Procesaron al empresario Marcelo Porcel por abusar a 10 compañeros de colegio de su hijo

Procesaron al empresario Marcelo Porcel por abusar a 10 compañeros de colegio de su hijo

El empresario Marcelo Porcel (51) fue procesado como autor penalmente responsable de los delitos abuso sexual gravemente ultrajante agravado contra diez compañeros de colegio de su hijo, corrupción de menores y producción de imágenes explícitas de un menor de 18 años con fines sexuales.

Así lo resolvió el juez Carlos Bruniard, que consideró que el delito por el que acusan a Porcel está agravado por haber sido cometido contra menores de trece años, aprovechando la situación de guarda y que los delitos concurren entre sí. Además, le prohibió salir del país y ordenó la retención de su pasaporte. Además trabó un embargo sobre los bienes del empresario por $ 111.564.950 (unos 80 mil dólares al cambio oficial).

Por orden del juez Bruniard tampoco podrá ausentarse de su casa por más de 24 horas y tiene prohibido salir del país «bajo apercibimiento de ordenar su inmediata captura».

La defensa de Rallin cuestionó el procesamiento de Bruniard y anticipó que apelará la medida dentro de los plazos establecidos.

En su indagatoria el 18 de marzo, Porcel dijo ser «inocente». En aquel momento lo notificaron formalmente de la imputación por 10 hechos de abuso denunciados por adolescentes que iban al colegio Palermo Chico junto a sus hijos cuando tenían entre 13 y 14 años, entre 2022 y 2024.

El empresario fue parte de Oh! Buenos Aires, un holding uruguayo que tenía la concesión del shopping que funcionaba en el predio del ex Buenos Aires Design, en Recoleta.

Además, está vinculado a firma del agro fundada por su familia. Su padre había sido el creador de Argencard, una tarjeta de crédito popular en los ’70 y vendida en 1995.

También trascendió que a dos de los hijos de Porcel, que durante 2025 continuaron siendo compañeros de escuela de los denunciantes de su padre, no se les permitió continuar sus estudios en la institución.

Y que para el comienzo de año habían elegido una institución religiosa que, por la presión de la comunidad educativa y luego de que les fueran informadas las acusaciones en contra del empresario, tampoco fueron matriculados para el inicio del ciclo lectivo.

«Los hechos venían ocurriendo desde hacía varios años, fuimos atando cabos. Un chico contaba que le hizo un masaje, otro padre advertía ‘no dejes ir a tu hijo a dormir’. Empezaron los rumores, se hablaba porque podría ser el hijo de uno en esa situación. Así los padres empezaron a preguntar, a conversar con los chicos pero muchos no querían hablar», contaron a Clarín.

En algún momento de 2024, los relatos empezaron a surgir. Las conversaciones entre los padres de dos cursos del Colegio Palermo Chico derivaron en seis casos concretos y otros que no explicitaban abusos puntuales, pero sí conductas inapropiadas entre Porcel y compañeros de sus hijos, que tenían entre 13 y 14 años cuando se produjeron los hechos.

Según describieron fuentes cercanas a las familias denunciantes, «los hechos llevaban tiempo, pero salieron a la luz cuando los chicos empezaron a crecer y a relatar estas conductas extrañas».

El empresario tiene cuatro hijos que asistían a la misma institución y los denunciantes iban a dos de los cursos a los que asistían. «Él participaba mucho de los partidos de fútbol, lo veíamos siempre. Incluso iba a partidos en los que no jugaban sus hijos, pero siempre estaba. En estos años hubo chicos que pidieron cambiarse de curso o que se mostraron más retraídos y después terminaron siendo los que denunciaron», confiaron.

Los adolescentes, a medida que fueron creciendo relataron distintas conductas que no las denunciaron en el momento, pero que los alertaban: desde hacerlos correr alrededor de la mesa en ropa interior hasta pagarles por hacer fondo blanco con bebidas alcohólicas o estar en chats privados con los chicos, mandándoles fotos de sus viajes o de la escena cotidiana.

Uno de esos grupos se llamaba «Shubidubi» y desde ahí él convocaba a las reuniones autodenominándose «Capitán». De acuerdo a los denunciantes, en esos encuentros había alcohol y él les daba dinero para que consumieran. Incluso hasta les pagaba autos de aplicación para que asistieran y muchos mentían cuando sus padres no los dejaban ir.

Según consta en el expediente, una de las víctimas le advirtió al hijo de Porcel: «Che, tu viejo me tocó». Los relatos son consistentes en todas las víctimas: los tocamientos implicaban masajes con «aceites especiales» después de los partidos de fútbol y que terminaban en la ingle o en los testículos.

Además, en las pericias tecnológicas, habrían hallado fotos de un niño en el baño tomada desde una cámara de seguridad mientras se bañaba.

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