Esta semana se espera la sentencia del primer gran juicio sobre redes sociales y la adicción de los menores a las mismas, que tendrá lugar en Los Ángeles, California. Sin embargo, Nuevo México se le ha adelantado por apenas unas horas con una condena ejemplar. Un jurado ha determinado que Meta, la propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, es culpable de utilizar sus plataformas sin la seguridad necesaria, lo que hace que los depredadores sexuales puedan contactar con los niños con más facilidad, y que lo hace a sabiendas. Eso supone una violación a las leyes del consumidor de Nuevo México, e implicará una multa para la empresa tecnológica de 375 millones de dólares (unos 323 millones de euros) en daños para el Estado, en uno de los mayores golpes jurídicos de la historia para la plataforma. Aun así, es mucho menos de los alrededor de los 2.000 millones que calculaba la fiscalía para pagar a los, afirman, más de 207.000 menores que accedieron mensualmente a sus webs.
El juicio de Nuevo México arrancó en Santa Fe el pasado 9 de febrero y ha durado unas siete semanas; el jurado ha deliberado solo un día. En su veredicto, ha considerado ciertas y fundadas las acusaciones de que Meta había realizado declaraciones falsas o engañosas. También creen que la empresa llegó a incurrir en prácticas comerciales abusivas, puesto que se aprovechaban de la falta de experiencia de los menores. Para el jurado, Meta ha priorizado la obtención de beneficios ante la seguridad infantil y juvenil y ha violado la llamada ley contra las prácticas desleales (Unfair Practices Act) que promulga Nuevo México; además, ha escondido cómo podían afectar estas mentalmente a los niños.
Planteado por el fiscal general del Estado, Raul Torrez, en 2023, el caso ha tardado tres años en llegar a término. Durante este tiempo, otros 40 abogados de diversos Estados han interpuesto demandas contra la propietaria de Facebook e Instagram por “atrapar a los niños”, puesto que sus redes contribuyen a los problemas de salud mental de los menores al generarles una gran adicción: más allá de su contenido, por cómo están diseñadas per se. Tras la sentencia, Torrez ha afirmado en un comunicado que esta es “una victoria histórica para todos los niños y todas las familias que han pagado el precio de la decisión de Meta de anteponer los beneficios a la seguridad de los menores”: “Los directivos de Meta sabían que sus productos perjudicaban a los niños, hicieron caso omiso de las advertencias de sus propios empleados y mintieron al público sobre lo que sabían. Hoy, el jurado se ha sumado a las familias, los educadores y los expertos en seguridad infantil para decir basta”.
El juicio tendrá una segunda parte, ya en mayo, donde un juez, y no un jurado, decidirá si Meta y sus redes han sido un auténtico problema de carácter público y cómo debe actuar a partir de ahora. Por ejemplo, si la compañía ha de ofrecer y financiar programas públicos para ayudar a reparar esos daños.
La tecnológica pretende apelar, como han explicado a través de un comunicado. “Nos esforzamos por garantizar la seguridad de los usuarios en nuestras plataformas y somos conscientes de las dificultades que entraña identificar y eliminar a los usuarios malintencionados o los contenidos nocivos”, ha afirmado uno de sus portavoces. “Seguiremos defendiéndonos con firmeza y seguimos confiando en nuestro historial en materia de protección de los adolescentes en Internet”. El martes, las acciones de Meta —que está valorada en unos 1.500 millones de dólares— cerraron con pérdidas de un 1,9%.
Ya en el cierre de sus argumentación el abogado de la compañía, Kevin Huff, afirmó que “las pruebas demuestran que Meta invierte en seguridad no solo porque es lo correcto, sino porque es bueno para el negocio”. “Meta diseña sus aplicaciones para ayudar a las personas a conectar con sus amigos y familiares, no para facilitar el contacto con depredadores”, aseguró. Mark Zuckerberg, creador de Facebook, director ejecutivo de Meta y uno de los considerados padres del internet actual, solo ha comparecido en este juicio por videollamada, aunque sí que acudió a declarar al de Los Ángeles, casi paralelo.
Ese juicio en California, que presenta el caso de una mujer de 20 años llamada Kaley G. M., se ha convertido en la piedra de toque de lo que está por venir, al ser el primero de los alrededor de 1.500 que se esperan para este año. Ella y sus familiares han hablado de la inmensa adicción que sufría a las redes sociales, que empezó a usar cuando tenía seis años y en las que pasaba hasta 16 horas al día. “Creo que las redes, su adicción a las redes, han cambiado el modo en que funciona su cerebro”, llegó a decir en la vista la madre de Kaley. “No tiene memoria a largo plazo. No sabe vivir sin un teléfono. Es capaz de emprender una batalla solo con que toques su móvil”.

Las redes le causaron a Kaley G. M. cuadros clínicos de ansiedad, depresión y dismorfia corporal, argumentan sus abogados. Pero a las puertas del juzgado se concentraron padres que perdieron a sus hijos después de que estos se suicidaran por haber sufrido adicciones a las redes. Esta vista suponía la primera vez que Zuckerberg se veía obligado a declarar en un juzgado; lo había hecho ante el Congreso y también ante el Senado. Durante su deposición, el 18 de febrero, el empresario se centró en insistir que los menores de 13 años tienen prohibido el acceso a Instagram y les achacó una cierta responsabilidad a los propios menores: “Creo que hay un grupo de personas, potencialmente un número significativo, que mienten sobre su edad para usar nuestros servicios”.
Zuckerberg también insistió en que su intención no es lograr dinero —tiene una fortuna de unos 200 millones de dólares— puesto que busca donar “casi todo a obras benéficas”, y está “centrado en dar miles de millones a la investigación científica”. “Cuanto mejor le vaya a Meta, más capaces seremos de investigar”, dijo ante el mismo jurado californiano que, en días o incluso horas, decidirá si Meta puede seguir acumulando capital o si debe enfrentar el mismo destino que en Nuevo México.









