una multitud sin distinción de camiseta, el camino de su adiós y una imagen que le hubiera encantado ver

una multitud sin distinción de camiseta, el camino de su adiós y una imagen que le hubiera encantado ver


La muerte es insoportable para los que viven. El ritual de despedida sirve para figurarse una idea especialmente cruel: no habrá otro día con aquella persona que ya no está, que dejó el cuerpo que ahora reposa como dormido dentro de un cajón. No hay otra posibilidad que la sinceridad del llanto para empezar a darle forma a la ausencia. Pero la de Miguel Ángel Russo fue una despedida diferente. Este jueves, La Bombonera tal vez permitió un velatorio con pinceladas de otro tipo de ánimo. Acostumbrado a su propio latido, esta vez el estadio estuvo en silencio aunque los alrededores se cargaran de hinchas como un día de partido.

En el hall central de la entrada número 3, la principal junto a las vías, se acondicionó el salón para que el público pudiera pasar sin dejar de circular y ofrendar al mismo tiempo algún ramo de flores, camisetas, cartas o un saludo en clave pagana o religiosa. Desde afuera no podía verse nada, solamente un biombo de pantallas led iluminadas con imágenes del entrenador y frases alusivas. Del otro lado, los restos de Russo, la familia, amigos, seres cercanos, futbolistas y dirigentes.

Hinchas de Estudiantes, Independiente o cualquier club, en la Bombonera. Foto: Matías Martin Campaya –

La Bombonera olió a flores, desde bien temprano hasta las 22:00 del jueves, cuando estaba pautado interrumpir el velorio, hasta las 10:00 del viernes. Las coronas llegaron desde temprano y cuando no hubo lugar adentro fueron acomodadas afuera. También hubo ramos anónimos, con mensajes de puño y letra.

El aroma a cancha empezó a conjugarse recién después del mediodía con las brasas de las primeras parrillas. Los manteros con gorros pilusos y banderas o los vendedores ambulantes con bebidas, helados o sandwiches, estuvieron desde temprano. Los eventos populares son un negocio callejero de generación espontánea, aunque se trate de un velorio.

El contingente de extranjeros que se reparte con distintos guías también se llevó entre sus recuerdos postales de una Bombonera de luto. O no tanto, porque de tanto en tanto, alguno rompía el silencio con un: «Gracias Miguel, por todo lo que diste…», entonado como en la tribuna y despertando réplicas o aplausos.

La muerte, además de espantosa, produce un fenómeno extraño en el fútbol. Se activa la tolerancia que un porcentaje altísimo de hinchas no tiene. Por eso, el de River que necesitó darle el último adiós a Russo fue con la camiseta de su club y no pasó nada. Es más, varios con la de Boca lo convocaron para selfies.

El día que por fin se cumplió lo de "rivales, no enemigos". Foto: Matías Martin Campaya El día que por fin se cumplió lo de «rivales, no enemigos». Foto: Matías Martin Campaya

El luto activa la humanidad que el retrógrado ‘folclore del fútbol’ sosiega y, entonces, River puede mandar una corona con flores azules y amarillas. Si no se tratase de un arreglo floral de ese tipo, el responsable de la elección podría correr la misma suerte que los pibes de Newell’s suspendidos por sacarse una foto con Ignacio Malcorra, ídolo de Central. Pero eso no pasó esta vez.

En la mismísima puerta de la Bombonera, entre tantas y diversas camisetas de Boca, se mezclaron las de cualquier club sin importar el color ni si encajaban en el recorrido del entrenador. Afuera, al margen de alguna persona emocionada, no parecía que la convocatoria fuera a un velatorio.

Era el cuerpo de Russo el que recordaba que la gente no llegaba por un partido de fútbol. Dentro de la sala se podía ver el rostro maquillado de quien hace apenas un ratito, el 21 de septiembre, estaba de traje en el campo de juego intentando encaminar a Boca en su tercer ciclo en el club.

«Está terminantemente prohibido la utilización de teléfonos celulares, cámaras y demás aparatos de filmografía dentro del recinto, cómo así también las llamadas y el envío de mensajes», vociferaba un hombre de seguridad privada con un megáfono en el único mensaje que se escuchaba unos cuantos decibles por encima del ambiente. Estaba en el penúltimo control de un vallado de más de 300 metros.

Miguel Ángel Russo fue velado en la cancha de Boca. Foto: Matías Martin Campaya Miguel Ángel Russo fue velado en la cancha de Boca. Foto: Matías Martin Campaya

No estaba en el ánimo de la familia Russo, ni del presidente Juan Román Riquelme, que se viralizara la imagen del cuerpo dentro del ataúd, como sucedió cuando alguien posó en la morguera con Diego Maradona. El morbo no conoce de límites.

Con apenas un golpe de vista se podía ver un rostro menos castigado que el que evidenciaba, en vida, la lucha de Russo contra el cáncer que batallaba desde 2017. ¿Cómo puede parecer estar mejor y hasta más joven una persona después de muerta? «Ahora descansa, está en paz, miralo», dijo alguien detrás del vallado, antes de abrazarse en busca del consuelo mutuo.

Por esa pasarela caminaron todos los hinchas que entraron a dar el último adiós. También el ex presidente de Vélez Raúl Gámez, quien a diferencia de otras personalidades del fútbol ingresó por el acceso público. El resto fueron conducidas internamente hasta la sala. Allí Claudio Úbeda, Emiliano Papa, los planteles de San Lorenzo, Rosario Central y Barracas Central, entre otros, también dijeron presente.

«Nos enseñó mucho y nos marcó como dirigentes. Es una pérdida enorme, yo lo quería mucho, era su amigo», dijo Nicolás Russo, el presidente de Lanús que porta el mismo apellido, aunque su lazo es netamente futbolístico.

Congoja en la Bombonera donde velaron al entrenador Miguel Ángel Russo. REUTERS / Matias BagliettoCongoja en la Bombonera donde velaron al entrenador Miguel Ángel Russo. REUTERS / Matias Baglietto

En redes sociales, los gestos se multiplicaron. Desde Lionel Messi, a Sergio Agüero, Nery Pumpido, el Cholo Simeone o Christian Fabbiani -DT de Newell’s- expresaron un pensamiento sobre Russo. En Japón, Gustavo Alfaro le dedico unas palabras en su memoria medio de la conferencia de prensa de la Selección de Paraguay. Hizo lo mismo Lionel Scaloni en la suya: «Russo ha dejado un legado de cómo tiene que ser y comportarse uno dentro de una cancha de fútbol».

Como para dejar en claro cuán importante era el fútbol para el entrenador, su hijo Ignacio fue el único de la familia que no se quedó en Buenos Aires para continuar con el cortejo fúnebre: viajo a Rosario para enfrentar Newell’s con Tigre, su club.

«Fue mi mejor entrenador. Fue un padre. Lo tuve de chico en Estudiantes, me dijo que no me iba a tener en cuenta porque iba a considerar a otros arqueros y a los dos años me buscó para llevarme a un gigante como Central. Eso te habla de su nobleza, ¿no?», recordó en TV Gastón Sessa, campeón en 2005 con Vélez, con ‘Miguelo’ como entrenador.

La gente hizo fila, por momentos de cinco cuadras, para saludar por última vez a quien, de ahora en más, no estará en otro lugar que en el recuerdo. «Son decisiones», era una de las muletillas preferidas de Russo para explicar aquello que no tenía demasiada vuelta. Y hoy mismo podría resonar hasta sacarle una sonrisa a quien llora su muerte y no encuentra razón entre tanta tristeza.

star111 login

betturkey giris

https://vsetut.uz

lottostar

https://slotcoinvolcano.com

lottostar

super hot slot

hollywoodbets mobile

pusulabet giris

yesplay bet login

limitless casino

betturkey guncel giris

playcity app

sun of egypt 4

moonwin

aviamasters

jeetwin

winnerz

lukki

croco casino

playuzu casino

spinrise

discord boost shop

fairplay

betsson

boocasino

strendus casino

sun of egypt 2 casino

gbets login

playwise365

amon casino

betmaster mx

verde casino

winexch

prizmabet

solar queen

quatro casino login

springbok