Una pared vacía en los pasillos del poder y un silencio oficial que ya lleva tres semanas colmaron la paciencia de su autor. Helmut Ditsch, uno de los pintores argentinos más valorados del mundo, acusó a las autoridades de retener ilegalmente una obra suya dedicada al Glaciar Perito Moreno. Tras enterarse por los medios de que el cuadro fue descolgado, el artista, actualmente radicado en Austria, reclama respuestas urgentes a la Secretaría General de Presidencia, pero del otro lado solo encuentra un teléfono cortado y un misterio burocrático.
Desesperado por la falta de información, el pintor decidió hacer público su enojo a través de las redes sociales. «Che, no se roben mi obra», exigió en un video frontal. Desde Vaduz, Liechtenstein, donde intenta recuperarse del impacto emocional, el artista detalló su calvario en diálogo con TN. «La condición fue que ellos la aseguraban y que yo podía retirarla cuando se me ocurriera. Ahora nadie me responde, ni la gente de patrimonio. No sé dónde está, me costó mucho estrés, me enfermé», relató con indignación.
Para el creador radicado en Austria, la repentina decisión de vaciar esa pared esconde un mensaje que va mucho más allá de la decoración de interiores. Ditsch remarcó que el retiro de la imagen patagónica ocurrió justo una semana antes de que el Congreso debatiera la nueva Ley de Glaciares. En ese sentido, vinculó el episodio con el clima de época y fue tajante: «Me puso muy mal todo esto por lo que está pasando en la Argentina. Veo que les pegan a los jubilados, que quieren hacer guita con los glaciares. Esto no es un ataque contra mi obra, sino contra el patrimonio cultural«.
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El destrato oficial contrasta brutalmente con el peso que tiene la firma del artista en el mercado internacional. Los hielos del sur son el motor de su carrera y lo posicionaron en la élite global, al punto de que una empresa europea llegó a pagar 1,5 millones de dólares por uno de sus trabajos. «Estoy haciendo patria fuera del país, pintando la soberanía argentina, mientras acá sacan la obra como si fuera una figurita», cuestionó. Con un toque de sarcasmo amargo, sumó: «Si no la devuelven, es un robo. No me gustaría que aparezca en una cascada, para ponerle un poco de humor».

La historia de esta pieza se remonta a agosto de 2013. En aquel momento, Ditsch retiró su óleo original valuado en 300.000 euros y dejó en su lugar una reproducción de altísima calidad llamada «The triumph of natura Glaciar Perito Moreno». El imponente cuadro, de casi seis metros de largo y un costo estimado en 100.000 dólares, quedó bajo la órbita del Estado a través de un “préstamo” tácito. El acuerdo era simple: el Gobierno aseguraba la pintura y el autor tenía el derecho absoluto de llevársela cuando lo deseara. Trece años después, ese pacto de confianza se rompió.
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El legado de los hielos y un nuevo destino
La pieza original aterrizó en los salones gubernamentales por un pedido expreso de Cristina Kirchner. Años más tarde, durante el recambio presidencial, el pintor se contactó con los encargados de patrimonio para definir los pasos a seguir. En esa ocasión, recibió luz verde para dejarla colgada porque, según le confirmaron, Mauricio Macri era un fanático de su estilo y solía llevar a sus invitados a contemplarla.
Hoy, el escenario es radicalmente opuesto. Ditsch reconoció que las autoridades actuales tienen todo el derecho administrativo de descolgar la tela si no encaja con la nueva estética oficial, pero exigió que cumplan con la obligación legal de devolverla de inmediato. Su objetivo ya no es pelear por un espacio en las paredes del Gobierno, sino rescatar su trabajo de la desidia para entregárselo a alguna institución pública que realmente sepa valorarlo.
Lejos de buscar un rédito económico, el artista ya tiene en mente un destino mucho más social para su monumental glaciar. «Quiero que esté en un lugar público donde a la gente le haga bien verla», aseguró. Entre las opciones que baraja, mencionó la posibilidad de donarla a un hospital pediátrico o instalarla en un paseo abierto. Por el momento, la Facultad de Derecho de la UBA pica en punta, ya que sus autoridades se mostraron muy interesadas en recibirla. «Creo que sería un buen lugar, es un hermoso edificio», concluyó el pintor, a la espera de que el Estado devuelva lo que no le pertenece.
TC / EM









