La crisis entre Ecuador y Colombia, que se arrastra desde enero, ha dado un salto monumental tras un cruce de acusaciones sin precedentes entre sus presidentes. El colombiano Gustavo Petro denunció este lunes por la noche que su país está siendo bombardeado desde territorio ecuatoriano. “Están bombardeándonos desde el Ecuador y no son los grupos armados ilegales”, afirmó durante un Consejo de Ministros televisado. La respuesta de Daniel Noboa fue casi inmediata. “Falso. Estamos atacando estructuras narcoterroristas en territorio ecuatoriano, que el Gobierno de Petro deja pasearse por la zona”, le dijo a la revista Semana. Lejos de rebajar el tono, Petro elevó la gravedad de la denuncia al asegurar que hay 27 cuerpos calcinados en la frontera, sin definir el lugar ni la fecha. Y así, con ambos mandatarios lanzándose ataques públicos, los canales diplomáticos no solo están rotos: han saltado por los aires.
Los bombardeos en la frontera de Colombia y Ecuador no parecen ser ni de los grupos armados, no tiene aviones, ni del la fuerza pública de Colombia. Yo no he dado esa orden.
Hay 27 cuerpos calcinados y la explicación no es creíble. Las bombas están en el piso cerca a familias,… pic.twitter.com/XStGFXhI2t
— Gustavo Petro (@petrogustavo) March 17, 2026
El deterioro de la relación comenzó en enero, cuando Ecuador abrió de forma inesperada una guerra comercial. Noboa anunció la imposición de un arancel del 30% a las importaciones colombianas por la “falta de reciprocidad y acciones firmes” en seguridad. La medida, dijo, se mantendría “hasta que exista un compromiso real” contra el narcotráfico y la minería ilegal en la frontera. Colombia negó desde el inicio las acusaciones de inacción, tampoco entendió la respuesta arancelaria, pero la disputa no ha hecho más que escalar. Incapaces de entenderse, hoy ambos países aplican aranceles que alcanzan el 50%. El impacto ha sido duro, por ejemplo, para enfermos de Ecuador, donde pacientes con enfermedades graves dependen de medicamentos importados desde Colombia.
Estados Unidos aparece como protagonista invisible de esta crisis, aunque no está claro si su verdadero papel es de mediador o instigador. Hace unas semanas que Noboa anunció operaciones conjuntas contra el narco de la mano de Washington, con quien Petro está intentando reconducir sus relaciones tras una inédita escalada verbal con Donald Trump, también por X. El presidente colombiano ha asegurado que pidió la mediación del republicano. “Yo le pedí a Trump que actúe, que llame al presidente de Ecuador porque nosotros no queremos ir a una guerra. Me enorgullezco de haber sacado a Colombia del peligro de misiles que están cayendo por todo el mundo, pero tampoco tenemos por qué ser bombardeados”, le dijo a sus ministros durante la reunión televisada.
Con la grave acusación de Petro, Noboa —que enfrenta sus propias crisis internas por la inseguridad— ha endurecido su discurso y este martes cargó en X contra las autoridades colombianas: “Desde el primer día hemos combatido al narcoterrorismo en todas sus formas (…) junto a la cooperación internacional [de Estados Unidos]; continuamos en esa lucha, bombardeando los lugares que servían de escondite para estos grupos, en gran parte colombianos, que su mismo Gobierno permitió infiltrarse en nuestro país por descuido de su frontera. Presidente Petro, sus declaraciones son falsas; estamos actuando en nuestro territorio, no en el suyo”.
Desde el primer día hemos combatido al narcoterrorismo en todas sus formas: a los que operan en las calles y a los que, desde la política o incluso desde la función judicial, se prestan para proteger a los delincuentes.
Hoy, junto a la cooperación internacional, continuamos en…
— Daniel Noboa Azin (@DanielNoboaOk) March 17, 2026
En realidad, hay muchas dudas sobre lo que está ocurriendo con los bombardeos en los casi 600 kilómetros que separan ambos países. El pasado 3 de febrero, el medio colombiano Revista Raya publicó un reportaje sobre tres bombardeos a laboratorios narco en la frontera, que dejaron decenas de muertos —muchos de ellos civiles— y cuya autoría permanece sin esclarecer. “¿Estados Unidos o Ecuador?”, se preguntaban. Apoyándose en testimonios de comunidades, líderes locales y fuentes institucionales, su hipótesis principal era que las explosiones habrían sido producto de una operación encubierta, posiblemente ejecutada con drones desde Ecuador y con apoyo de Estados Unidos.
Mes y medio después, el presidente Petro parece haber recogido ese guante tras el hallazgo de un explosivo en territorio colombiano, aunque por su tamaño no parece que haya sido lanzado por un dron. Según fuentes oficiales citadas por Caracol Radio, se trata de un cilindro de aproximadamente un metro de largo y 250 kilogramos de peso que habría caído el 6 de marzo desde el lado ecuatoriano durante un operativo contra estructuras criminales. Aun así, el propio Petro reconoció que el caso está bajo investigación.
Su ministro de Defensa, Pedro Sánchez, anunció que ha ordenado “confirmar o desvirtuar” el origen de la bomba “empleada generalmente por aviones militares”, además de destruirla. Sánchez pidió a los lugareños que se mantengan alejados al menos 500 metros del artefacto y que alerten de la presencia de cualquier otro elemento explosivo. “Cuando tengamos información precisa, la comunicaremos”, concluyó.

Pese a esa falta de certezas, el presidente colombiano volvió a avivar la confrontación en X, el lugar donde más tiempo pasa después de la Casa de Nariño. Aseguró que los bombardeos no parecen obra de grupos armados —“no tienen aviones”— ni de la fuerza pública colombiana —“yo no he dado esa orden”—. “Las bombas están en el piso cerca a familias, muchas de ellas han decidido pacíficamente reemplazar sus cultivos de hoja de coca por cultivos legales”, aseguró. También habló de los cuerpos calcinados, unos muertos a los que ya se había referido el pasado 3 de febrero al salir de su reunión en la Casa Blanca con Donald Trump.
La actual crisis diplomática entre Ecuador y Colombia ha ido escalando sin que nadie haya sido capaz de contenerla —incluso de entenderla—. La propia canciller de Colombia, Rosa Yolanda Villavicencio, mostraba su desconcierto ante esta crisis en una entrevista con EL PAÍS. “Ecuador plantea que el aumento del narcotráfico y de las muertes violentas vinculadas al sicariato se debe a que Colombia no está haciendo lo suficiente en la frontera. Nosotros decimos que eso es falso”, explicó. “Ha sido nuestra presión la que ha hecho que estas redes se desplacen hacia el sur”. La canciller se quejó además de la actitud de los ecuatorianos. “Nosotros fuimos a Ecuador y ellos tenían un guion que no quisieron negociar. Impusieron sanciones que no tenían nada que ver con el problema de seguridad y, ante eso, teníamos que reaccionar”.

Las dos delegaciones tienen prevista una reunión con mediación de la Secretaría de la Comunidad Andina el próximo 24 y 25 de marzo en Quito.
Para el profesor Ronal Rodríguez, de la Universidad de La Sabana, buena parte del origen de esta crisis está “en el temperamento de Petro y Noboa”. Dos presidentes, asegura, que “han priorizado sus agendas internas y réditos políticos por encima de una relación bilateral que históricamente ha sido cercana”. Esta dinámica ha provocado un “efecto de cascada” en el que las tensiones, lejos de resolverse por vías diplomáticas, se amplifican públicamente con acusaciones cruzadas. Noboa, además, se siente respaldado. “Su relación con Estados Unidos le otorga un margen de maniobra inédito frente a Colombia y contribuye a endurecer su posición en el conflicto”, advierte Rodríguez.









