Virginia Giuffre, la principal —y primera— denunciante de los delitos sexuales de Jeffrey Epstein, es la única víctima del expríncipe Andrés de la que se conoce la identidad. Defensora de las víctimas de explotación sexual, se convirtió en una cuando, a sus 16 años, conoció al pederasta Jeffrey Epstein y a su cómplice, Ghislaine Maxwell. Un año después y siendo aún menor de edad, Epstein le presentó a Andrés Mountbatten Windsor, cuando él tenía 41 años y ella 17. Giuffre denunció haber sido agredida sexualmente por el príncipe británico en tres ocasiones y finalmente se suicidó en abril de 2025, a los 41 años.
El cómo llegó a conocer al exduque de York lo cuenta en sus memorias póstumas Nobody’s Girl: A Memoir of Surviving Abuse and Fighting for Justice (La Chica de Nadie: Memorias de supervivencia ante abusos y de lucha por la justicia). Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell fueron quienes hicieron las presentaciones. Ocurrió el 10 de marzo de 2001, cuando la pareja, que llevaba a Giuffre a todas sus reuniones y fiestas, viajó de Estados Unidos a Londres. “Mis hijas son apenas algo más pequeñas que tú”, le dijo Andrés, quien, según contó la víctima, se interesó por sus pies. “Comenzó a masajearlos y a chuparme el arco plantar. Era la primera vez que me hacían algo así y me entraron cosquillas. Me puse nerviosa pensando que quería que le hiciera lo mismo. Pero no tuve que preocuparme por eso. Tenía prisa por tener sexo. Después, me dio las gracias con su entrecortado acento británico. En mi recuerdo, todo ocurrió en menos de media hora”.
“Han pasado los años y he pensado mucho en cómo se comportó aquella noche. Fue lo suficientemente cordial, pero muy consciente de sus privilegios. Creía que tener sexo conmigo era su derecho de nacimiento”, recuerda en su libro Giuffre, quien recibió 15.000 dólares (unos 13.000 euros) de Epstein al día siguiente, junto con una felicitación: “Lo has hecho muy bien. El príncipe se ha divertido”.
Un mes después tuvo lugar el segundo encuentro en Nueva York, en otra de las casas de Epstein, donde fue tomada la conocida foto en la que Andrés aparece abrazando a Giuffre. En sus memorias, la mujer recordó aquel momento: “Mi madre nunca me hubiera perdonado que conociera a alguien tan famoso como el príncipe Andrés y no me hiciera una foto. Corrí a por mi Kodak FunSaver, que estaba en mi habitación, volví y se la di a Epstein. Recuerdo cómo el príncipe puso su brazo alrededor de mi cintura mientras Maxwell sonreía detrás de nosotros”.

El tercer encuentro llegó en la isla de Epstein: “Epstein, Andy [Andrés], otras ocho chicas aproximadamente y yo tuvimos sexo juntos. Todas ellas aparentaban tener menos de 18 años y no hablaban inglés”, relata en sus memorias.
En 2021 demandó al exduque por agresión sexual, y en febrero de 2022, llegaron a un acuerdo extrajudicial multimillonario. Nunca se dio a conocer la cifra exacta, pero la prensa británica estimó que fueron unos 14 millones de euros. Gran parte de ellos provenía del patrimonio personal de la madre del exduque, la reina Isabel II.
El inicio de todo
Todo comenzó en Mar-a-Lago, el club que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, posee desde 1985. Virginia Giuffre empezó a trabajar en el club gracias a su padre, que era el encargado de mantenimiento del sistema de aire acondicionado. Ghislaine Maxwell se fijó en ella desde la ventanilla de su vehículo cuando la joven entraba un día cualquiera a trabajar. Días después, mientras Giuffre leía un libro detrás del mostrador del balneario, la invitó a la casa de Epstein. Cuando la joven entró a la habitación, el multimillonario la esperaba desnudo, tumbado de espaldas sobre una camilla. Maxwell le enseñó a dar masajes al mismo tiempo que Epstein la interrogaba sobre su edad, si tomaba anticonceptivos o cómo había sido su primera relación sexual. Allí fue forzada a mantener relaciones sexuales con la pareja.
Desde entonces, Epstein llevó a la joven a todos sus viajes y fiestas. “Muchas de nosotras hemos sido violadas o abusadas de niñas. Éramos pobres o sin hogar. Chicas de las que nadie se preocupaba. Y Epstein pretendía hacerlo. Un maestro de la manipulación, parecía arrojar un salvavidas a chicas que se estaban ahogando”, razonó Giuffre.

El pasado de Virginia Giuffre como víctima de agresiones sexuales se remonta a su infancia. Nacida el 9 de agosto de 1983 en Sacramento (California), fue violada por un amigo de la familia con tan solo siete años. Se escapó de casa y pasó por varios hogares de acogida. A los 14 años ya vivía en la calle, donde vivió unos meses con un traficante sexual de 65, quien también abusó de ella. Tres años después es cuando Epstein entra en su vida en Mar-a-Lago.
La primera en hablar
A los 10 años viajó a Tailandia para convertirse en masajista. En el país del sudeste asiático conoció a Robert Giuffre, quien se convirtió en su marido y padre de sus tres hijos ―Christian, Noah y Emily―, nacidos en Australia.
En 2009 denunció a Epstein bajo el seudónimo de Jane Doe 102. Le acusó de haberla captado siendo menor de edad, con la ayuda de Maxwell, para introducirla en la red ilegal de tráfico sexual. Seis años después rompió el anonimato y se convirtió en la primera de las víctimas de Epstein en hacer pública su historia. Ese año fundó la organización sin fines de lucro Speak out, Act, Reclaim ―anteriormente Victims Refuse Silence―, que “ofrece un espacio seguro y empoderador para que los supervivientes de la trata sexual recuperen sus historias y se defiendan a sí mismos y a los supervivientes en todo el mundo”, según su página web.
“Nunca fue un príncipe”
La familia de Giuffre ha agradecido la actuación de la policía Thames Valley, la primera que abrió una investigación contra el expríncipe y que ha llevado a su detención este jueves. “Nuestros corazones rotos han sido reconfortados por la noticia de que nadie está por encima de la ley, ni siquiera la realeza”, han afirmado el hermano y la cuñada en un comunicado. “Nunca fue un príncipe”, han declarado.
A fines de octubre pasado, el escándalo llevó al rey Carlos III a retirar el título nobiliario a su hermano. “Ella [Giuffre] estaría tan orgullosa. Él ya es solamente Andrés. Ya no es un príncipe”, celebró entonces la familia de la víctima. “Virginia está celebrando desde el cielo ahora mismo. Diciendo ‘lo logré’. Estamos tan orgullosos de ella. Este es un momento sin precedentes en la historia”, dijo entonces su hermano Sky Roberts.










