¿por qué TikTok no hacía circular los mensajes con la palabra “Epstein”?

¿por qué TikTok no hacía circular los mensajes con la palabra “Epstein”?

Está sucediendo cada vez con mayor frecuencia: videos, mensajes y contenidos en redes sociales que simplemente no son vistos por nadie a pesar de que están en cuentas muy populares. Parece ser una nueva forma de censura, mucho más difusa y por eso mismo más inquietante: una redistribución silenciosa pero muy efectiva de la atención que nos hace preguntar por quiénes controlan la conversación.

Si bien aún las seguimos llamando “redes sociales”, desde hace tiempo dejaron de ser verdaderos espacios de intercambio entre personas. El sueño trunco de “la plaza pública del siglo XXI”, como Elon Musk llamó a Twitter cuando la compró para transformarla en X, nos dejó con una plataforma de comunicación en donde el poder no lo tienen los usuarios sino su misma arquitectura.

Como indicó ya hace tiempo el sociólogo estadounidense Benjamin Bratton, ya no usamos sistemas digitales sino que los habitamos y dejamos que organicen nuestra realidad. Hoy son algoritmos opacos los que deciden qué se ve, qué se repite, qué se silencia y qué vuelve a emerger al día siguiente. Y en ese ordenamiento no solo circula información, sino también algo mucho más frágil y poderoso, nuestras expectativas y afectos.

Entender, entonces, que las plataformas ya no sólo distribuyen contenido sino que administran estados de ánimo nos permite entender que su impacto excede lo meramente económico o político para operar en un nivel íntimo al buscar producir reacciones en las personas.

No se trata de una falla del sistema sino su lógica profunda. Por eso no funcionan las explicaciones más paranoicas.

Para muchos analistas, ahí es donde la promesa empieza a fallar. El sociólogo alemán Hartmut Rosa llama “resonancia” a esa experiencia en la que el mundo nos responde de una manera significativa, no programada ni previsible. No se trata de control ni de eficiencia, sino de sentir que algo nos devuelve una vibración propia como una conversación o una mirada en la que no buscamos la optimización.

Y cuando no hay reacciones y alcance, llega el temido silencio: sin respuestas nos comenzamos a preguntar qué hicimos mal, aunque posiblemente no tenga nada que ver con nosotros. Días atrás, cualquier mensaje con la palabra “Epstein” simplemente no circulaba en TikTok y si los contenidos hablaban de lo sucedido en Minnesota con la patrulla ICE de Donald Trump, las vistas caían en un pozo sin fondo.

No se trata de una falla del sistema sino, en los términos en los que lo pondría Bratton, su lógica profunda. Por eso no funcionan ni las explicaciones más paranoicas que apuntan a la manipulación ni las respuestas que apelan a supuestos problemas técnicos. Incluso en los espacios más hospitalarios, como LinkedIn o Bluesky, seguimos dependiendo de infraestructuras que no garantizan resonancia sino solo acceso.

Por eso, no debemos preguntarnos dónde publicar, sino qué tipo de respuesta esperamos del mundo, aceptando que hay experiencias que no se miden, conversaciones que no optimizan nada y encuentros que simplemente no producen contenido. Es ahí donde puede sobrevivir una forma de resonancia que ninguna plataforma puede administrar, en donde no importa ser visible sino tener, verdaderamente, la palabra.

star111 login

betturkey giris

https://vsetut.uz

lottostar

https://slotcoinvolcano.com

lottostar

super hot slot

hollywoodbets mobile

pusulabet giris

yesplay bet login

limitless casino

betturkey guncel giris

playcity app

sun of egypt 4

moonwin

aviamasters

jeetwin

winnerz

lukki

croco casino

playuzu casino

spinrise

discord boost shop

fairplay

betsson

boocasino

strendus casino

sun of egypt 2 casino

gbets login

playwise365

amon casino

betmaster mx

verde casino

winexch

prizmabet

solar queen

quatro casino login

springbok