El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha pedido la renuncia del comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) tras el choque público que ambos protagonizaron la semana pasada sobre las causas del accidente del avión militar en el que murieron 69 personas. Según han confirmado fuentes de la Presidencia a EL PAÍS, Petro ya dio la orden a sus colaboradores y el cargo de Carlos Fernando Silva pende de un hilo. El Ministerio de Defensa, dirigido por Pedro Sánchez, antiguo comandante de la FAC, niega conocer tal decisión.
La discusión entre Petro y Silva tuvo lugar en el televisado Consejo de Ministros del pasado martes, un día después del accidente del avión militar que se estrelló en el Putumayo, en el que murió más de la mitad del pasaje. Allí, el presidente defendió que la antigüedad del avión —fabricado hace más de cuatro décadas— era un factor central en el accidente. Criticó a su antecesor por haberlo adquirido e, indirectamente, a Estados Unidos por donar aeronaves obsoletas. “Lo que pasó es un vejestorio llevando tropas”, insistió, cuestionando la seguridad de una aeronave de ese tiempo de uso. “Compraron una chatarra y se cayó”, había publicado ya en su cuenta de X el día del siniestro.
Y ahí, delante de todos los ministros, el comandante de la FAC, con más de 8.000 horas de vuelo a sus espaldas, corrigió al presidente. Con cifras. El aparato, fabricado en 1983 y donado por Estados Unidos durante el Gobierno de Iván Duque en 2020, contaba con cerca de 20.000 horas de vuelo disponibles, explicó Silva. A un promedio de 500 horas anuales, eso le daría una vida útil cercana a los 40 años adicionales.
—¿Analizando sus datos, el avión podría durar un siglo? ,le cuestionó Petro
—Así es, presidente, tenemos aviones que tienen 80 años.
La contradicción fue frontal y pública. Petro rehizo los cálculos y Silva le corrigió. Millones de colombianos fueron testigos de este pulso en el que ambos expusieron dos lecturas opuestas sobre el siniestro del Hércules C-130. Lo que pudo quedar en un debate técnico escaló rápidamente en un choque político que ahora amenaza con costarle el puesto al alto oficial después de apenas cuatro meses de su nombramiento y de 39 años en la institución.
La decisión, explican esas fuentes, no responde directamente al accidente —cuyas causas siguen bajo investigación—, sino a la forma en que el general manejó su intervención. “El presidente considera que desaprovechó un espacio donde podía haber pedido que necesitábamos renovar la flota aérea”, explican. La crítica no apunta a lo que Silva dijo, sino a lo que no dijo. Para el entorno presidencial, el comandante dejó pasar un escenario de alto impacto político —un Consejo de Ministros transmitido en directo por las redes sociales y tras un accidente grave— para respaldar la necesidad de modernizar la capacidad aérea militar que ha defendido Petro.
“Se abrió una ventana para hablar del Conpes de modernización de las Fuerzas Armadas y el comandante la dejó pasar”, resume una fuente cercana al presidente. El Conpes —el Consejo Nacional de Política Económica y Social, máxima instancia de planeación del país— es el instrumento clave para destrabar inversiones estratégicas como la renovación de la flota aérea. “Era el momento para pedir la renovación. Los aviones están muy viejos; incluso el avión presidencial tiene más de 27 años”, añaden estas fuentes.
Tras la decisión del presidente, la petición oficial de renuncia debe ser tramitada por el DAPRE, Departamento Administrativo Presidencia de la República, responsable de los nombramientos y renuncias. En Colombia, el mandatario tiene la potestad de elegir y retirar a las cabezas de las fuerzas armadas, dando fin a carreras que suman décadas. Petro designó a Silva como comandante el pasado 27 de diciembre. Su cese, sin embargo, aún está en el aire. Una vez más le tocará al ministro de Defensa mediar entre los suyos y el presidente.










