«Si fuera homosexual, lo diría sin problemas»

«Si fuera homosexual, lo diría sin problemas»


Dice que vive la vida intensamente y con felicidad. Se levanta bien temprano, hace su programa en Radio Rivadavia, participa de la reunión de producción de Telenoche, vuelve a su casa para estudiar alguno de los seis idiomas que domina, luego toma alguna clase de piano, realiza actividad física y más tarde vuelve a Canal 13 para hacer en vivo el noticiero.

Y a pesar de lo vertiginoso, agradece a la vida tener buen humor desde el momento en que se despierta.

Nelson Castro, médico neurólogo y reconocido periodista, escribió exitosos libros sobre la salud de los presidentes y los papas. Alguna vez quiso jugar al fútbol y desistió en el camino.

Junto con Dominique Metzger, su compañera en Telenoche, el mes pasado en la entrega de los Martín Fierro. Ganaron en el rubro Mejor Noticiero nocturno. Foto: Pedro Lázaro Fernández.

Luego fue periodista deportivo, se dedicó a la medicina hasta que otra pasión, la de los medios de comunicación, le ganó la pulseada. Concertista de piano y guitarra, quiso también entrar al Teatro Colón. Suele deleitarnos en redes, de tanto en tanto, con algunos de sus videos como músico o director de orquesta.

-La primera frase de Dante en La Divina Comedia dice: “A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba…”. ¿Y usted cómo se encuentra parado hoy en su vida?

-(Repite exacto algunos versos de ese comienzo) Y a mí lo que me inspira, además de Dante, es el concepto del enfrentamiento de la adversidad. Yo tengo una frase que siempre uso, me la enseñó un maestro hace ya cincuenta años: la vida está hecha de problemas y éstos están para ser solucionados.

-¿Y cómo está siendo el camino, entonces?

-Mi vida comenzó en el medio de la adversidad. Yo tuve, cosa que por supuesto no lo supe, me lo contaron mis padres, una enfermedad muy grave, una erisipela gangrenosa que generó estas cicatrices de aquí (señala su cara), y complicada después con una meningitis, así que estuve en coma, a punto de morir, me dieron la extremaunción. Mi vida, entonces, comenzó en un contexto de adversidad. Y yo agradezco porque eso define la personalidad. Nadie que no tenga capacidad de enfrentar la desgracia puede aspirar a tener un éxito real en la vida. Así que a mí la adversidad me define mucho y me estimula mucho.

-Claro, ese hecho se lo relataron sus padres, que la habrán pasado muy mal…

-Sí, sí. Me pasó una cosa muy interesante: cuando fallecieron mis padres y cuando estaba haciendo la mudanza, buscando cosas hace unos cuatro años, encontré un librito que debería haber sido el libro del bautismo, y era el de la extremaunción. Es decir, el lugar donde el sacerdote dejó escrito que fue a ver a un bebé muy enfermo y esperaba que, cuando se curara, pudiera hacer el bautismo en la iglesia. Fue una cosa así muy shockeante. No había visto nunca esa libreta. Mi mamá y mi papá no me la habían mostrado jamás.

El año pasado, Nelson Castro ganó el Martin Fierro de Oro en Radio. Foto: Marcelo Carroll.El año pasado, Nelson Castro ganó el Martin Fierro de Oro en Radio. Foto: Marcelo Carroll.

-¿Cómo se sintió en ese momento al leer algo tan impactante en su vida?

-Muy conmovido. Lo que me habían contado lo viví en su dimensión justa. ¡Y la descripción del hecho! El cura hace un relato del momento muy periodístico y conmovedor.

-¿La adversidad lo hizo más resiliente?

-Por supuesto que sí. Yo estudio mucha poesía como ejercicio de memorización, y hay una gran obra de Andrés Fernández Andrade, que es La epístola moral, y dice sobre la vida: “Esta invasión terrible e inoportuna de contrarios sucesos nos aguarda desde el primer sollozo de la vida”. La vida tiene momentos muy buenos y otros no tanto. Y uno tiene que tener la capacidad para enfrentarlos, porque eso te forja la personalidad, el temple, y es algo que hay que transmitirle a la gente.

-¿En algún momento se sintió invencible de chico por lo vivido?

-(Piensa) Es interesante eso, ¿no? Porque me sentí siempre muy seguro de mí mismo. Yo le agradezco a la vida tener ese temple para enfrentar las cosas y, sobre todo, para entender al otro en su lógica. Me pasó también en mi carrera médica. Algo no salió como quería, pero no hay mal que por bien no venga. Tengo esa interpretación porque en los momentos muy difíciles de mi vida, lo que vino después fue efectivamente mejor. Yo siempre lo transmito con mucha humildad.

Nelson Castro en 1962, en una foto escolar. Fue alumno de la escuela Nuestra Señora de Luján, de Villa Pueyrredón.Nelson Castro en 1962, en una foto escolar. Fue alumno de la escuela Nuestra Señora de Luján, de Villa Pueyrredón.

-Además, quizás hay cicatrices internas que pudieron quedar, ¿no?

-Sí, por supuesto. Uno frente a la realidad puede hacer un montón de cosas. Si te enojás y creés que todo es la culpa del otro, y por lo tanto vivís como víctima, no te sirve. Por lo menos en mi vida, eso no ha dado resultado. Yo agradezco mucho no haberme quedado en la víctima.

-¿Cómo es, ahora, su relación con la muerte?

-No le temo. Además, el haber hecho la carrera médica te curte para enfrentar la muerte, ¿no? Por supuesto, uno no quiere el dolor, el sufrimiento, nadie lo quiere. Pero yo no le temo a la muerte, soy una persona de fe. Estoy convencido de que hay algo, que no sé qué es, distinto, como dice Jorge Luis Borges, del otro lado del ocaso. Le temo sí a la decrepitud. Siempre le pido a Dios no sufrirla.

-Me decía que usted es una persona de fe y pensaba en todas las entrevistas que le hizo al Papa Francisco. ¿Tiene algún vínculo con la Iglesia?

-No tengo un vínculo estrecho porque soy muy crítico de muchas cosas de la Iglesia Católica. Sí, yo voy a misa todos los domingos. Voy como necesidad. No es que voy porque tengo que cumplir el precepto, lo hago porque lo siento, ¿sabés? Y cuando alguna vez no puedo ir por equis cosa, siento ese vacío. Agradezco mucho tener fe, porque a mí me da una perspectiva distinta de las cosas. Y eso alguna vez lo hablé, sobre todo con el Papa Francisco, a quien admiré y con quien tuve un vínculo de cercanía que no había tenido cuando era Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires.

En 2021, Nelson Castro le entrega al Papa Francisco la edición italiana de su libro "La salud los Papas", que presentó ese año en Roma. Foto: Vatican Media.En 2021, Nelson Castro le entrega al Papa Francisco la edición italiana de su libro «La salud los Papas», que presentó ese año en Roma. Foto: Vatican Media.

-¿Y en esa relación hubo algún quiebre interno que lo llevó a volcarse más a la fe?

-No, no. Hubo una confirmación. Fue una cosa muy particular, porque haber sido el primer periodista en la historia del papado que entrevistó a un papa sobre su salud es una cosa que hoy me parece mentira. (Medita) Todo esto, en definitiva, es tener valores en la vida, el preocuparse por el otro, el valor del prójimo. Me aleja de la envidia, la vanidad, todo eso.

-Volviendo a su nacimiento y la enfermedad. ¿Cree que todo eso que vivió lo llevó después a estudiar medicina?

-Seguramente eso debe de haber tenido que ver, porque obviamente yo lo viví, tuve siete operaciones, así que mi infancia transitó por los hospitales. Mirá, siempre me acuerdo de cuando yo tenía cinco años y estaba en el hospital Castex, donde me salvaron la vida. A esa edad me hicieron la cuarta operación. Recuerdo haber estado ahí llorando tres o cuatro horas. Viene quien me operó luego y me salvó, y lo escucho decir: “A este chico hay que operarlo hoy porque se muere”. No me lo olvidé nunca más. Así que, seguramente, esas cosas tuvieron que ver con la decisión de estudiar medicina, que fue una vocación que, junto con el periodismo, surgió muy, muy temprano en mi vida, a los 11 años.

Nelson Castro en sus épocas de periodista deportivo, entrevistando en la cancha a Armando Capurro y al Toto Lorenzo. Foto: Álbum personal.Nelson Castro en sus épocas de periodista deportivo, entrevistando en la cancha a Armando Capurro y al Toto Lorenzo. Foto: Álbum personal.

-¿Y cómo es usted como paciente?

-Me cuido. Tengo 70 años y le agradezco a la vida haber llegado en este estado de salud. Yo hago actividad física todos los días. No tengo que hacer un esfuerzo para cuidarme. Tengo una vida sana, higiénica, feliz por mi trabajo, eso también ayuda mucho a la salud, como sano, me cuido…

-Hablando del mundo médico. ¿Le gusta que le digan doctor? Porque hay algo de usted que genera mucho respeto…

-Sí, sí, genera. Cuando me tratan así, les digo: “Soy Nelson”. Si en alguna parte te tratan así, bueno… Intenté infructuosamente cambiarlo, pero me dicen: “No, doctor”. Me gusta relacionarme con todos sencillamente y me gusta tener una vida muy normal. Yo, también como un elemento de salubridad mental, hago los mandados y a veces me pasa de estar haciendo la fila y que la gente diga que cómo voy a estar ahí. No me gusta utilizar la notoriedad como instrumento de privilegio.

-Y esta amabilidad suya, ¿de dónde viene?

-Bueno, seguramente viene de mi casa. Mi casa era muy simple…

-¿Sus padres fueron así?

-Fueron así. Nunca escuché una mala palabra. Todo buen trato. Así que yo eso lo valoro, ¿no? (Piensa) Seguramente el carácter también tiene que ver… Soy una persona firme en mis convicciones, pero absolutamente consciente de escuchar al otro, de ser tolerante. Y eso me hace muy bien, me hace la vida muy simple.

-¿Y cómo fue la relación con sus padres?

-Muy buena. Mi papá era una persona muy sencilla, carpintero de oficio, y mi mamá trabajaba en casa. (Piensa) Ellos siempre confiaron en mí, ¿sabés? Y les agradezco que no me dieron… una vida de sobreprotección. Eso de “pobrecito, le pasó esto”, sino que me llevaron hacia una vida normal. Fui a un gran colegio católico donde me trataron como a uno más. Mis compañeros fueron unos fenómenos. Hoy, en este tiempo de bullying y demás, puedo decir que jamás nadie se refirió a mí en términos despectivos. Pero mis padres confiaron en mí y lo valoro mucho.

-¿Cómo canaliza sus sufrimientos?

-Mirá, los canalizo aceptándolos. Además de la fe, ¿no? Aceptándolos y teniendo esta idea de que los tengo que superar. Yo tengo esa visión de no quedarme en el mal momento que estás viviendo. Y me han tocado etapas de mucho sufrimiento. Me tocó la enfermedad de mis padres, que fueron diez años tremendos, tremendos… Dios me dio el regalo de poder cuidar a mi mamá y a mi papá, que vivieron enfermedades muy duras. Me acuerdo de que, cuando lo fui a entrevistar al Papa para hacerle el reportaje para el libro, antes de empezar, me dice: “Nelson, sé que su mamá y su papá fallecieron este año y sé que usted los cuidó. Usted no sabe el regalo de la vida que es eso”.

-¿Alguna vez hizo algún proceso psicoterapéutico?

-No, nunca lo necesité. Como médico lo indiqué muchas veces. Así que agradezco haber tenido las herramientas para manejar las crisis.

Dios me dio el regalo de poder cuidar a mi mamá y a mi papá, que vivieron enfermedades muy duras. Fueron diez años tremendos, tremendos…

-O sea, ¿no hubo ni un momento?

-¿Y no le genera curiosidad la terapia?

-Me genera, sí. Pero digamos que como médico, además haciendo neurología, la he indicado y la recomiendo hoy día y es muy útil, así que estoy a favor. Seguramente encontré respuestas en la fe, en mi temple, para poder superar los malos momentos.

-¿Hay algún tema que se resiste a tocar o a ver?

-Que lo viva como tal, no. Ni mis enfermedades, ni el momento de ansiedad, ni los momentos de angustia, todos los pude manejar. No me siento omnipotente. (Piensa) Nunca me sentí agobiado. Siempre estuvo ese temple para enfrentarlo.

-(Hace un silencio) Es interesante, ¿no? Soy muy autorreflexivo. Hay alguien muy sabio que es el padre Eduardo de Paola, un cura de Bariloche fenomenal. Acudo a él cuando me toca hacer una consulta. Otro es obispo, monseñor Alejandro Pardo. Y tengo también a Sebastián Sánchez, que es mi mano derecha, y muchas veces me dice: “Tenés razón, ojo con esto”. Junto con mi hermano, son las cuatro o cinco personas que me dan esa mirada… Mis sobrinos también, Yamila y Danielito, que son muy de estar ahí.

-Cuenta con herramientas: no todos pueden vivir ciertas situaciones de la vida sin ayuda o comprensión empática profesional…

-No, por supuesto. El sufrimiento en la familia es una prueba muy dura. El de uno ya es una prueba difícil, pero cuando lo ves en alguien que querés, te genera impotencia.

-Esto que cuenta sobre sus padres es de mucho amor. ¿Y vínculos amorosos en su vida? ¿Parejas?

-Sí, una vez. Yo estuve a punto de casarme en los Estados Unidos con una médica que lamentablemente falleció con el Covid. Teníamos un plan… Me hubiera encantado tener muchos chicos y bueno, se frustró. Yo me tuve que volver a la Argentina y ella no quiso venir. Sucedió cuando hice la beca, a mediados de los ochenta. Fue un flechazo a primera vista. Y eso ya no se repitió. Y habiendo estado enamorado, me dije: “Si no me pasa lo mismo, ya sé que no”. Y eso quedó. Me hubiese gustado tener una familia.

-Dijo que le hubiese gustado tener muchos hijos.

-Sí, sí, sí. Habíamos hablado de tener cinco chicos. ¡Cinco chicos!

Yo estuve a punto de casarme en los Estados Unidos con una médica. Fue a mediados de los ochenta. Yo me tuve que volver a la Argentina y ella no quiso venir. Fue un flechazo a primera vista.

-¿Y esa idea de ser padre le volvió a aparecer después?

-Mirá, es interesante porque… Si eso me hubiera pasado hoy, seguramente habría buscado ser padre solo. Lo ideal siempre es formar una familia, yo soy muy familiero. Pero si no, si hubiera existido esa posibilidad, no te digo cinco pero a lo mejor dos o tres hijos habría buscado.

-¿Y siente que, a lo mejor, fue por autosuficiencia? Eso de estar bien así, sin necesidad de alguien…

-No, no… Pero ese enamoramiento profundo que tuvimos nunca más lo volví a experimentar. No me volvió a pasar.

-¿Y percibe que, como figura pública, hay una observación externa sobre este tema?

-Ah, pero sí, mirá… Me pasó durante mucho tiempo, digamos. Hubo quien, queriéndome dañar por la cosa política, me trató de homosexual, lo que no era ningún problema, siendo como soy yo. Si lo hubiera sido, lo habría dicho, de la misma manera que digo lo de la cicatriz y como digo esto y demás. Así que sí, sí, eso estuvo presente durante un tiempo en los años noventa y en algún momento del kirchnerismo. Pero si fuera homosexual lo diría sin problemas.

-¿Entonces cerró la oportunidad para el amor?

-Yo soy muy realista, ya tengo 70 años, vivo con plenitud y… ¡me siento como si tuviera 40! Pero no. Entiendo los momentos de la vida. Pero ya fue y vivo feliz.

-Aparece en distintos momentos de su relato el vínculo con la fe. ¿Alguna vez pensó en ser sacerdote?

-Es interesante porque me lo dicen mucho. Algunos escucharon que alguna vez dije: “Mirá, podría serlo”. Así que, sí, sí, no sé si lo hubiera sido pero… Digamos que son valores, es importante tenerlos y estar convencido de eso y lo que te da. Por ejemplo, en las coberturas de guerra, yo siempre le escribía al Papa Francisco. En esta última no porque ya no vivía. Siempre viajaba seguro de que Dios me iba a proteger. Y los valores también, los valores te sostienen.

-¿Tiene vocación de ayuda?

-Sí. Me encanta dar. De la vida nos llevamos lo que damos y dejamos lo que tenemos. Me encanta dar (lo repite varias veces). (Silencio) También lo tomo como un don de la vida, poder dar y disfrutar dar. Borges dice: “Gracias por el valor de los otros”. Yo agradezco el talento de los otros y poder apreciarlo y valorarlo.

-¿Cómo le gustaría que lo recordasen?

-Como la persona que soy. Alguien sencillo, apasionado por lo que hace, agradecido a la vida. (Piensa) Enamorado y agradecido por haber sido lo que quiso ser.

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