Trump redobla su apuesta por los aranceles pese al golpe del Supremo en su discurso del estado de la Unión

Trump redobla su apuesta por los aranceles pese al golpe del Supremo en su discurso del estado de la Unión


Por momentos, Donald Trump se ha parecido a Jacopo Comín, el famoso artista veneciano que a finales del siglo XVI pintó El Paraíso, firmado con su seudónimo Tintoretto. Para el presidente, la economía estadounidense parece un paraíso como nunca lo fue. “La edad dorada de América”, pronunció durante su discurso sobre el estado de la Unión. Un discurso triunfalista sin rastro de sombras en la primera potencia mundial, pese a que en 2025 creó empleo al ritmo más bajo en un año que no estuviera en recesión, pese a que el lánguido crecimiento económico del último trimestre ha hecho saltar algunas alarmas, pese al aumento de la desigualdad con un crecimiento en forma de K, pese a que el dólar se deprecia, pese a los riesgos de burbuja en la IA, pese a tener una deuda y un déficit público desbocados y pese a muchas otras nubes que empañan un horizonte que, a pesar de todo, no anticipa tormenta.

Pero la grandilocuencia, exageración y manipulación de datos del presidente de Estados Unidos durante el discurso del estado de la Unión desdibuja una realidad más compleja donde miles de familias no llegan a final de mes, la industria no termina de arrancar, los jóvenes no pueden acceder a una vivienda y, sobre todo, después de que el Tribunal Supremo haya declarado inconstitucional la piedra angular de su política económica: los aranceles.

El pasado viernes, el Supremo, de tendencia conservadora, dictó una sentencia contra la línea de flotación de la política económica de Trump. Declaró ilegales gran parte de los gravámenes a la importación al considerar que estaban basados en una ley de poderes de emergencia de 1974 que no estaba destinada a esos fines. El republicano ha intentado reconstruir esa muralla comercial con un nuevo arancel universal del 10%, pero el comercio mundial está sumido en un caos por la compleja situación jurídica de las tasas estadounidenses.

“Hace apenas cuatro días, un desafortunado fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos [anuló los aranceles]. Acaba de llegar un fallo muy desafortunado. Pero la buena noticia es que casi todos los países y corporaciones quieren mantener el acuerdo que ya firmaron”, proclamó el republicano con un tono desafiante durante partes de su intervención. “Así que, a pesar del decepcionante fallo, estos poderosos países están ahorrando a nuestro país el dinero que ganamos en paz, protegiendo muchas de las guerras que resolví debido a la amenaza de los aranceles. No habría podido resolverlos sin mantenerme vigente bajo estatutos legales alternativos plenamente aprobados y probados, y estos han sido probados durante mucho tiempo. Son un poco más complejos, pero probablemente mejores, lo que conducirá a una solución aún más sólida que la anterior”, señaló haciendo de la necesidad virtud.

Trump eludió mencionar que el 90% de los aranceles son sufragados por empresas y familias estadounidenses, según un reciente estudio de la Reserva Federal de Nueva York. Los nuevos aranceles deben pasar por el filtro del Congreso en 150 días, según establece la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 en virtud de la que aprobó las nuevas tasas. “No será necesaria la intervención del Congreso. Ya ha sido probado y aprobado, y con el tiempo, creo que los aranceles pagados por países extranjeros, como en el pasado, reemplazarán sustancialmente el sistema moderno de impuesto sobre la renta, aliviando así una gran carga financiera de mis seres queridos”, dijo sin tapujos.

La Casa Blanca tendrá que explicar cómo va a sortear el control de las dos Cámaras, la de Representantes y el Senado, como establece la ley. Además, la idea de que los aranceles puedan sustituir al impuesto de la renta parece descabellada en función de la recaudación de una y otra figura. Estados Unidos recauda 2,4 billones de dólares por la tributación sobre las rentas, casi 10 veces más que los 300.000 millones de dólares que ingresó por los aranceles.

El presidente olvidó mencionar el elevado déficit público y la peligrosa tendencia de la deuda pública, que este año cerrará por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial por encima del 100% del PIB. Los aranceles no han logrado taponar el déficit, debido a las exenciones fiscales aprobadas para grandes empresas en la Ley Grande y Hermosa y el aumento del gasto militar y en perseguir a los inmigrantes indocumentados.

El presidente pasó de puntillas por el problema de la asequibilidad. Una palabra que llegó a decir que no existe. A finales del año pasado, el problema del coste de la vida se convirtió en una pesadilla para millones de hogares estadounidenses. Fue la espita que prendió la ola demócrata que ganó todas las elecciones de noviembre del año pasado, convirtiendo al socialista Zohran Mamdani en el primer alcalde musulmán de Nueva York.

“La gente me pregunta: ‘Por favor, por favor, por favor, señor presidente, estamos ganando demasiado. No podemos más. No estamos acostumbrados a ganar en nuestro país hasta que llegaste tú, simplemente siempre estábamos perdiendo. Pero ahora estamos ganando demasiado’. Y yo digo: ‘No, no, no, vas a ganar otra vez. Vas a ganar a lo grande. Vas a ganar más que nunca”, dijo burlándose de los demócratas. Trump alardeó de que durante su mandato la Bolsa está en récord y que nunca ha habido tantos estadounidenses trabajando.

Los datos de empleo de 2025 fueron los más débiles en un año sin recesión. Y aunque la creación de empleo en enero sorprendió a los analistas, habrá que esperar la evolución de los próximos meses. Trump decidió despedir a la responsable de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) porque los datos que publicaban no les gustaban.

“Sus políticas crearon los altos precios. Nuestras políticas los están eliminando rápidamente. Nos va muy bien. Esos precios se están desplomando”, espetó Trump a los demócratas. El presidente enumeró algunos productos que se han abaratado: “El precio de los huevos ha bajado un 60%… El coste del pollo, la mantequilla, la fruta, los hoteles, los automóviles y el alquiler es mucho más bajo hoy que cuando asumí el cargo, e incluso la carne de res, que era muy cara, está empezando a bajar significativamente”. Excepto los huevos, que sí se han abaratado, el resto de productos ha seguido encareciéndose, aunque a menor ritmo, como suele ocurrir con todos los productos de la cesta de la compra. El precio de la comida, por ejemplo, ha subido un 2,9% desde que Trump regresó a la Casa Blanca hace un año.

El presidente también olvidó otros dos temas que han sobrevolado la agenda económica durante los últimos meses. Por un lado, el ataque furibundo al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, al que la fiscalía le ha llegado a abrir una investigación criminal, por no doblegarse a los designios del mandatario republicano, que quiere tipos de interés más bajos. Y, por otro lado, el despido de más de 250.000 funcionarios federales, en un intento de reducir el gasto federal.

A pesar de todo, la economía estadounidense mantiene un crecimiento robusto. Algo que, de momento, le sirve al presidente para seguir pintando su cuadro del paraíso.

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