«Estaba ahí, estaba ahí», pedía ayuda a gritos, en un español afectado pero entendible, entre ademanes y su desesperación, la novia de Yair Amir Manno Núñez (29), quien murió ahogado en la boca de la Laguna de Mar Chiquita, arrastrado por la marea. La joven -francesa- señalaba el lugar exacto donde hacía un instante él estaba pescando, tal como se estila aquí, metido con el agua a la altura de las rodillas, dándole la espalda al mar.
Así, de pie, de cara al continente, lo sorprendió la fuerza de la crecida inusitada del mar y lo embistió: la marea lo sumergió y se cree que lo arrastró hacia el canal natural por el que ingresa y sale el agua al ritmo de pleamares y bajamares. «Puede haber quedado en el chupón«, dicen los locales, «que siempre es peligroso».
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Otra hipótesis indica que en la caída pudo haber sufrido un golpe en la cabeza, que lo hizo perder el conocimiento y lo dejó sin posibilidad de defensa.
«No lo sabemos, pero puede haber quedado entre el agua que estaba saliendo de la laguna y la que entró en ese momento», explicó un pescador que este martes, poco antes del mediodía, arrastrando por la arena un lenguado recién capturado, salió del agua desde el mismo lugar donde en la tarde del lunes estaba Manno Núñez hasta que desapareció.
Hay dos puestos de guardavidas en ese sector, uno apunta al mar y otro a laguna. Cada unos tiene dos guardavidas por turno. Este martes, ambos habían izado el banderín rojo, de «mar peligroso», una decisión que no tenía que ver con las condiciones que presentaba la boca, en bajante antes del mediodía, sino precautoria.
En esos vaivenes que presenta el clima en la Costa Atlántica -los mismos que pueden haber provocado la crecida-, después de un día de calor extremo, el de la virazón o del meteotsunami, como estiman los especialistas, sobrevivió un día gris tras una madrugada de tormentas. Con apenas 18° -la mitad de la tarde anterior- y viento sur, no había nadie en la playa. «Si vienen bañistas verán que hay bandera roja. Es por precaución, porque no sabemos cómo va a reaccionar el mar», explicó uno de ellos a este diario.
Manno Núñez estuvo sumergido «por lo menos cuatro minutos, desesperante», explicó a Clarín Andrea Lezcano, directora de Seguridad en Playas del distrito. «No sabía nadar, tenía un enorme respeto por el mar, pero lo tomó desprevenido», contó de acuerdo al testimonio que dieron quienes lo acompañaban al muchacho. La novia decía «estaba ahí» y mostraba el lugar donde él pescaba.
Otros tres pescadores que estaban en el mismo lugar en ese momento consiguieron salir pronto, pero «a él inmediatamente lo perdieron de vista», reconstruyó Lezcano.
En el lugar hay dos puestos guardavidas y este martes se veía la bandera roja. Foto: Diego Izquierdo.Los guardavidas habían advertido pequeños cambios en la marea en un día en que el mar estaba calmo y el clima mantenía a todo el mundo en la orilla, con casi 37° grados en la boca de la laguna. Uno de esos cambios fue una bajante, el mar retirándose levemente, pero ese síntoma no dio tiempo a nada porque inmediatamente después el agua entró como si se hubiera agazapado, con mucha energía. Barrió lo que encontró a su paso.
Porque en tanto en la boca había quienes intentaban divisar el cuerpo de Manno Núñez, otros -sin saber de su desaparición- se encargaban de socorrer a quienes todavía permanecían en el agua y de sacar lo que el agua se llevaba.
Testigos afirman que la víctima no sabía nadar, pero que respetaba el mar. Foto: Diego Izquierdo.«Yair apareció del otro lado de la laguna, ya inconsciente«, contó Lezcano. Lo encontraron pescadores casi en la orilla y enseguida comenzaron hacerle maniobra de RCP. Un guardavidas cruzó nadando, un vecino, Pablo Roura, oyó gritos en la boca y se acercó con su bote.
Había observado la bajante, a la marea «que estaba rara» y de pronto vio entrar «la ola con una fuerza bárbara». Roura contó a medios locales que los botes que estaban anclados comenzaron a golpear contra las piedras y que al advertir que algo pasaba en la boca, fue a buscar su bote, en el que finalmente lo cargaron al joven marplatense, aunque ya estaba inconsciente.
«Lo cargamos en mi bote y lo cargaron en la ambulancia: una lástima que no se pudo salvar», recordó. En el trayecto, en el cruce de un lado al otro de la laguna, unos cincuenta metros en ese momento -ancho que depende de la marea-, los rescatistas mantuvieron el ritmo de las maniobras de reanimación. «Todos hicieron lo que pudieron, hubo quienes entraron en pánico. Son momentos difíciles que no te esperás”.
Yair era marplatense, y aunque hacía ocho años que vivía en Francia, donde se desempeñaba como jinete de caballos endurance, esta semana lo encontró en su ciudad. Junto a su novia francesa, había llegado para visitar a familiares y amigos.










