A mediados de 2019, el pianista Horacio Lavandera recibió un llamado de uno de sus artistas preferidos del rock nacional: el ex Piojos Andrés Ciro Martínez se presentaría en el Luna Park junto a su banda Los Persas y lo invitaba a subir al escenario. Lavandera aceptó y juntos interpretaron una versión del Himno Nacional Argentino y otra de la canción piojosa Tan solo. Esa noche fue tal vez el germen de lo que se viene ahora.
Es que el 25 de octubre se presentará en el teatro Coliseo para interpretar sus habituales Ludwig van Beethoven y Gustav Mahler, pero sumará a dos referentes sólidos del rock en versión piano: The Beatles y Gustavo Cerati. La puesta se titula Sonidos de lo eterno.
Identificado con la música clásica y quinta generación de una familia de músicos, Lavandera (40 años) creció escuchando variados estilos, entre ellos rock, tango y jazz. “Recuerdo que de chico en casa se escuchaba mucho a Queen y me llamaba la atención esa impronta que tenía Freddy Mercury en el escenario, sus movimientos. Me parecía muy interesante. Tanto como Sting o Led Zeppelin”, dice.
Cuando uno empieza a estudiar el rock de Argentina se da cuenta de que es muy profundo.
Horacio LavanderaPianista
“Claro que me gustaba mucho más Tchaikovsky, pero también disfrutaba de Chick Corea y su Elektric Band. Y estaba el rock: recuerdo así, muy lejanamente, alguna imagen de los Kiss, con sus caras pintadas”.
A sus 15, impulsado por sus amigos, amplió gustos musicales. Limp Bizkit, por ejemplo. Y Los Piojos y Soda Stereo. “Ciro es parte del paisaje con el que crecí en los años ‘90”, le dice ahora a esta revista.
A Soda llegó a través de la parodia de Todo por dos pesos, Llamen a Moe. “Cantar esa canción en las fiestas de 15 con mis amigos era de lo más divertido”, se ríe al rememorar su adolescencia. “Ni hablar de cuando Gustavo Cerati hizo la versión de su parodia; era increíble el gesto que tuvo, así, de grande, de divertirse mucho. Para los chicos de mi edad era genial eso porque lo que queríamos era pasarla bien.”
Un toque de rock
Ciudadano del mundo, Lavandera se la pasó viajando y asentándose en distintos lugares. Alguna vez España, otra Alemania, Italia, y muchas Estados Unidos, donde vuelve una y otra vez para ver a su sobrino: “Mi hermana (María José) vive allá con mi sobrinito, que es muy chiquitito y soy muy cercano a él. Me tira ir a Nueva York”.
Ahora su centro de acción es el barrio de Villa Devoto, donde vive y ensaya. Y donde nació el 20 de diciembre de 1984. Estar en este lado del mundo le permite contacto asiduo con su madre, Lili. A su padre, el reconocido baterista José María Lavandera, fallecido en 2020 e influyente en su amor a la música, lo extraña todo el tiempo.
Sus padres fueron fundamentales para su carrera. Le coordinaron la logística desde siempre. O desde “el jardincito”, como le dice al jardín de infantes, cuando, acompañando a su hermana a clases de ballet, quedó deslumbrado por un piano en el salón. Fue un chico “feliz” en el colegio, alguien que supo hacer amigos que aún hoy son sus amigos. Menciona, entonces, a Rodri, quien cuando tenía 7 años inició una colecta para juntar dinero que le permitiera a Horacio comprar un piano. La plata no alcanzó, pero igual lo pudo comprar gracias a sus padres. La familia de Rodri tenía una empresa de mudanzas que fue, claro, la que trasladó el piano desde Santa Fe, donde se compró, a Buenos Aires.
Después de la noche con Ciro en el Luna llegó la pandemia. En 2020, Pedro Aznar lo invitó a colaborar con una canción para un concierto que daría por streaming: “Interpreté al piano Desarma y sangra, una canción hermosa que Charly García hizo cuando tenía 12 años, una época en la que estaba muy inspirado en la música clásica. Para mí, fue dar otro paso dentro del mundo del rock”.
Por esa época empezó a trabajar con el productor Sebastián Celoria, con quien inició proyectos que sumaban otros géneros musicales. Hubo más giras y nuevas músicas. Fue Celoria quien le preguntó si se animaba a hacer algo de los Beatles. “Le dije que sí enseguida”, cuenta.
Me siento muy bendecido. Vivo de lo que me gusta.
Horacio LavanderaPianista
Investigó las influencias musicales de los cuatro de Liverpool. Adaptó sus canciones a su música en el estilo Beethoven. “Traté de atravesarlos con la música inglesa del Renacimiento, del Barroco, en mis versiones, porque ahí es donde encuentro una línea directa entre lo que me interesa y lo que ellos son. Por más que ellos hayan roto las estructuras a nivel social, no hay que olvidarse de dónde vienen y cuál es su historia cultural”, destaca.
Clásica y moderna
Los Beatles se le volvieron casi una obsesión; tal vez una forma de acercarse a su padre, tan fanático de la banda inglesa. Y dio un paso más al conectar al argentino Gustavo Cerati con la música clásica. Ante Viva, lo destaca por sobre otras bandas argentinas que lo fascinaron, como Los Redonditos de Ricota, Los Abuelos de la Nada y Virus.
“Cuando uno empieza a estudiar el rock de Argentina se da cuenta de que es muy profundo”, opina. Y remarca la “clave poética” que hay en sus letras. Ese descubrimiento es el que ahora lleva al piano: “Es mi granito de arena para romper ciertos prejuicios, como ese de que la música clásica es para un público determinado, cerrado. Nada que ver. Hasta se pueden mezclar las melodías de Nirvana y Luis Miguel, que también tiene profundidad”.
No deja de pensarse como ciudadano del mundo. Siempre, claro, con un piano. Un piano que tal vez lo lleve a Liverpool para darse el gusto de interpretar a los Beatles en donde nacieron. “Y, bueno, ya llegará, ¿no?”, se esperanza.
Con Cerati se sintió identificado cuando presentó sus 11 Conciertos Sinfónicos en el Teatro Colón en 2002. “Entonces, ese tipo de presentaciones eran esporádicas, pero hoy estamos en un contexto donde ya son varios los artistas que se animan a la música clásica”, dice. Y agrega: “Me siento parte de ese cambio, y en ese sentido trato de aportar”.
Sostiene, además, que en Cerati encontró “ciertas vinculaciones con las escalas pentatónicas” del compositor argentino Alberto Ginastera, otro de sus admirados.
Lavandera vive un momento profesional pleno. Foto: Mariana Nedelcu. Terapia una vez a la semana, ocho horas seguidas de sueño, chequeos médicos anuales, alimentación saludable y proyectos: “Me siento bendecido porque puedo vivir de lo que me gusta”. Y después: “Es un privilegio estar siempre vinculado a mis emociones, a lo que siento de la vida”.
“Es un momento muy lindo el que estoy viviendo”, agrega y, tras sonreír: “Aunque nada puede evitar los nervios que empiezo a sentir antes de tocar en el Coliseo. Había un pianista que decía que si no hay nervios antes de un concierto, el concierto no sale bien… Y me empiezo a sentir muy nervioso”.











