“Escribir poemas sobre toda suerte de asuntos relacionados con su país: cantar sus plantas, animales, los ríos, el mar, los lugares y sensibilizar los problemas del campesino y la reforma agraria; escribir para ella estos poemas no fue un afán literario, sino una necesidad vital”. Esto escribio Doris Dana en la carta “Al lector”, incluida en el libro de Gabriela Mistral Poema de Chile (Editorial Pomaire, 1967) incluido ahora entre otras obras publicadas y algunos poemas inéditos o casi desconocidos hasta el momento de la autora en el libro Gabriela Mistral. Poemas selectos (Corregidor), de la colección Letras al sur del río bravo.
Gabriela Mistral nació el 7 de abril de 1889 como Lucila de María Godoy Alcayaga en Vicuña, Chile. Pasó su infancia en distintas localidades de la actual región de Coquimbo. Entre los 3 y los 9 años vivió en la localidad de Montegrande, a la que ella consideraba como su ciudad natal y donde pidió ser sepultada. Así sucedió después de su muerte, ocurrida el 10 de enero de 1957.
Fue la primera mujer Iberoamericana en recibir un Premio Nobel al obtener el de Literatura, en 1945, por su trabajo poético.
Fue maestra y directora de escuela en distintos territorios de Chile, desde el extremo norte al sur. Ejerció la enseñanza con la misma pasión con la que se entregó a la literatura. En 1914 editó su primer libro de poesía, Sonetos de la Muerte, y adoptó el seudónimo Gabriela Mistral en homenaje al italiano Gabriele d’ Annunzio, una de las principales figuras de la literatura italiana de finales del siglo XIX y principios del XX, y al escritor francés Fréderic Mistral.
El prólogo del libro, a cargo de Alicia Salomone, recuerda que la educación escolar de Mistral fue “apenas básica”, pero que su inquietud la llevó a buscar una formación en el magisterio como profesora rural.
Periodismo y poemas
Luego redactó artículos periodísticos, publicó poemas en la prensa escrita y recibió una invitación de José Vasconcelos para colaborar con la obra educativa de la Revolución Mexicana, un viaje que marcó el inicio de su “carrera literaria, intelectual y diplomática que alejaría definitivamente a Mistral de Chile, país al que solo retornaría por breves lapsos”.
A la poeta, sigue contando el prólogo, no le resultó fácil insertarse en el campo literario chileno. “Su origen provinciano, su condición mestiza, su identidad de género y su visión social progresista le imponían restricciones en un espacio sociocultural elitista, conservador y androcéntrico” que la llevaría a explorar otros escenarios, entre ellos el argentino.
Con Alfonsina Storni desarrollaría una entrañable amistad. Consultada por Clarín, la escritora Josefina Delgado rescata este vínculo como uno de los dos hitos en su contacto con otras mujeres escritoras: “Gabriela Mistral viaja a Buenos Aires –Victoria Ocampo le publicaría en Sur su libro Tala– y va hasta la casa de la calle Cuba donde vivía Alfonsina Storni, que había escrito ya algunas notas sobre la chilena”.
En una columna de 1920 Storni se refirió a ella: “Hay en Chile una escritora de gran valor: Gabriela Mistral. Maestra, poetisa, cristiana, mujer, Gabriela Mistral es hoy, en América, una de las cabezas femeninas más resplandecientes”.
Autora de Alfonsina Storni. Una biografía (Editorial Planeta, 2001), Delgado se refiere a su propio acercamiento a la figura y la obra de la poeta chilena: “Gabriela Mistral era, en mi infancia, la autora de poemas edulcorados que hablaban de la maternidad. Los conocí en la escuela primaria y no me interesaron demasiado. Con el tiempo, cuando tuve algunos de sus libros, recitaba para mí versos como “El pasó con otra/yo le vi pasar. /Siempre dulce el viento/ y el camino en paz./ ¡Y estos ojos míseros le vieron pasar!”, versos adecuados para una adolescente…”.
Sigue Delgado: “Luego iría enterándome de algunos detalles de su vida: su maternidad, no asumida sino con el tiempo, su desempeño como maestra y creadora de escuelas, también como diplomática. Su relación amorosa con quien luego sería su biógrafa, Doris Dana. Todo esto envuelto en los velos pudibundos de tiempos en los que las mujeres no podían exhibir los temas relativos a su cuerpo y a su corazón. O si lo hacían, eran duramente criticadas”.
Imagen de la exposición «Gabriela Mistral: maestra de América, voz en el mundo» en la Plataforma Cultural del campus Juan Gómez Millas de la Universidad Chile, en Santiago, capital de Chile. (Xinhua/Jorge Villegas)Encuentro de mujeres poetas
Mistral publicó en Nueva York y en Madrid. Federico de Onís –su primer editor– se ocupó de la valoración y difusión de su obra en España y América entre las décadas de 1920 y 1930. En su Antología de la poesía española e hispanoamericana (1892-1932) incluyó poemas suyos, así como de Delmira Agustini, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou, entre otras poetas, que él destacó “por la novedad de su irrupción y su actitud rebelde”.
En 1926 entabló un vínculo con Ocampo, primero de manera epistolar, y luego, en 1934, con un primer encuentro en Madrid. En 1938 se produjo la visita de la poeta a Argentina y la edición de Tala a través de Sur. Los derechos fueron donados a los niños afectados por la guerra en España. “Tala señala el tránsito a una madurez poética en la que Mistral abandona progresivamente el emocionalismo y realismo de su primer poemario”, indica el prólogo del libro.
“También en 1938 –agrega Delgado– Alfonsina está en Colonia y es invitada a hablar sobre su labor como escritora al Instituto Vázquez Acevedo de Montevideo. Y allí se produce el encuentro de tres poetas y tres países: Gabriela Mistral, chilena, Juana de Ibarbourou, uruguaya, y Alfonsina Storni, argentina. Entre el público está la joven Idea Vilariño, uruguaya, que luego relataría este episodio”.
Gabriela Mistral, diplomática representando a su país. Archivo Clarín.El 10 de diciembre de 1945 Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura, otorgado por “el valor de su obra poética y en su peso intelectual, así como en su rol como una intelectual y diplomática antifascista, comprometida con las luchas democráticas (…)”.
Se le entregaba el Nobel “por su poesía lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”. En 1951 recibía en Chile el Premio Nacional de Literatura.
Entre 1990 y la actualidad se agregaron a su corpus poético dos nuevos libros. En Gabriela Mistral. Poemas selectos se destaca, entre otras, la sección “Mujeres griegas”, así como un conjunto de poemas inéditos o poco conocidos.
Entre ellos, «Alfonsina», un poema-despedida dedicado a la muerte de Storni, con el que cierra la antología: “El delgado pez de Plata/ azulea en el estuario/ Las mujeres le desprenden/ la arena del ahogado/ y enguagan los pies dormidos/ que se escurren azogados/ Como un canto de arco iris/ en Mar del Plata quebrado/ dulcemente se deshace/ el pez de colores zarcos/ dejando en la duna apenas/ un zumo tornasolado”.
Gabriela Mistral. Poemas selectos (Corregidor).









