deportivos, no a la presentación de un jugador. Si mañana inauguran la estatua de Roberto Mouzo, ¿tampoco lo dejás entrar a Di Zeo?”.
Hasta ahora, no hubo una respuesta oficial de la Ciudad, pero hay un cierto recelo entre los dos comandos, más allá de que sus funcionarios lo relativicen. Para Bullrich, la lucha contra con los barras es una política de Estado. Sin ir más lejos, hace exactamente dos meses, la ministra presentó una lista sábana con 15 mil personas con derecho de admisión. Es más, ese mismo día, anunció que enviaría la nómina a Estados Unidos para impedirles el ingreso al Mundial de Clubes del que participaron River y Boca con pena y sin gloria.
Di Zeo y casi 60 barras del equipo xeneize fueron sancionados en mayo del año pasado, tras ser interceptados camino a Córdoba con armas en un micro que los trasladaba. Entonces, Boca se disponía a jugar la semifinal de la Copa de la Liga ante Estudiantes.
Rafa también había sido penado con la prohibición de concurrencia durante la administración de Mauricio Macri, justamente con Bullrich como ministra, porque estaba imputado como instigador de un doble homicidio en 2013 y encubrimiento agravado. Fue absuelto durante el mandato de Alberto Fernández y pudo regresar a las canchas en abril de 2023. Hasta que fue sorprendido en tierra cordobesa. Muy a pesar de su pataleo mediático en programas marginales, el capo de la hinchada no pudo revertir la situación. Hasta el jueves, cuando ingresó a la Bombonera en el medio del caos y la polémica.










