Qué pasa cuando la depresión es un lenguaje que utiliza el cuerpo para pedir ayuda

Qué pasa cuando la depresión es un lenguaje que utiliza el cuerpo para pedir ayuda

La depresión suele asociarse de manera casi automática con un problema psicológico o psiquiátrico y se acostumbra a consultar directamente con estos especialistas.

Sin embargo, conviene saber que numerosas enfermedades médicas pueden manifestarse inicialmente -y a veces exclusivamente- como un cuadro depresivo.

En estos casos, tratar solo el estado de ánimo sin investigar posibles causas orgánicas puede retrasar diagnósticos.

El cerebro no funciona aislado del resto del organismo y es un órgano altamente sensible a cambios hormonales, metabólicos, inflamatorios y neurológicos. Por eso, la depresión puede ser la primera forma en que el cuerpo expresa una alteración clínica, incluso antes de que aparezcan síntomas físicos claros.

Entre las causas médicas más frecuentes se encuentran los trastornos de la glándula tiroides -el hipotiroidismo en particular- que simulan una depresión típica.

Las anemias, especialmente las vinculadas al déficit de hierro o de vitamina B12, son otra causa frecuente. La menor oxigenación de los tejidos -incluido el cerebro- genera apatía, irritabilidad, fatiga persistente y sensación de “mente nublada”, que fácilmente se interpreta como una depresión primaria.

Las enfermedades inflamatorias y autoinmunes pueden debutar con cambios del estado de ánimo.

La artritis reumatoidea, el lupus, esclerodermia, psoriasis, los trastornos intestinales inflamatorios o infecciones crónicas se pueden presentar inicialmente como depresión, sin dolor ni signos específicos en etapas tempranas.

Las alteraciones metabólicas, como la diabetes mal controlada, los trastornos electrolíticos, la insuficiencia renal o hepática incipiente, pueden expresarse con desgano, fatiga, irritabilidad y enlentecimiento cognitivo.

De modo similar, diversos medicamentos de uso habitual -antihipertensivos, corticoides, tranquilizantes, analgésicos o fármacos hormonales- pueden inducir síntomas depresivos.

Un capítulo relevante es el de las enfermedades neurológicas. El inicio de Parkinson o demencias en fases iniciales suelen comenzar con depresión, apatía o cambios de personalidad, sin signos neurológicos evidentes de comienzo.

También el cáncer puede manifestarse tempranamente a través del estado de ánimo. En algunos tumores -como los de páncreas, pulmón, tracto gastrointestinal, hematológicos o cerebrales- la depresión puede ser el primer síntoma que precede al diagnóstico por meses por los efectos biológicos de la enfermedad.

En especial, en personas mayores, sin antecedentes psiquiátricos, que no responden bien al tratamiento antidepresivo o que se acompaña de síntomas como pérdida de peso, anemia, sudoración nocturna o dolores inespecíficos, debería motivar una evaluación clínica completa.

El primer paso ante un cuadro depresivo debería ser la consulta con el médico clínico para descartar causas orgánicas mediante una historia clínica cuidadosa, el examen físico minucioso y estudios complementarios amplios.

Esto no reemplaza al psiquiatra, sino que ordena el proceso diagnóstico y evita tratamientos innecesarios o incompletos ya que, en algunos casos, la depresión no es una enfermedad en sí misma, sino el lenguaje con el que el cuerpo pide ayuda.

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