Además de un clima de época, y la idea ilusoria del lujo expansivo de los años ‘90, el revisionismo mediático que trajo aparejado la serie sobre el ex presidente Carlos Saúl Menem volvió a poner en escena el abrigo de piel que usó la funcionaria María Julia Alsogaray en la ya emblemática tapa de la revista Noticias.
La recreación de ese momento en la ficción estrenada por Prime Video y los dimes y diretes que generó la propiedad de esta prenda -la usada antaño y la de ahora- provocó un raid televisivo, lo mismo en redes sociales. Eso sumado a que, por fuera de las pantallas, ya iniciada la primavera, queda confirmado que esta es una tendencia comprobable en la calle. No sólo por estos lares, sino también en las capitales de moda del mundo: volvieron a usarse las pieles.
Y a partir de este regreso ultra difundido, aún con temperaturas no tan heladas, es que hay tapados de piel y accesorios afines por todos lados. Algunos coinciden con la idea trendy de la “slavic doll”, o “muñeca rusa”, que comprende el uso de este tipo de ropas, igual que la expresión “mob wife aesthetic” -o la “estética de las esposas de la mafia”- en sintonía con los looks al estilo Carmela Soprano, la protagonista del ya célebre programa liderado por James Gandolfini.
Aunque, así como se promueve el uso de pieles, también surgen cuestionamientos en torno a estos atuendos; de dónde provienen, si son artículos que fueron fabricados en otras décadas o si están siendo producidos ahora. Lo mismo, si se trata de materiales sintéticos, y en ese caso; cómo están hechos y si causan algún daño al planeta.
Lo cierto es que esas preguntas no son nuevas, sino que comenzaron hace más de cuarenta años, cuando la organización internacional People for the Ethical Treatment of Animals (PETA) puso el tema en la agenda de los medios de comunicación y la ciudadanía. Es que además de enfocarse en evitar que los animales sufran por las agresiones en el trabajo en laboratorios, la industria alimenticia o el negocio del entretenimiento, también atendieron al comercio de ropa. Reclamo que continúa hoy en día: por caso PETA anunció que el gigante asiático Shein admitió haber dejado de usar pieles en productos propios y en los que provienen de marcas tercerizadas.
Militantes de la organización contra la matanza de animales. Foto:archivo CLARÍNAsí se suma a la lista que incluye a Burberry, Canada Goose, Chanel, Macy’s y Nike entre las firmas que, en distintos momentos, anunciaron que dejaban de vender pieles. Pero eso no fue todo, ya que en ese mismo comunicado le pidieron expresamente al músico y otrora diseñador Pharrell Williams, actual director creativo de moda masculina para Louis Vuitton, que siga ese ejemplo y prohíba las pieles de animales en LVMH, grupo al que pertenece la empresa. Es más, recientemente la filial francesa de la organización en defensa de los derechos de los animales, solicitó que se le revoque la Legión de Honor que le fue otorgada al artista en julio pasado.
Sobre Shein hay que decir que no deja de ser una paradoja porque si bien la marca se compromete a no usar este tipo de materiales, por los volúmenes de fabricación y venta que maneja el conglomerado, igual estaría afectando al planeta, y por ende a los humanos, la flora y la fauna que lo habitan.
Y el caso de Pharrell Williams invita a reflexionar acerca de los músicos que usaron -y ostentaron- pieles a lo largo de la historia. Basta con recordar los atuendos de John Lennon y Freddie Mercury, entre otras celebridades. Lo mismo si se piensa en los rockstars locales con referencias a la década del ‘90 y los outfits alternativos de Carca y del siempre estiloso Adrián Dárgelos, frontman de Babasónicos.
Pharrell Williams adicto a pieles y cueros. Foto: archivos CLARÍNA su vez, hubo ídolos populares que también se volvieron indelebles por sus pieles, por ejemplo, la icónica foto del propio Diego Armando Maradona con un abrigo peludo, lo mismo su esposa Claudia Villafañe con su tapado hasta los tobillos, imagen que sigue dando vueltas al mundo.
De los de la nueva era, es frecuente ver tanto a Lali, como a Tini o Nicki Nicole, con pieles, ya sea en ropa o accesorios, de apariencia sintética, en diferentes formatos y colores. Aunque el que dio que hablar por su gorro de piel turquesa fue Paco Amoroso, cuando apareció cantando -junto a su coequiper Ca7riel- en el Tiny Desk Concert.
La referencia del gorro de Paco Amoroso fue un ushanka, el típico sombrero ruso, que le había traído su mamá de un viaje.
Ese gorro amoroso
Florencia Tellado, prestigiosa sombrerera y diseñadora de vestuario, fue la encargada de desarrollar esa pieza. ¿Cómo surgió? La referencia fue un ushanka, el típico sombrero ruso, que le había traído su mamá de un viaje.
¿Cómo lo hizo? A partir de un abrigo de piel azulado, adquirido en la galería 5ta Avenida de CABA, histórica para los amantes de la ropa retro. Esa fue la génesis del objeto que se destaca por la elaboración que conlleva, ya que tiene un tamaño más grande que el habitual para estos gorros y por cómo fueron cortadas y cosidas las partes.
Lali llevando un abrigo de piel en su post de instagram. Foto: LaliAunque varias cuestiones se suscitaron en torno a esta obra: una es que Tellado es vegetariana y cuando recibió el tapado de parte de la estilista de Paco Amoroso y Ca7riel, se dio cuenta de que era piel de un animal, entonces entró en contradicción. ¿Qué decidió? Hacer esa pieza sola, para que justamente ese tipo de upcycling no se vuelva una constante. Por eso, los que comercializó, después, están hechos de manera sintética. “Me pidieron hacer en cantidad para activaciones, pero ese no es el objetivo de mi marca”, explica. “Sigo fiel a generar cosas únicas que trasciendan los tiempos”, concluye.
¿Y qué hacemos con las que hay?
“En sus brazos tenía los abrigos de su madre: dos visones, uno negro con rayas grises y otro marrón oscuro -enumera Leonora Balcarce- un lince de pelo largo y un guepardo entallado, con botones, cinturón, cuello y puños de cuero”, agrega, en Tapados de visón, el cuento de su autoría incluido en el libro homónimo, recientemente editado por Mansalva.
Y este relato -donde uno de los personajes procura preservar esas prendas como si fuesen tesoros- alcanza como ejemplo para entender qué representaron en otras épocas. Incluso yendo más atrás en el tiempo, poseer una piel podía simbolizar estatus, y a la vez era un elemento que denotaba poder. Así fueron consideradas sobre todo a principios del siglo XX, tal como lo confirma Carol Dyhouse, profesora emérita de Historia en la Universidad de Sussex, en el libro Glamour. Mujeres, historia y feminismo.
“Había un glamour y un romanticismo especial por las pieles traídas de lugares distantes -dice la autora en el texto- asociadas con intrépidos cazadores y tramperos masculinos que conseguían trofeos para mujeres especiales”, menciona. Esto pasó en los ‘20 del siglo pasado, y era tal el furor en ese momento y en décadas anteriores, que hasta hubo usuarias que llevaban ardillas bebés o cabezas de gatos embalsamados, sobre mangas y ruedos.
Éstas son conductas que hoy no solo serían condenadas por las organizaciones en favor de los derechos de los animales, sino que además resultarían repugnantes para la mayoría de la población.
Edicion Bafweek Marzo 2025, otoño-invierno 2025 de Pucheta Paz. Foto: BafweekAlgunos usuarios de pieles se preguntan qué se hace con las que fueron generadas tiempo atrás y que ya están en el planeta
Es que, si bien ya está extensamente aceptada la negativa a comprar pieles de animales producidas ahora, algunos usuarios se preguntan qué se hace con las que fueron generadas tiempo atrás y que ya están en el planeta, como los típicos tapados arrumbados en algún placard de la casa que pertenecieron a una tía o una abuela.
Ante esta disyuntiva, por un lado, están los consumidores que se niegan rotundamente a usarlas, porque consideran que al hacerlo siguen fomentando la generación de esos productos, sean o no vintage. A su vez están los que buscan alternativas, y las mixturan con otras prendas retro o directamente, analizan la manera de reciclarlas.
“No es algo que como emprendimiento consuma”, expresa María De Piero, dueña de Vintage Reciclado, la cuenta online que comercializa ropa de otras épocas. “Y no puedo vender algo que yo no me pondría”, subraya. Explica además que, hoy por hoy, son más las personas que le ofrecen estos artículos que las que demandan.
Para María José Heredia, fundadora de la tienda Dudou Vintage, las sintéticas son las que más salen, y aunque si bien no compra prendas hechas con pieles de animales, sí las tuvo en consignación. “No voy a aceptar más porque es bastante delicado el tema, pero también se venden”, señala. “Hay gente que entiende que no son de ahora y tienen otra idea al respecto”, añade.
En la década del ‘20 del siglo pasado era tal el furor por las pieles, que hasta hubo usuarias que llevaban ardillas bebés, o cabezas de gatos embalsamados, sobre mangas y ruedos de sus vestidos.Foto: archivos CLARÍNOtra opción es reconfigurarlas en tipologías aggiornadas y, por ende, nuevos usos. Esto se traduce en que un tapado largo y pesado, puede volverse un abrigo corto y para uso cotidiano. En esa labor está Carolina Novo, propietaria de K 3 Piel. La firma, con sede en La Coruña, España, que trabaja con diseños de antaño reacondicionados y otros reciclados con nuevos patrones.
¿Quiénes las llevan? Desde chicas jóvenes a las que les gustan las prendas vintage y tienen el propósito de darle una segunda vida al artículo, hasta las señoras más grandes, que siempre las usaron, y actualmente las encuentran a un precio más económico. “Nunca he tenido problemas al vender pieles naturales de segunda mano”, expresa. “Siempre he tenido muy buena acogida”, sintetiza.










