Brisa Mailén Rojas tenía 21 años. Cuando era una niña había podido superar primero la separación de sus padres y luego la muerte de su madre, con quien vivía. Terminó el secundario con la idea de convertirse en policía, comprarse una casa y llevarse a vivir con ella a sus hermanas menores. Vendió pastelitos, ropa y hasta hizo trencitas y rifas para costear sus estudios en el Instituto de Seguridad Pública (ISEP) de Santa Fe, donde fue integrante de la Guardia de Honor.
Luego de graduarse como policía tuvo que dormir en la Terminal de Ómnibus de Rosario cuando, por falta de dinero, no podía volver a su casa de la ciudad de Santa Fe y a las pocas horas debía reintegrarse a su trabajo en la Brigada de Orden Urbano, una fuerza de calle. Así fueron las últimas semanas de la suboficial hasta que en abril de 2025 se quitó la vida.
El caso de Brisa, junto con los de Bruno Escobar, Maximiliano Trujillo y Oscar Valdez –recientes, similares y en Rosario–, terminaron por detonar la rebelión policial que entre el 9 y 11 de febrero pasado puso en jaque a la gestión del gobernador Maximiliano Pullaro.
La protesta se basó en un creciente malestar por los magros salarios y también por muchos policías que trabajan en la principal ciudad de la provincia tienen sus familias en el centro-norte santafesino. Y a esto se la suma la problemática de salud mental.
En sus redes sociales, Brisa hacía referencias constantes a su madre: “Veo todo tan extraño. En mi vida faltás vos. Mi mamá, mi ángel”. Y enfrentaba al mal tiempo con buena cara: “Don´t worry, be happy”, cuenta a Clarín Gisela Osman, una de sus tías maternas.
“Cuando murió la mamá, se quedó viviendo con mi hermana. Y después vivió con el padre, y terminó la escuela”, recuerda Gisela. “Siempre fue muy disciplinada, la peleó mucho, tenía sus metas claras. A los 19 ingresó a la Policía. Quería esa salida laboral rápida para tener su casa con sus hermanas maternas”, describe.
“Nunca fue una chica depresiva, que estuviera todo el día en cama o encerrada. Siempre fue muy alegre. Vos la mirabas y decías: guau. No se notaba que ella por dentro sufría por la pérdida de mi hermana. Era muy compañera, muy solidaria”, dice Gisela.
Según la tía, a fines de 2024 Brisa terminó de cursar en el ISEP, en la sede de la ciudad de Recreo: “Arrancó en marzo del año pasado a trabajar. Estaba re ansiosa. Mis hermanas Leonela y Candela la ayudaron a comprarse el uniforme policial, ya que en aquel momento en el instituto no se lo daban”.
“Lo que la agotaba era ir y venir en colectivo. Por ahí lo perdía y tenía que quedarse a dormir en la terminal: no tenía plata para volverse. Más allá de que los colectivos para los policías son gratis, siempre estaban muy llenos. No tenía ni para comer. O sea: se tenía que quedar en la Terminal para el otro día volver a trabajar”, relata Gisela sobre el régimen laboral de la Policía de Santa Fe que, por lo general, implica 12 horas de trabajo por 36 de descanso.
“No sé qué le pasó por la cabeza para tomar esa decisión. Si era porque adentro del instituto la verdugueaban mucho o porque no estaba mi hermana o por todas las situaciones que había pasado. Todavía no logro entender por qué tomó esa decisión”, dice con pesar su tía.
“Ella en Rosario no vivía. Iba y venía. Las últimas semanas que estuvo ahí alquilaba, para que fuera más cómodo trabajar: tenía dos horas de viaje (de Rosario a Santa Fe) y otra media hora para llegar a su casa. Habían alquilado, por dos días y una noche, un departamento tipo piecita, ella en una pieza y su amiga en otra. Con otros compañeros con los que patrullaban se turnaban los grupos y se quedaban ahí”, indica Gisela sobre el lugar en el que su sobrina se quitó la vida con un tiro con su arma reglamentaria la madrugada del 15 de abril de 2025.
Otros casos
Según datos del Ministerio Público de la Acusación (MPA), durante 2025 se suicidaron 17 policías y guardiacárceles, -tanto provinciales como federales– en Rosario, y esa cifra alcanzó el número de 25 en todo el territorio provincial, de acuerdo con fuentes extraoficiales.
Según datos del gremio no reconocido Apropol, solo en Rosario el año pasado se suicidaron cuatro policías provinciales. Brisa fue uno de ellos.
Esta misma organización detalló que en 2024 hubo cinco casos y ocho en 2023, todos en la misma jurisdicción y la gran mayoría fueron cometidos con el arma provista por el Estado.
Durante la protesta policial, en el piquete frente a la Jefatura de Rosario, el comentario de algunos de los uniformados apuntaba a que varios factores pudieron contribuir a los suicidios: violencia interna, abuso institucional, traslados compulsivos, abandono sanitario, revictimización administrativa.
Pero, también, consumos problemáticos, lo que surge en los abordajes individuales pero pocas veces se enuncia en voz alta. Y tampoco se hace pública la violencia de género, ya que hubo casos de casos de policías que mataron a su pareja o ex pareja y luego se quitaron la vida.
En ese sentido, el ministro de Justicia y Seguridad santafesino, Pablo Cococcioni, afirmó que los hechos de autolesión o suicidio “son multicausales y no pueden atribuirse a una sola falla” institucional. “Hay factores personales, familiares y económicos que forman parte de la esfera individual”, sostuvo y explicó que algunos agentes que atravesaron situaciones críticas recibieron el alta médica y fueron reincorporados, mientras que en otros casos el Estado debe adoptar medidas preventivas, como separarlos del servicio.
Pablo Cococcioni, ministro de Justicia y Seguridad de Santa Fe, dijo que los suicidios de policías son «multicausales».Al 21 de enero de este año el programa de Salud Mental para los miembros de las fuerzas de seguridad tiene en tratamiento a 561 agentes -en toda la provincia hay 25 mil-, indicaron fuentes oficiales y aclararon que 486 fueron dados de baja por falta de respuesta a llamados y mensajes o a la falta de adherencia al tratamiento, y 56 dados de alta luego de haber completado satisfactoriamente su proceso terapéutico.
La postura del gobernador
Al anunciar el acuerdo con los policías rebeldes el 11 de febrero, el gobernador Pullaro hizo mención a este aspecto del reclamo, más allá de la recomposición salarial que fue el eje de la protesta. Y se mostró muy molesto por la acusación de “asesino de policías” que un cartel en el epicentro de la protesta le atribuía.
“A mí me pusieron carteles que decían: ‘Pullaro asesino de policías´. A mí, que puse la cara como nadie por la Policía de Santa Fe y el Servicio Penitenciario”, afirmó el gobernador, muy molesto, en referencia a sus cuatro años como ministro de la gestión de Miguel Lifschitz y a la centralidad que tuvo la política de seguridad en los dos primeros años de su gestión.
Y agregó: “Manipularon el suicidio de un personal policial que nos duele a todos, sin siquiera ponerse a estudiar cómo ha evolucionado el suicidio. Eso no lo voy a permitir”. Eso último fue en una alusión al aumento de la tasa de suicidios en todo el país.
El gobernador Maximiliano Pullaro se defendió de las críticas que lo señalaron como «asesino de policías».En materia de la dirección de Bienestar Policial, Pullaro detalló que se ampliaron las frecuencias de transporte para agentes del norte provincial que trabajan en Rosario. También señaló que se reforzó el gabinete psicológico y explicó que se habilitarán lugares de pernocte para quienes viajan largas distancias. “Si el personal estaba estresado por la carga de trabajo y el traslado, podrá quedarse a dormir aquí, como lo hacen las fuerzas federales”, concluyó.










