Un cargamento de crudo ruso dará a Cuba un respiro energético de apenas dos semanas

Un cargamento de crudo ruso dará a Cuba un respiro energético de apenas dos semanas

Un tanquero con crudo ruso que navega con destino a las costas de Matanzas, en Cuba, podría valerle hasta dos semanas de energía a la isla, dándole un necesario alivio en medio de los intensos apagones eléctricos. No obstante, se trata únicamente de una solución temporal —y no inmediata— para la crisis estructural del país, recrudecida por una negociación sin rumbo claro entre el Gobierno socialista de Miguel Díaz-Canel y la Administración de Donald Trump, quien ha prometido una irrupción sin precedentes.

El tanquero Anatoly Kolodkin, de bandera rusa, estaba en aguas territoriales cubanas la tarde del domingo, reportando destino estimado en el occidente, Matanzas, el 31 de marzo, según el servicio de rastreo marítimo Marine Traffic. En ese puerto se encuentra la Base de Supertanqueros, una unidad de almacenaje y trasiego de hidrocarburos, adecuada para recibir un petrolero con estas dimensiones de hasta 180.000 toneladas. La cisterna, anotada en la lista de sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro estadounidense, parecía navegar retando el bloqueo marítimo impuesto por Washington.

“Nos ha sorprendido que el Gobierno americano lo dejara entrar, sin ningún desafío de la Armada, ni mandándole un mensaje. Y, de haber ocurrido, esa señal habría sido cuando el buque aún estaba en el Atlántico, no ya dentro de aguas territoriales cubanas”, explica el EL PAÍS Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, quien ha hecho un amplio seguimiento de los petroleros que han entrado y salido de la isla durante meses.

Hace casi diez días, otro buque que se dirigía a La Habana con hasta 200.000 barriles de diésel cambió su rumbo poco antes de atracar en costas cubanas, desviándose hacia Puerto Cabello, en Venezuela, donde permanece anclado. El giro coincidió con la decisión de Estados Unidos de excluir a Cuba de la flexibilización temporal de sanciones sobre envíos de combustible ruso, una medida diseñada para aumentar la oferta global de hidrocarburos en medio de la ofensiva contra Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz. La disposición prohibió la venta, entrega o descarga de crudo o derivados de origen ruso a Cuba, Irán, Corea del Norte, Crimea y los territorios ucranianos bajo control prorruso.

Ahora, el Anatoly Kolodkin continúa su ruta con hasta 750.000 barriles de crudo Urales, la principal mezcla de exportación de Rusia. Moscú ha reiterado que hará esfuerzos por mantener la asistencia diplomática y material a su aliado.

Piñón agrega que, según su monitoreo, el petróleo sería descargado en la Base de Supertanqueros y posteriormente trasladado en otras embarcaciones hasta La Habana, para su procesamiento en la refinería Ñico López, una instalación de finales del siglo XIX nacionalizada en 1960. Esta planta, que recibió en enero el último cargamento de crudo y derivados enviado por México, tiene capacidad para procesar unos 36.400 barriles diarios (bpd), transformándolos en productos como gasolina, diésel o queroseno de aviación, de acuerdo con datos de Advanced Energy Technologies (AET), una firma de investigación energética independiente.

El académico estima que el proceso de descarga, refinación y distribución podría tardar entre 20 y 25 días. Además, considerando el deterioro de las refinerías cubanas, podrían obtenerse entre 200.000 y 250.000 barriles de diésel, equivalentes a cerca de 10 y 12 días de suministro si el consumo se reduce a un mínimo de 20.000 barriles diarios. Las empresas privadas del país también han sido autorizadas por Washington a importar cantidades controladas de combustibles.

Contabilizando los pocos datos que se filtran, el economista cubano Ricardo Torres, de la Universidad Americana en Washington, ha dicho a EL PAÍS que la demanda interna regular del país roza los 100.000 bpd para cubrir tanto la generación eléctrica como el transporte, en un contexto de severa escasez de combustibles.

“Cuba necesita diésel para el transporte de carretera, de camiones, para el ferrocarril. El bombeo de agua, los grupos electrógenos, la agricultura para los tractores. Así que la pregunta es: si tienes esa cantidad limitada de diésel ¿a quién le vas a dar prioridad? Seguramente, parte de este diesel va para el propio Gobierno, porque ya le queda muy poco de las reservas para su policía, sus militares», añade Piñón.

El circuito refinador del país, crucial para el abasto local, ha sufrido embates en los últimos años ante la caída de la inversión para su mantenimiento y la inestabilidad en los suministros para su alimentación; incluso del crudo venezolano que empezó a caer antes de las presiones de Estados Unidos. El país caribeño tiene una capacidad instalada para procesar unos 120.000 bpd de crudo, según la AET, aunque tradicionalmente el circuito ha operado muy por debajo de eso. El sistema está encabezado por la refinería Camilo Cienfuegos, la de mayor tamaño y responsable del casi la mitad del procesamiento, de unos 65.000 bpd. Esta unidad fue reformada con las inversiones de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), bajo el mandanto del fallecido Hugo Chávez.

Hasta enero, cuando Trump endureció el embargo económico contra la isla tras su ofensiva en Caracas, México y Venezuela eran los principales proveedores de hidrocarburos a Cuba, mientras que Rusia mantenía un papel más bien esporádico.

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