El 25 de marzo de 1977, pocas horas después de que Rodolfo Walsh fuera asesinado en el barrio de San Cristóbal, el grupo de tareas que lo emboscó saqueó todos sus documentos. La dictadura no sólo lo había matado: había secuestrado su obra.
Sin embargo, hay un cuento que sobrevive — un último relato que el río no se llevó.
El último relato de Walsh: un hombre frente a un río que crece
«Juan se iba por el río» es el último relato de Walsh. Su trama es engañosamente sencilla: un hombre cruza a caballo el Río de la Plata en bajante, camino a Colonia. A mitad del cauce, el río empieza a crecer. La decisión que tiene que tomar el protagonista —avanzar o retroceder— es la única que importa.
Ese cuento nunca fue terminado, y después del asesinato de Walsh desapareció físicamente. Fue recuperado —a medias, por la fuerza de la memoria— por dos personas que lo habían leído: Martín Gras, sobreviviente de la ESMA adonde llegaron en siniestra simetría los papeles del escritor y su propio cadáver; y Lilia Ferreyra, su compañera.
Una de las escenas del relato: el cruce a caballo del Río de la Plata, eje de la decisión del protagonista. (Germán Galván).La reconstrucción: paisaje, cuerpo y peligro en el cuento perdido
Gras y Ferreyra avanzaron con esos recuerdos. El jinete atraviesa un cauce seco, casi una llanura de barro endurecido. Pero el río empieza a despertar bajo las patas del caballo: el suelo se vuelve esponja, el aire se espesa, los mosquitos forman nube. La montura se afloja.
El agua sube. Lo que era sequía se convierte en corriente, y la corriente en algo que ya no tiene nombre. El destino fluye, incierto, como siempre fluyó ese río.
Entre la ficción y la denuncia: el cuento y la Carta a la Junta
Walsh escribía «Juan se iba por el río» en paralelo a su Carta abierta a la Junta Militar. Las dos obras comparten más que la fecha: en el cuento hay un trilema —quedarse y morir en el cauce, retroceder hacia Argentina, o avanzar hacia la otra orilla—. En la Carta, también aparece esa estructura de tres: «lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades».
Secuencia de ilustraciones del libro: el avance del jinete y el clima del río que cambia y se vuelve amenaza. (Germán Galván).No es casual que el destino del cuento sea Uruguay. En la Carta, Walsh denunció que en las costas uruguayas habían aparecido los primeros cadáveres de la dictadura, arrojados al Río de la Plata desde la ESMA. Cruzar ese río no era, en Walsh, un detalle de color local.
Carlos Gamerro, en El nacimiento de la literatura argentina, imaginó una escena en la que Walsh logra cruzar y sobrevive.
El libro-objeto que reconstruye el cuento desaparecido
Cuatro editores formados en la Diplomatura en Artes del Libro de la Universidad Nacional de las Artes hicieron algo que nadie había intentado antes: convertir la reconstrucción oral de «Juan se iba por el río» en un objeto editorial.
El libro —técnicamente, un libro de artista— fue presentado en el Centro Cultural Alberdi de Neuquén el 15 de marzo, en el marco de las actividades por los 50 años del golpe, y publicado por el Fondo Editorial Neuquino.
Germán Galván, Luciano Andújar, Nazarena Camarda Ulloa y Marcela Wolberg trabajaron con el texto que se conservaba en la memoria oral de Lilia Ferreyra y Martín Gras para producir una pieza que va más allá del contenido: tintas y gofrados en el título, el lomo cosido a la vista como cicatriz, imágenes entre el blanco y negro y los tonos magenta y ocre. La ausencia como forma del libro.
A partir de esos recuerdos, los editores reconstruyeron una versión posible del relato:
El viento cambia de dirección y la sudestada trae consigo una tormenta. El agua empieza a crecer, incontenible.
No sabemos si Juan alcanza a llegar a la otra orilla. Lo importante es que se anima a cruzar.
Del recuerdo al libro: la apuesta editorial por el último texto de Walsh
Los autores del libro explican el proceso de trabajo a partir de la memoria de Lilia Ferreyra y Martín Gras, los únicos que habían leído el cuento antes de su desaparición:
“Cuando Lilia y Martín se encuentran años después, se dan cuenta que ellos dos fueron los únicos que conocían la existencia de «Juan se iba por el río». Lo intentan recomponer recordando fielmente el principio y el final y del nudo, recuerdan la trama. En base a eso es que nosotros intentamos reconstruirlo.”
Ese punto de partida derivó en una decisión editorial:
—¿Cuándo sintieron que ese recuerdo podía convertirse en libro sin traicionarlo?
Autores: La decisión de transformar esos recuerdos en un libro nació del entendimiento de que el silencio era la verdadera derrota. La ‘traición’ fue redefinida en ese proceso: la mayor traición posible era permitir la desaparición definitiva de la obra.
Ilustración del libro: un rostro atravesado por trazos y color, en sintonía con el clima de violencia y memoria del relato. (Germán Galván).—El diseño, ¿nace del texto o de la figura de Walsh?
Marcela Wolberg: El libro es un libro objeto donde la forma dialoga con el contenido y le aporta sentido. La costura a la vista habla de esta unión de partes que intentan reconstruir la historia y muestra de cierta manera la «herida».
El contenedor y la tapa con gofrado (tintas, relieve y diseño del libro) se relacionan entre si: en conjunto vemos el título completo y mencionamos que es un texto de Rodolfo Walsh. Al quitar ese contenedor, solo queda impresa la primera parte del título y se recompone, marcando esta ausencia.
Y sobre el contexto de publicación, agregan:
“Elegimos trabajar este texto desde la curiosidad y el desafío que implicaba. En ningún momento calculamos que este año se cumplían 50 años del golpe militar. Frente al resurgimiento de discursos negacionistas, reivindicar la voz de Rodolfo Walsh y la de los compañeros desaparecidos es, para nosotros, un acto de justicia y un ejercicio de la memoria colectiva que intentamos transmitir y contagiar.”
Hoy, a casi medio siglo de su asesinato, Walsh todavía puede ser leído.










