Faltan exactamente 60 días para el comienzo de la 23ª Copa del Mundo de la FIFA, en la que Argentina tendrá su 19ª participación y defenderá el título por tercera vez. En esta serie de historias premundialistas, empezaremos por la génesis: ¿qué pasaba a dos meses del inicio de la primera cita mundialista, el 13 de julio de 1930, en Uruguay? En el camino, iremos saltando de Mundial a Mundial, rescatando historias poco conocidas y algunas más recordadas de las preparaciones de la Selección para cada competencia.
Muchas cosas cambiaron desde 1930 a la fecha; otras no tanto. Los directores técnicos no tenían un rol principal —a veces se les daba más importancia a los preparadores físicos, en su categoría de entrenadores— y a los jugadores los elegía el grupo de dirigentes que conformaban la Comisión de Selección. Todo ante la mirada atenta y crítica del periodismo.
Hugo Marini era el jefe de deportes del diario Crítica. De su pluma surgieron varios apodos que aún continúan vivos, como «El Fortín de Villa Luro» para referirse a la cancha que tenía Vélez en Basualdo y Guardia Nacional. Era un periodista respetado, muy leído, que además había viajado con Boca en la famosa gira por Europa de 1925. El 14 de mayo de 1930 escribió: “Los dirigentes de la Asociación Amateurs cambiaron el pelo, pero no las mañas. Es que prometen, pero no cumplen. Estamos a un mes y medio de la iniciación de la Copa Mundial de Football y, que sepamos, nada se ha hecho para preparar el equipo que nos representará en un torneo tan magno”.
La nota, que se titula “La Asociación debería preocuparse por la formación del equipo”, agregaba: “Requeridos por la prensa deportiva, los señores integrantes de la comisión de selección prometieron que se ocuparían de designar los elementos más destacados para que se fueran entrenando con el masajista Tramutola, pero estamos a 14 de mayo y nada se ha hecho de lo prometido. Ni los elementos han sido concentrados ni se adiestran, ni el masajista Tramutola sabe de jugadores que tenga que poner en condiciones físicas”.
El equipo argentino posando antes de la final ante Uruguay en el Mundial de 1930.El texto, crítico con los dirigentes, continúa: “Nuestros dirigentes viven de esperanzas. Creen que con juntar once muchachos la víspera de iniciarse el torneo y embarcarlos para Montevideo han cumplido con su deber”. Marini compara la tarea de Brasil y Chile, que ya habían designado sus planteles, y remarca la necesidad de la “vigilancia del entrenador y adiestrador”.
¿No era que antes los técnicos no existían? La cuestión es que Juan José Tramutola era el «profe», aunque un poco despectivamente le decían masajista. Si bien en muchas recopilaciones figura como integrante de una dupla técnica del equipo en el Mundial de Uruguay, en realidad fue solo Francisco Olazar, quien ya había estado en ese cargo en el Sudamericano de 1929. La nota, justamente, está acompañada por una foto de Olazar.
La otra discusión que hubo por esos días fue si el equipo debía estar representado sólo por jugadores que actuaban en el torneo de Primera División de la Asociación Amateurs o había que darle lugar a “elementos del Interior”. Dice el diario: “En Rosario tenemos guardavallas; en Santa Fe y Córdoba, dos buenos backs; en Tucumán, un half y un insider que no se pueden discutir; y en otras provincias hay también elementos que la Amateurs, por órgano de sus oficinas, debe conocer e incluirlos en el equipo”.
Aficionados festejando tras la victoria de Uruguay en la final de la Copa Mundial de Fútbol el 30 de julio de 1930 en el Estadio Centenario, en Montevideo. Foto: EFECon este panorama, recién el 25 de mayo, en un encuentro por la Copa Newton con Uruguay, hubo una primera selección de la que quedó afuera Bernabé Ferreyra, de Tigre, futura estrella millonaria. Las discusiones sobre la elección de jugadores de otras ligas continuaron hasta los días previos al viaje. El más perjudicado fue el tucumano Alberto Fassora; había sufrido paludismo, aunque estaba bastante recuperado. A pesar de los pedidos de todo el mundo futbolístico y del propio jugador, los dirigentes no dieron el brazo a torcer. El único “del interior” que estuvo en el plantel de 1930 fue Alberto Chividini, que pertenecía a Central Norte de Tucumán.
La falta de entrenamiento también fue una preocupación, tanto que antes de partir hacia Montevideo hubo un entrenamiento en la cancha de Sportivo Barracas al que concurrieron apenas cinco jugadores y ni siquiera fue Olazar, el técnico. Después, el tema se encarriló un poco cuando llegaron a Uruguay y se instalaron en La Barra de Santa Lucía. El primer subcampeón de la historia, a 60 días del puntapié inicial, no tenía el equipo armado.
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