“Si no escribo, me muero. Es así de simple»

“Si no escribo, me muero. Es así de simple»


Está sentada en una de las mesas del fondo de un coqueto café. Es fácil identificarla. Agustina Bazterrica está allí con lápiz en mano marcando las páginas de El entenado, de Juan José Saer, uno de sus escritores favoritos. El saludo la saca de ese mundo que visitó ya miles de veces. “Mirá –muestra el sinfín de anotaciones–. Cada vez que lo leo encuentro algo más”, dice la escritora argentina, nacida en 1974, y antes de cerrar el ejemplar hace una nueva marca. “Yo tengo un club de lecturas con amigas, una especie de ‘secta Saer’”, aclara con orgullo de pertenecer.

Con Agustina Bazterrica siempre vale la pena tener a mano una libreta o el celular para anotar cada libro, cada autor que con enorme generosidad recomienda. “Yo soy amiga de un montón de libreros que me recomiendan libros; me gusta porque muchas veces me insisten para que lea tal o cual libro –reconoce–. Son referentes, guías; son los que me dan esos textos que me inspiran, que me llevan por otros caminos, voy por acá, por allá”.

–¿Qué tipo de lectora sos?

–Insoportable. Muy minuciosa. Me pongo a pensar por qué elegí esta palabra, por qué la repetí tantas veces. A mí no sólo me interesa la trama sino el más allá. ¿Qué me está diciendo? Y eso es lo que hacen los clásicos. Por eso puedo leer El entenado y seguir encontrando sentidos. Y por eso me interesa trabajar mis propios libros desde ese lugar: con muchos silencios que están adrede, cosas que no se dicen para que el lector arme una hipótesis en su cabeza.

–En contra de lo que sucede hoy en series, cine y libros: darlo todo masticado.

–Lo peor que me podés hacer –y me indigna– es informarme las cosas. Quiero que me muestres y que no seas condescendiente. Hay muchos libros que cada cinco páginas te hacen un resumen de lo que ya leíste; lo hacen para “el lector distraído”. Yo no soy una lectora distraída y cuando esto pasa siento que me están tomando de idiota. Jamás trataría de hacer esto; se me puede escapar, pero no es la idea.

–Por lo que decís no pensás en el lector cuando escribís.

–Para nada. Es imposible. Si fuera así terminaría escribiendo un híbrido imposible de leer. Porque hay más de una mirada, hay una búsqueda. Yo voy hasta donde la historia me pide que vaya porque quiero que la historia sea verosímil.

–¿Te sugirieron, pidieron que explicaras un poco más?

–Sí. Me escriben o en alguna presentación o charla me preguntan: “¿Por qué no explicaste tal u otra cosa? ¿Por qué no continuaste con la historia? ¿Por qué no la hice más larga?” O marcan que faltan más detalles. Si la información no está, es adrede. Soy muy consciente de lo que me interesa a la hora de escribir; es lo que decía Umberto Eco en Obra abierta: que el sentido de la obra la complete cada lector y lo interesante es que cada lector lo va a hacer de manera diferente.

Literatura o muerte

Si no escribo, me muero. Es así de simple y así de contundente. Y no estoy recurriendo a una metáfora trillada y un poco dramática. Es literal”, confiesa Agustina Bazterrica en Literatura o muerte (Godot), el ensayo que publicó recientemente. “Tengo que decirlo: me encanta ser escritora acá, en Argentina; es un sueño –asegura–. Esta es la ciudad con mayor cantidad de librerías en el mundo. Tenés acceso a un montón de obras de distintos lugares del mundo que, por ahí, en los mismos países no conocen tanto. Pensá en las editoriales independientes, como Godot”.

En 2017 Agustina fue galardonada con el Premio Clarín Novela por Cadáver exquisito, texto que retrata una cultura que legaliza y regula el canibalismo para sobrevivir a una crisis global.

“Nunca imaginé todo lo que sucedió con la novela, ni que iba a ganar el premio, ni que iba a ser traducido. Presentarlo al concurso fue mi punto para terminar el libro –recuerda la autora que en varias oportunidades relató que su idea comenzó a gestarse en el restaurante de su hermano Gonzalo, quien es chef: ‘¿qué pasaría si nos comiéramos de forma literal?’ –. Me mandaron las bases y dije: ‘bueno, me pongo este objetivo para terminarlo’. Lo terminé diez días antes de la presentación. Lo corregí; pensé que iba a tener más tiempo. Todo lo que pasó después fue una sorpresa tras otra y sigue siendo una sorpresa tras otra”. La novela fue aclamada por los principales medios internacionales: The New York Times, The Guardian, The Wall Street Journal, The Washington Post, Le Monde y O Globo.

–¿A cuántos idiomas ya fue traducido?

–A treinta y dos. En su momento el premio Clarín le dio difusión; obviamente el premio no te garantiza que pase todo esto. Yo estoy súper agradecida porque me dio la oportunidad de publicar con Alfaguara, tener visibilidad, llegar a lugares impensados.

Entrevista a la escritora Agustina Bazterrica. Foto: Emmanuel Fernández.

–Como que Cadáver exquisito se leyera en las escuelas.

–Fui a más de 100 escuelas; las tengo todas anotadas en un Excel. A la primera fui porque me contactó un profesor por Twitter. Hablé en tantas y tan diferentes entre sí: fui a un colegio de monjas, al que no invitaban a ningún escritor; a una escritora, menos. Fui a instituciones estatales, privadas, “normalitas”, judías, católicas, de monjas, y he tenido experiencias alucinantes. Me regalaron obras de arte que tengo en casa, espectaculares.

–Sé que hubo muchos pedidos para que hicieras Cadáver exquisito 2, pero apostaste por una novela también brutal, pero con una narración diferente: Las indignas. Un culto de mujeres, sacrificios sin más justificación que la ceguera de la fe en un mundo posapocalíptico.

–Ahora estoy haciendo algo totalmente diferente. En estos días me junté con Liliana Díaz Mindurry, mi maestra; la conozco hace más de treinta años. La amo. Hicimos un Zoom porque ella está en España y me dijo, después de leer las primeras 140 páginas: “es una novela arriesgada y va a ser muy difícil de traducir”. Le contesté que no me importa porque mi búsqueda ahora es esta. Para mí el lenguaje es fundamental. No me da lo mismo escribir una historia con el mismo registro siempre, con el mismo narrador, con el mismo tipo de escritura. Y si no funciona, bueno, no funciona. Podés tener un libro que no funcione. Podés escribir un mal libro también.

–Que no funcione no quiere decir que sea un mal libro.

–Totalmente. Está lleno de libros que no funcionaron en su momento y después funcionaron un montón. A Liliana le dije que no iba a traicionar lo que me interesa para buscar el éxito comercial. Primero porque no hay garantías para eso. Y después porque yo nunca escribí para que me traduzcan o para ganar premios. Escribo y también lo digo en el ensayo: escribía así desde antes de saber lo que era ser un escritor. O sea, es parte de mi proceso vital. Con los años entendí que la literatura es mi fuerza vital; es el torrente que necesito para seguir respirando. Es casi un reflejo automático. Para mí, leer es el equivalente a inspirar, y escribir es expirar. Y si yo escribiera en busca solo del éxito me sentiría una traidora. A cada cosa que escribo le pongo cuerpo y cabeza. No podría dedicarle mucho tiempo a algo con lo que no comulgo.

–Poner el cuerpo: eso es algo que suelen hacer mucho tus personajes y vos a la hora de escribir.

–El cuerpo siempre lo atraviesa todo. En Las indignas cada palabra que aparece tachada en el texto está milimétricamente pensada, desde el sonido, todo. Y para la nueva novela –otra distopía– que transcurre en Buenos Aires estoy yendo a los lugares de los cuales hablo, saco fotos, observo. Estoy muy atenta porque el registro aquí, en esta novela, es totalmente diferente: es un narrador en primera persona y vos vas leyendo todo lo que piensa. Entonces todo es mucho más caótico porque es como un fluir de la conciencia, con recuerdos, constantes asociaciones y mucho insulto. Mucho porteño. No quiero decir la palabra “slang” porque es en inglés; trabajo con la jerga bien porteña.

–Sí, hice toda una investigación sobre los insultos argentinos. Si bien lo tengo incorporado porque es mi lenguaje, bueno, los busco para mis personajes. Y este registro tiene que ser más caótico porque no piensa de manera editada; está también buscando ese caos. Vas y venís todo el tiempo. Porque vos estás acá sentado y de repente mirás algo y lo asociás con algo, y eso te dispara algún recuerdo en un microsegundo, pero seguís acá presente y así la cabeza se mueve. Me interesa esa idea de que el velo de la civilización puede romperse en cualquier momento; por eso vuelvo a la distopía, ambientada en Buenos Aires, una “carta de amor a la ciudad, al Río de la Plata”, a la cultura, a la amistad.

–Hace un tiempo habías comentado que estabas a full con la lectura de La divina comedia para otro proyecto.

–Me pasa de arrancar, de trabajar y tener que suspender porque se me ocurrió esta idea para la novela. Con Cadáver exquisito me pasó lo mismo, porque yo estaba escribiendo otra cosa. Ahora que lo pienso con Las indignas también… (ríe). Esas novelas suspendidas siguen ahí en el tintero. No es que las voy a abandonar. Algunas de esas ideas se convierten en cuentos.

–Recientemente se publicó la reedición de un libro de cuentos, Diecinueve garras y un pájaro oscuro, que se mete con temas complejos: violaciones, suicidios, maltrato, gordofobia y tantos otros.

–Son cuentos reunidos; no es un libro de relatos pensado como unidad. Son cuentos de distintas épocas. Por ejemplo, “Roberto” es uno que escribí a los 19 años (en un tono realista sigue la historia de una niña y su profesor que pretende abusar de ella cuando se encuentran solos). Hay otros que son más experimentales… y esto es lo que intento también con las novelas: dar con un registro diferente.

–Sos licenciada en Artes (UBA) y esto seguramente mucho tiene que ver con tu manera de narrar, que es tan visual.

–Es lo que decía Flannery O’Connor: “La escritura de ficción rara vez tiene que ver con decir cosas; tiene que ver con mostrar cosas”. En mi literatura me interesa mostrar, narrar con imágenes, crear un universo sensorial.

–Pensando en lo visual, hace tiempo que está dando vueltas el proyecto de adaptar Cadáver exquisito.

–Es un tema que tengo que trabajar con mi furia interior. Cadáver exquisito tuvo más de cien propuestas para ser filmada. En 2018 le dimos los derechos a una productora mexicana que los fue renovando con los años. En medio vino la pandemia… Ahora decidieron no hacer nada. Tengo que esperar un año y medio a que se venzan los derechos y, cuando se venzan, contactaremos a otras productoras. Las indignas se va a filmar; ya están escribiendo el guión.

Entrevista a la escritora Agustina Bazterrica. Foto: Emmanuel Fernández.

–No se puede decir todavía, pero ya están trabajando. Igual veremos qué pasa porque es muy común en lo audiovisual que los proyectos se caigan. Hay una serie que muestra muy bien lo que cuesta que los proyectos se concreten. Mariano, mi marido, es mi proveedor de series. Él tiene un Excel donde anota todas las series y películas que ve. Me recomendó The Offer (2022, miniserie de 10 episodios), donde se cuenta lo caótico que fue hacer El padrino (1972), la película de Francis Ford Coppola. Puede fallar en cada paso.

Tres gatos

En el antebrazo izquierdo Agustina tiene tatuados a sus gatos: “Tengo tres; ahora están con mi marido. Este es Benito” –señala–, “murió en 2019. Luke Skywalker, Lola Mora y Akira Kurosawa”.

–¿Te los tatuaste todos juntos?

De una bolsa saca unos juguetitos para los gatitos de su amiga. “A Soledad le quemamos la cabeza para que adoptara dos gatitos. De acá me voy directo a su casa y le llevo estos regalitos: unas ratitas de Frida y Picasso para que jueguen. A los míos en su momento les compré pero, por supuesto, lo ignoraron completamente”.

Entre los lectores clave de su obra, los que aportan ideas y los que dicen lo que realmente piensan de esas primeras páginas, de esos borradores, están Liliana Díaz Mindurry, Sarah Moses –la traductora de sus libros al inglés–, Mariano, su marido, y Pilar, su hermana.

–En Literatura o muerte decís que, a tu madre, Mercedes Jones, “no podría darle el borrador de una novela porque mi escritura le parece truculenta. Lee mis novelas cuando están publicadas”.

–Es así. Ella es una de las personas más importantes, no solo porque para mí es la mejor madre del mundo, sino porque a nivel intelectual es una de las personas más brillantes que conozco: socióloga, una lectora voraz, una persona muy inteligente y con la valentía de abordar temas ásperos y difíciles desde un lugar de mucho conocimiento.

–En una de sus investigaciones reflexiona que es la primera vez que viven más de tres generaciones juntas y, sin embargo, tenemos pánico y rechazo a la vejez; consideraste que somos “edadistas”.

–Para hacerlo partí de la experiencia que ella tuvo con mi abuela, que fue una de las primeras mujeres que estudió Economía en la UBA. Recuerdo que tenía una biblioteca espectacular con libros en español, inglés y francés. Cada vez que iba a verla le llevaba champagne. Yo tomaba té y ella champagne, y así hablábamos de libros, de la vida. Fue una de las personas más cultas; quedó viuda muy joven y pudo mantener a sus cuatro hijos. Cuando mi abuela ya era una mujer grande y mi madre vio cómo la trataban –en un lugar de invalidez total cuando ella estaba lúcida–, cada vez que le decían “abuela”, ella respondía que su nombre era tal… para no perder su identidad, para no sentirse invisibilizada, invalidada. Crecí rodeada de mujeres maravillosas. Mi padre me dio el sentido del humor y nos sacó un poco de la presión de mi madre y de mi abuela, que eran súper exigentes. Él nos enseñó a no tomarnos todo tan en serio.

–Tus escritos tienen mucho humor.

–Sí, un humor negro; en la nueva novela hay humor. La tengo que terminar (lo digo como dándome un ultimátum). Es una carta de amor rioplatense, porque está Uruguay metido también; una carta a la amistad. Hay cosas violentas, pero no tiene la oscuridad de Cadáver exquisito ni de Las indignas. Me interesaba explorar la amistad en nuestro país, la solidaridad. Con todos los problemas que tenemos sigue siendo fundamental eso de juntarse con amigas: te apapachan. En estos tiempos de crueldad, para mí la gran confusión es parte de esto mismo, como si fuera una estrategia decir lo que se te ocurra con “tenés que respetar mi opinión”. ¡No! Yo tengo que respetar tu derecho a opinar, pero no voy a respetar tu opinión. Si tu opinión está diciendo algo discriminador, cruel, fascista, etc., no lo voy a respetar

En tiempos en los que la crueldad suele disfrazarse de opinión y el ruido pretende pasar por debate, Bazterrica vuelve a la distopía no para explicar ni suavizar, sino para incomodar y mostrar. La literatura, en su caso, funciona como una forma de resistencia: una manera de mirar el presente con lucidez, de no traicionarse y de seguir escribiendo, aun cuando el velo de la civilización amenaza con romperse en cualquier momento.

Agustina Bazterrica básico

  • Nació en Buenos Aires en 1974. Es licenciada en Artes (UBA), gestora cultural y jurado de concursos literarios.
  • Publicó los libros de cuentos Antes del encuentro feroz y Diecinueve garras y un pájaro oscuro, y las novelas Matar a la niña y Cadáver exquisito, ganadora del Premio Clarín Alfaguara de Novela en 2017.
  • Con esta última, Bazterrica se consolidó como una autora bestseller a nivel mundial, con más de medio millón de ejemplares vendidos. Publicada por las editoriales más prestigiosas de Francia, Finlandia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos, entre otros países, Cadáver exquisito fue traducida a más de veinticinco idiomas y aclamada por los principales medios internacionales.
  • The New York Times, The Guardian, The Wall Street Journal, The Washington Post, Le Monde y O Globo se han hecho eco de este éxito con excelentes críticas a su obra y talento. Actualmente, la novela está siendo adaptada a formato audiovisual.

Literatura o muerte, de Agustina Bazterrica (Godot).

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