¿Quién está ganando la guerra de Ucrania?: China | Internacional

¿Quién está ganando la guerra de Ucrania?: China | Internacional

Ni Rusia ni Ucrania están ganando el conflicto enconado por la injustificada e intolerable agresión rusa. El balance para Europa y Estados Unidos tampoco es favorable. Hay un actor, sin embargo, para el cual el resultado geopolítico es positivo: China.

Rusia lanzó hace cuatro años la invasión a gran escala del país vecino con varios objetivos estratégicos: subyugar el país vecino, reavivando así su proyección imperial y sofocando un incómodo despertar democrático en un país hermano; frenar la ampliación de la OTAN; reestablecer en el mundo un prestigio fundado en el miedo; resquebrajar a la UE. Ninguno de ellos se ha conseguido. Ucrania no ha sido subyugada, los avances territoriales son mínimos, a un coste espantoso para Rusia en términos de vidas humanas y grave en términos económicos, mientras la identidad ucrania y su voluntad de independencia se han reforzado. La OTAN se ha ampliado incorporando a Finlandia y Suecia. Rusia no goza de prestigio ninguno, y está en posición de total subordinación a China, de la que depende; la UE, pese a dificultades y fricciones, no se ha resquebrajado. Moscú sí tiene un gran activo en este momento: la creciente separación entre EE UU y Europa. Pero esta no es fruto de su ofensiva militar, sino un fenómeno independiente, aunque por supuesto tenga repercusiones positivas para ella en el conflicto. Nada descarta que pueda acabar ganando, pero no es este el caso ahora.

Ucrania tampoco gana. Ha resistido heroicamente a la embestida, y pudo recuperar terreno de forma asombrosa en la primera fase de la gran invasión. Inflige a Rusia más bajas de las que sufre y ha sabido adaptar su industria a las nuevas exigencias. Cuenta con el persistente apoyo europeo pese a la espantada de Trump. Pero el ataque ruso causa inmensos daños al país, la moral está sometida a durísima prueba, casos de corrupción debilitan al valiente Zelenski y, aunque en cantidad reducida, sus tropas han perdido terreno en la última fase del conflicto.

EE UU sufre en este conflicto un grave desgaste. No es aquel por los fondos invertidos en la etapa Biden para apoyar a Kiev, sino la demolición de la confianza de todos sus aliados en la credibilidad de Washington. No solo EE UU ya no asume ningún esfuerzo en un conflicto en el cual sus aliados históricos se juegan tanto, sino que directamente hace planteamientos que, por razones de difícil entendimiento bajo parámetros de interés nacional, trata con extraordinaria benevolencia al agresor. Todo el mundo toma nota.

Europa, por supuesto, tampoco tiene un balance positivo. Sostiene ya en solitario el peso económico del apoyo a Kiev y debe invertir en defensa propia fondos que podrían ir a fines constructivos —aunque disuadir agresiones es el cimiento de cualquier construcción—. Hay un cansancio, hay fricciones políticas.

China es el gran actor que no sufre desgaste y extrae ventaja de las tribulaciones de los demás. Pekín es la fuerza que mantiene en vida la bárbara agresión rusa. Sin el oxígeno tecnológico y comercial que insufla en Rusia, el Kremlin no podría seguir. Lo hace para mantener de pie un socio relevante en el desafío a la primacía occidental y porque tampoco le viene mal que Europa se desgaste en sostener la defensa de Kiev, en vez de dedicarse en paz a ser un buen competidor industrial o tecnológico. Por este camino China obtiene una Rusia muy sometida a sus designios —y es para evitar esta situación problemática que el Kremlin sueña con salir del rincón triangulando con la Casa Blanca—. A cambio de su apoyo, extrae de Rusia claros beneficios, sean hidrocarburos baratos, know-how en materia de invasiones o acceso fácil para sus productos a un mercado interesante. El espectáculo de unos EE UU acomodaticios con un país que ellos tienen en puño, que lleva adelante unas infructuosas negociaciones con representantes no cualificados para ello y que protagoniza llamativas idas y venidas en toda la gestión son un activo comparativo para China.

Mientras todos se desgastan, China prosigue su camino, con su hipócrita equidistancia retórica —respeto a soberanía e integridad territorial pero también tener en cuenta inquietudes de seguridad— mientras en los hechos apoya al agresor, y avanza en la consolidación de su fortaleza. Supo repeler la embestida arancelaria de Trump, en gran medida gracias al extraordinario poder que le concede el control de las materias primas estratégicas. Cada mes que pasa con la hemorragia rusa, con los esfuerzos y los nervios europeos en un continente desestabilizado, con los bandazos e ineficacia de EE UU ante la mirada del mundo, es un mes en el cual saca una ventaja comparativa con respecto a los demás trabajando ingeniosa y eficazmente en un entorno estable. China afronta serios problemas, entre ellos el demográfico, pero la guerra en Ucrania la pone en una situación favorable con respecto a los demás.

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