El economista Alfredo Serrano Mancilla definió el escenario actual como un “gran desorden geopolítico” en el que “nos cuesta encontrar categorías que ordenen lo que viene pasando”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), sostuvo que estamos ante una etapa “confusa, caótica y difícil de entender con un marco racional”, marcada por lo que denominó un “cualquiercosismo” de los líderes globales. “Estados Unidos tiene una gran capacidad para destruir militarmente lo que quiera, pero una gran incapacidad política para construir cualquier alternativa”, afirmó. También advirtió sobre el impacto local de los conflictos internacionales y cuestiona la falta de debate público en la región.
Alfredo Serrano Mancilla es economista, académico y consultor político español. Posee un doctorado en economía por la Universidad Autónoma de Barcelona y ha realizado instancias postdoctorales en universidades de Canadá y Francia. Se director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, asesorado a diversos gobiernos y líderes de la región, incluidos Argentina, Venezuela y Bolivia. Es autor de varios libros, entre los que se destaca América Latina disputa y El pensamiento económico de Hugo Chávez.
Hacenos un balance de lo que viene sucediendo en América Latina y en el mundo. Desde la captura del presidente de Venezuela, la crisis hoy con Irán e Israel y, al mismo tiempo, el hecho de que Irán haya enviado misiles con el rostro del presidente español, lo que también genera una especie de triangulación de América Latina y España en el medio de Trump.
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Estamos asistiendo a un gran desorden geopolítico donde quizás no nos cuesta, en este mientras tanto, encontrar categorías que sistematicen, que ordenen lo que viene pasando. Además, a ese desorden, como han pasado en diferentes momentos de la historia, siempre hay puntos de inflexión donde nos encontramos en ese mientras tanto desordenado, donde se empiezan a recolocar las fichas, donde los viejos esquemas no funcionan.
Yo creo que estamos asistiendo a eso, por eso es confuso, es caótico, es difícil de entender con un marco racional los pensamientos, las alocuciones de ciertos liderazgos mundiales. Yo creo que el caso de Donald Trump estamos llevando a la máxima potencia una suerte de cualquiercosismo. Es capaz de decir que la guerra terminó, que la guerra continúa, que ahora me siento en Ginebra pero mañana te bombardeo, ahora vuelvo a ganar pero vamos a intentar negociar.
Es complejo. Con el caso venezolano, ahora Delcy Rodríguez es una presidenta encargada maravillosa; hace dos días no lo era. Creo que ese tipo de cualquiercosismo, por decirlo de una manera muy coloquial, esa suerte de desorden mundial, creo que nos provoca gran confusión, gran desafío político e intelectual para darle cierto marco racional.
Yo, cuando escucho a presidentes como Milei, Donald Trump u Orban, por citar algunos, realmente me cuesta entenderlos; hago un esfuerzo por entender qué están diciendo y es complejo entender qué están diciendo. Y esto evidentemente está ocurriendo al calor de continuos bombardeos. Yo creo que no podemos dejar de mirar a los constantes… a esta nueva… eso sí que me parece que es una primera conclusión, a esa forma de hacer política exterior a través del bombardeo.
La irritación de Adorni solo expone su debilidad
Yo, si tuviera que decir lo único casi claro que tengo a estas alturas del partido, es que Donald Trump, el gobierno de Estados Unidos tiene una gran capacidad para destruir militarmente lo que quiera, pero una gran incapacidad política para construir cualquier alternativa. Y en ese dilema, en destrucción, capacidad infinita por la vía militar, e incapacidad de construir políticamente nada, ya sea en Venezuela o sea en Irán, creo que estamos realmente desconcertados y preocupados, porque quizás no le damos la importancia que tiene a este bombardeo, a esta nueva guerra mundial que estamos viviendo a día de hoy, probablemente porque nos agarra a muchos kilómetros.
¿Cómo repercute esto en España y en Latinoamérica?
En España es muy interesante porque el fenómeno del no a la guerra, que es una posición política, es una posición de principios, de valores, es mayoritaria en la sociedad española. De hecho, pasó incluso en los momentos de oponerse a cuando el presidente Aznar llevó a España a otra guerra, con un montón de problemas legales y con mentiras respecto a las armas de destrucción masiva que después se fueron demostrando con el tiempo.
Esa suerte de imaginario, de sentido común no bélico, no a la guerra, está muy presente. Y hoy en día el presidente español Pedro Sánchez, pues apoyado por muchos otros partidos, incluso la derecha está incómoda en esa posición que no acaba de decir ni lo uno ni lo otro.
Creo que se ha convertido en un cierto liderazgo fuerte que además, en términos de coyuntura local, le puede favorecer para poder enfrentar el nuevo ciclo político electoral que está a la vuelta de la esquina en España. Y yo creo que el “no a la guerra” es muy interesante como número.
Y ahí, en contraposición, sí me preocupa y me llama la atención la ausencia de ese “no a la guerra”, valga el juego de palabras, que se está dando en la región. Dicho de otro modo: hay una suerte de ausencia de banderas de “no a la guerra” en América Latina, y no sé si es porque la ciudadanía está en otra, porque los líderes están en otro, porque los medios de comunicación están en otro, mayoritariamente, siempre hablo. Porque me parece que es un tema global que tiene efectos locales. No podemos hoy en día disociar lo global de lo local. Hay un término que lo explica muy bien como lo “glocal”, que siempre combina lo uno con lo otro.
Karina Milei, el origen de todos los pecados
A mí me parece que, pienso en Argentina, me llama la atención que, con una población siempre con una mirada internacional importante, no exista una suerte de presencia latente, ya sea en las calles, en las redes, en los medios de comunicación. Los liderazgos están hablando todo el tiempo de lo que pasa con Adorni, que efectivamente es preocupante para la moral de un país, pero también es exactamente lo mismo que el señor presidente Javier Milei se quiera sumar a una guerra de una manera ferviente y además sin capacidad.
Pongo el caso Argentina, pero podría plantearlo esto en casi toda la región latinoamericana. Siento que hay mucho ombliguismo: estamos muy metidos en unas internas que nos ocupan mucha atención, pero nos estamos despreocupando de cosas que, insisto, van desde los precios del petróleo hasta una pregunta que nos hacemos: ¿qué civilización queremos?, el que podamos bombardear cuando estamos en desacuerdo.
Yo creo que hay temas tanto tangibles como los precios, como las convicciones, que me parece que en América Latina, a mí al menos en estos días me está faltando un poco más de debate público respecto a este tema geopolítico que tiene repercusión.
En el caso de Argentina en particular, distinto del resto de Iberoamérica, incluso España en esto, Argentina tuvo dos ataques asignados a Irán, que es la embajada y AMIA, por lo que desde el punto de vista de la mayoría de la sociedad considera Irán un régimen deplorable. Por lo que supongo que eso también juega un papel en el “no a la guerra”. Probablemente, si la guerra fuera con un país con el que Argentina no tuviese ninguna beligerancia previa, el pacifismo hubiese aflorado.
En este caso creo que hay, consciente o inconscientemente, un rechazo a Irán de una parte importante de la población argentina. Y el segundo punto tiene que ver con el alineamiento económico del presidente Milei con Trump, que por miedo a que la situación económica argentina padeciese consecuencias negativas, no es por amor sino por miedo que se plantea una especie de negación a cualquier crítica que pueda significar una pérdida del apoyo financiero de Estados Unidos.
Pienso que la combinación de esos elementos crea esa circunstancia. Ahora, distinto sería en Brasil, por ejemplo, Brasil de Lula, que además se enfrenta por primera vez a la situación de la primera encuesta que coloca a Bolsonaro por arriba de Lula. Me da la sensación que ahí sí la situación es de otra índole, es probablemente cierto corrimiento de la sociedad latinoamericana hacia posiciones más de centro y centro derecha.
Yo creo, que además comparto lo que explicas respecto a Irán, pero me parece que la política es explicar los matices. La responsabilidad de los que a veces opinamos en los medios de comunicación, de la dirigencia, de la gente en la calle, en el barrio, el “no a la guerra” no es defender el régimen de Irán.
Yo creo que combinar, de una manera con un atajo quizás maniqueo, en una misma coctelera, el estar en contra, el no comulgar, cada uno puede tener la posición, y entiendo perfectamente cómo esa herencia de lo ocurrido en la Argentina puede afectar en el imaginario mayoritario, y me parece que además comparto.
Lo que sí es cierto es que el “no a la guerra” es una discusión de geopolítica, una discusión de ética, una discusión de moral, una discusión de convicciones. Y es que, cuando tú consideras que ese régimen con el que no estás de acuerdo, que lo consideras hasta deplorable, te da el derecho a llegar a bombardear de la manera que lo está haciendo Donald Trump, por afuera de la legalidad internacional, matando a niñas inocentes en escuelas, llevando esto hasta las últimas instancias.
Los valores de Milei ¿en retroceso en Occidente?
Creo que si la política se calla considerando que un régimen, insisto, no estás de acuerdo con él, y esto legitima, excusa, justifica o incluso eres cómplice por silencio de esta forma de hacer política exterior, a mí me parece que estamos confundiendo el peras con manzanas. Efectivamente puede ser un límite, pero yo creo que la política tiene que, a veces, discutir contra ciertos límites.
En el caso brasileño todavía me lo pones mejor; en el caso mexicano, lo que también es cierto es que incluso en términos de alianza, incluso se puede dar una situación bastante contradictoria: igual que Javier Milei fue salvado por la campana con una ayuda económica de Donald Trump en las elecciones legislativas intermedias anteriores, puede ser que esté hundido por la campana si Donald Trump acaba perdiendo las legislativas de medio término en Estados Unidos en noviembre, cosa que por ahora la sociedad norteamericana no es que esté mirando con buenos ojos en esta guerra en la que se ha metido.
Yo creo que cualquiera que conozca algo de historia universal, minusvalorar y ningunear lo que implica ir en contra de Irán, con los aliados que tienes en ese mundo…Por eso digo que lo de Javier Milei, incluso, me parece que en términos de alianzas puede acabar arrastrado por esta suerte de abrazo del oso.
En el caso de Donald Trump, insisto, si en noviembre las elecciones de medio término pueden darle un revolcón al caso de Trump, y a día de hoy las encuestas están poniendo al menos esa posibilidad… yo soy muy prudente con el tema de asegurar nada; las bolas de cristal se las regalo al Fondo Monetario Internacional. Prefiero ser más cuidadoso en plantearlo como un escenario.
Estuviste en la Argentina, estuviste fuera de la Argentina, fuiste y volviste. ¿Te encontraste con diferencias en el humor social y la relación de la sociedad con el presidente Milei?
Sí. De hecho, ahora que estuve un tiempito afuera de Argentina, porque fui papá no hace mucho y estuve en España allá un tiempito, sí siento que la situación de hartazgo mayoritario en la sociedad crece. Crece cuando uno va en el día a día; la paciencia tiene el límite de lo que marca la ausencia de comida, la ausencia de llegar a mitad de mes. O sea, la paciencia de la sociedad siempre está en el límite de la realidad cotidiana, de cuando no tiene cómo resolver un problema cotidiano en salud, en educación y en no llegar a mitad de mes.
Además, se le van acumulando capas de deterioro en su credibilidad, en su confianza, en eso de lo que él presume de la ética y la moral. No es uno, no es el caso Adorni por sí solo el que le puede cercenar y erosionar, sino es el cúmulo: desde el narcocaso, Espert, hasta el caso de las coimas del 3%, jugando con el tema de los discapacitados, el tema del caso Libra, el tema de Adorni, este acumulado unido, y ahí es donde viene el problema.
En una realidad económica que no mejora; nosotros medíamos estos días pasados en el CELAG Data el dato de pobreza, y cuando tú miras la pobreza real, no la que mide el INDEC, que a mí me llama la atención que nadie le diga al INDEC por qué no considera el gasto en alquiler en la medición de la pobreza.
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Yo no termino de entender cómo no existe un debate público exigiéndole al INDEC que, por cierto, calcula el gasto en alquiler y lo estima con un 20% de la población argentina, probablemente subestimado porque hay otros estudios que plantean el 40 o el 50, pero incluso siguiendo las pautas del propio INDEC, si uno le incorpora a la pobreza calculada por el INDEC el gasto de alquiler y actualiza los famosos ponderadores, que tienen pautas de consumo del año 2004-2005, y los coloca en el 17, no en el 25, solo en el 17, la pobreza real en Argentina no es el 20% que dice el INDEC, sino el 39%.
En términos de personas, el 48%. Y si miramos la gente que está por encimita de esa línea de la pobreza, estaríamos cerca de las tres cuartas partes de la sociedad argentina. Hoy en día estamos asistiendo a una transformación subterránea del día a día de la gente. No es de hace tres años, pero sí se ha acelerado y se ha profundizado.
Yo creo que esto es lo que hace que la gente esté harta de todo: ¿sabés cuánto suma la inflación acumulada en los últimos 54 meses en la Argentina? Pongo el mismo periodo de Milei y de Alberto Fernández para que sea muy justo: el 2000%.
¿Sabés lo que es que los precios hayan cambiado en 54 meses el 2000%? Que el precio de la leche haya pasado de 300 o 400 a por encima de 1700, 1800. o siempre recuerdo a Álvaro García Linera, que me dice que el precio es la variable social más importante en cualquier sociedad porque todo el tiempo nos relacionamos con ella.
Bueno, eso es lo que yo creo: que en la sociedad argentina empieza a haber cansancio, hartazgo de un Javier Milei que vino a resolver cosas, no las resolvió y que además hoy en día lo único que ha hecho es ordenar un poco a la casta y a ciertos poderes económicos que los ha colocado cercanos a él.
Y si miras las cifras, en términos ya más de encuesta, fíjate que el promedio de todas las encuestas, y yo monitoreo todas las encuestas publicadas en la Argentina de cualquier signo ideológico, rigor y lo que sea, el 37% es hoy en día la aprobación de la gestión de Javier Milei en el último mes, insisto, con el promedio móvil de todas las encuestas. Eso significa que está empezando a erosionar hasta su propia base.
Y ahí es donde yo creo que se abre una pregunta hacia adelante, y es cuál es el grado de tolerancia del votante de Javier Milei en la corrupción y en el mal vivir de la sociedad argentina. Yo creo que es una pregunta que la vamos a ir resolviendo en este año 2026.
RM










