Radiante, extrovertida, visceral. Carla Conte es pura energía. Y tiene varios motivos para estar exultante: volverá al teatro -género que le “fascina”- con la obra El chat de mamis, una comedia en el cole, que se estrenará el 19 de este mes en el Multitabaris; está enamorada y en pareja desde hace un año y, como frutilla del postre, logró superar el miedo y se animó a reducirse el busto, algo que deseaba desde hacía años porque le traía muchos dolores de espalda y de cervicales. Hoy, renovada, la conductora, actriz y bailarina asegura: “La cirugía mamaria me cambió la vida”.
Todo arrancó por un problema hormonal que tuvo el año pasado. Así lo recuerda: “Empecé con pérdidas que me duraron meses. Eso me llevó a tener una anemia tremenda. Terminé haciéndome una transfusión de sangre de emergencia. Andaba siempre agotada a un nivel exagerado. Me hice un chequeo y, para resolver el problema de las pérdidas, me pusieron un DIU (dispositivo intrauterino). Y con el DIU me inflé, engordé y se me transformó el cuerpo. Así que a los tres meses me lo saqué. Pero al verme tan inflamada, dije: ‘No puedo con esto’. Y decidí hacerme la cirugía mamaria. Siempre tuve mucho busto y la fantasía y el deseo de sacarme, pero me daba pánico”.
Carla siente alivio y bienestar: “Antes tenía la espalda hecha pelota; las cervicales rectificadas y no podía hacer deporte bien. Ahora me siento re contra mejor. Y con el hierro me siento Iron Man”, bromea.
Cuesta creer que esté por cumplir 49 años. Luce espléndida: “Siento que estoy mal envasada (risas). Y no me siento una mina de casi cincuenta años. Mi viejo siempre decía: ‘La edad es un estado de ánimo’. Y es verdad. Yo a los treintaypico me sentía re vieja. Creo que, cuando estás mal, te sentís más grande. Hoy me encuentro feliz”.
Siempre tuve mucho busto y la fantasía y el deseo de sacarme, pero me daba pánico.
Amor y trabajo
-Uno de los motivos de tu alegría es la vuelta al teatro. ¿Cómo te llega la propuesta de hacer El chat de mamis?
-A través de Ezequiel Corbo, que es el productor y, además, mi novio (se sonroja). Me la ofreció, me dijo que le gustaría que yo fuera parte y me dio el guión. Hace un año que estamos en pareja, pero nos conocemos desde hace veinte. Él fue mi representante los primeros diez años de mi carrera. Lo amo en todos los sentidos y aparte lo adoro desde siempre, porque fue un tipo que estuvo re presente y me ayudó en todo. Se planteó como una relación súper laboral y de confianza absoluta. Yo le delegué mi vida entera. Todo lo que él me decía para mí era palabra santa. Ezequiel me arregló el primero y segundo contrato del Bailando por un sueño. Teníamos una relación laboral y de confianza absoluta. Además, es una máquina. Nunca dejamos de estar en contacto. Tuvimos una primera temporada y ahora volvimos.
-¿Y cómo fue el reencuentro?
En realidad él se había cansado de buscarme. Me había dicho: ‘Yo acá terminé. No te llamo nunca más, no te escribo nunca más’. Y un mes después nos enteramos por distintos lados que hacia un show Julia Zenko, amiga de ambos. Lo llamé para ir juntos, me pasó a buscar y ahí retomamos y no nos separamos más.
-Se te escucha muy enganchada.
-Sí, mucho. Es muy hermoso. Aparte porque siempre tuvo un lugar muy importante en mi vida. Nunca había tenido un vínculo así. Siempre fui la de hacer todo en mi vida. Siempre laburé mucho. Y tener alguien al lado que haga diez veces más que vos es inédito para mí. Además, Ezequiel resuelve todo. Y entendemos también nuestro laburo, lo cual a veces es difícil para las parejas trabajando en el mismo medio.
-¿Cómo es tu personaje en la obra?
-Hago de Nuria, que es bastante parecida a mí. Feminista, muy pañuelo verde. Soy la mamá hippie, la que se olvida de todo. Hay un elencazo: Eugenia Tobal, Mica Riera, Manuela Pal, Karina Hernández, Berenice Gandullo y Lionel Arostegui. La idea y producción de Ezequiel como te conté, la dirige Marcelo Caballero, un genio y la escribió Mechi Bove. La vamos a romper. Hay algo energético que está buenísimo.
-Tenés dos hijos en la vida, ¿te cuesta poner límites como mamá?
-Sí, me cuesta un poco. Igual, me hago la que los pongo. Pero lo que más me importa es que ambos (Mora, de 15, y Facundo, de 12) sepan que cuentan conmigo. Que frente a cualquier situación, cualquier emergencia, cualquier problema, me pueden llamar. Y yo voy a estar. No importa lo que hayan hecho o haya pasado. Con Mora venimos bien en ese sentido. Porque desde que supe que iba a tener una nena que pienso en eso, en que pueda pedirme ayuda.
–Porque en situaciones difíciles en mi juventud, yo no llamé a mi mamá. Y me angustia pensar que Mora haga lo mismo. Recuerdo un novio tóxico que tuve a los 22 años, súper manipulador. Y me banqué situaciones horribles, sola. Eran épocas en las que no había tanta data. Hoy la pibas se crían con otra información. Saben lo que es violencia de género. No lo justificás diciendo: “Es re celoso”. En mi caso, además, este chabón odiaba a las bailarinas. ¡Y yo me quedé con un tipo que odiaba lo que yo hacía! Prácticamente no podía laburar. ¿Por qué me hice eso? Porque es re difícil salir de tipos manipuladores.
Me cuesta poner límites como mamá. Pero lo que más me importa es que sepan que cuentan conmigo.
Carla volverá a bailar, algo que le apasiona. Foto: Antonio Becerra Pegoraro. La intensidad
-Sí, hace mil que hago con la misma terapeuta. La amo con toda mi alma. En mi familia estamos todos “terapizados”. De hecho, charlar con una terapeuta o psicopedagoga nos ayudó mucho al papá de mis hijos y a mí. Nos hizo y hace entender nuestro vínculo como padres separados, entender la relación con mis hijos y entender la vida.
-¿Qué te gustaría cambiar de vos?
-El desorden, en todos los sentidos. Tengo mis momentos, pero en general, cuando todo está hecho un quilombo, es porque mi vida está hecha un quilombo. La imagen me devuelve la realidad que estoy viviendo. Si ordeno un mueble, se empieza a ordenar algo en la vida. Pero, bueno, a veces todo se pone caótico. También me gustaría ser más constante, tener perseverancia. Nada me dura. Por ejemplo: quiero volver a bailar, pero no arranco. Porque arrancar implicaría bancarme un período de frustración porque no me va a salir como quiero. Pero tengo que poder pasar por eso.
-¿Ya de chica querías estar en los medios?
-No, pero en el colegio era muy histriónica. Y siempre me gustó bailar. Nunca lo tomé como una profesión. Lo mío era la caradurez. Fui mesera, niñera, promotora y telefonista. Después me puse a estudiar comedia musical en lo de Ricky Pashkus. Y a la tele también entré de caradura. Hice un casting a pedido de una amiga y terminé conduciendo Tienes una cita, por Cosmopolitan, en México. Después llegó Call TV.
Soy de intensidades fuertes. Me gusta vivir la depresión. Yo soy arriba y soy abajo.
-¿Algún talento oculto?
-Tejo a dos agujas y crochet (se ríe). Ves, eso no lo dejo nunca. Desde muy chiquitita que me gusta tejer. Lo hacía a la par de mi abuela Nenina. Ella murió hace dos años. Laburó hasta los setenta y pico en Juncadella. Una genia. Los fines de semana siempre se quedaba en casa: mi mamá cosía, mi abuela tejía, cocinábamos panqueques… Era otra vida. Mi viejo volvía los sábados a la ciudad porque estaba mucho en el interior. Vendía campos.
-Sí, hace cinco años. Lo internaron por covid y falleció. Era mi superhéroe, mi guardaespaldas. Siempre estaba al rescate. Tenía un corazón gigante y estaba pendiente de cada cosa mía. Ahora la tengo a mi vieja, que es una genia.
-¿Sentís todavía algún tipo de conexión con tu papá?
-Sí, me siento bastante conectada con él. Yo abro registros akáshicos con una médium. Son como los registros del alma, de tus vidas pasadas y de las almas que te acompañan. Se hace como una meditación y empezás a conectar con las almas que te están acompañando. Aparte, tenés data de vidas pasadas y vos podés convocar. Lo había hecho por primera vez antes de que mi viejo muriera porque siempre me interesó. Y cuando muere mi papá, al mes, yo abro registros. Necesitaba que alguien me diera una explicación, quería saber de él. Y fue como que lo trajeron. Vos podés internarme (se ríe), pero yo lo hablo con total tranquilidad porque creo ciegamente en eso y es lo que me salvó un poco. Me salvó saber que mi papá sigue estando cerca, que sigue acompañándome y que está bien. Y sí, señales de mi papá tengo todo el tiempo. Siempre con luces que se encienden.
Carla Conte junto al elenco de la obra Chat de Mamis. -¿Y cómo es la relación con tu mamá?
-Muy buena. Mi vieja tiene una energía que nunca vi en mi vida. Se llama María del Carmen y tiene unas ganas de vivir increíbles. Sé que la ha pasado tremendamente mal estos años, pero siempre con ganas de disfrutar. Es un ejemplo para mí. Siempre tuvo esa cosa del “no al bajón, no a la depresión, vamos para adelante”. No cree en la terapia.
-Sí, yo soy más melancólica. A mí dame tristeza. Soy de intensidades fuertes. Me gusta vivir la depresión. Yo soy arriba y soy abajo. Cuando subo es genial igual, y cuando bajo no soy de arrastrar a todos al fondo, pero quiero que me respeten. No me gusta que me hinchen. Sé que soy intensa y es un dolor de huevos eso para estar cerca. Pero vuelvo a salir. Vivo las emociones de esa manera. Igual estoy aprendiendo a que cuando subo no sea tan arriba y cuando bajo no sea tan abajo. Estoy muy “terapizada”, porque si no no se puede vivir ni lo que es increíble y radiante ni cuando estás en el fondo. Digamos que hago terapia para mantener el equilibrio emocional.
-¿Algún sueño que tengas y todavía esté pendiente?
-Me encantaría volver a conducir en la tele, hacer un musical y viajar en motorhome por la Argentina.
-Y ahora que estás en un gran momento y sos soltera, ¿pensás en casarte?
– Siempre tengo esa fantasía. La tuve toda la vida. Creo que por Iglesia no lo haría. Pero sí por Civil, un paso que hasta ahora nunca me animé a dar. Siento que es más que tener un hijo. Representa un nivel de compromiso que me parece más. Una entrega. Hay algo de pertenecer. Por ahí es re antiguo lo que estoy diciendo. Porque si pienso en casarme lo pienso para que sea para toda la vida. No para divorciarnos. Supongo que también por eso no me casé nunca.









