la historia del último príncipe del fútbol brasileño y su baile de despedida

la historia del último príncipe del fútbol brasileño y su baile de despedida


Detrás de la gran aparición del crack que irrumpió en el fútbol brasileño el 7 de marzo de 2009 hay un alma matter. Se trata de Neymar da Silva Santos y es el «Jorge Messi de Ney». Sí, su padre fue quien estimuló a la bestia, para después administrar su carrera. Básicamente, el que vio que ese pibe que tiraba chiches y saltaba patadas, primero en las calles calientes de Mogi das Cruzes, a 45 kilómetros de San Pablo, y después en Praia Grande, donde se mudó la familia, tenía pasta de crack.

Neymar padre empezó a golpear puertas y a peregrinar como si fuera un pastor que conocía los secretos de la profecía que todo Brasil quería escuchar: «Este es el nuevo Pelé».

Ney creció a la par de YouTube. Y con la misma fuerza. A los trece años ya circulaban videos suyos como si fueran aquellos viejos VHS que mostraban los representantes en el viejo fútbol, pero con una velocidad infinitamente mayor. Mientras, en las tribunas del Santos, los viejos repetían el nombre de Pelé con nostalgia.

Habían pasado 35 años de su partida y Brasil necesitaba al sucesor del Rey, uno que pudiera jugar a la pelota y recordar eso de que la alegría es solo brasilera, mientras su padre insistía cual Maquiavelo: «Acá está, el nuevo príncipe«.

Y tenía razón. Neymar lideró al Santos hacia la Copa Libertadores de 2011 —la primera del club desde 1963— el torneo terminó de convertirlo en un fenómeno continental. Aquel Peixe jugaba con la alegría y la luz de los equipos de otros tiempos, esos que brillaron de la mano de Dorval, Mengálvio, Coutinho, Pepe y Pelé . Ese mismo año, Ney ganó el Premio Puskás por un gol imposible contra Flamengo, una secuencia de amagues y aceleraciones que parecía coreografiada por un director de cine incapaz de aceptar las limitaciones humanas.

Después de ganar la Libertadores, el Santos modelo 2011 jugó la final del Mundial de Clubes contra el Barcelona de Guardiola: fue paliza, 4-0 con doblete de Messi pero también se dio el primer encuentro entre los cracks sudamericanos. Fue amor a primera vista. Unos meses después, el brasileño cruzaría el charco.

Messi y Neymar, en 2011, dos cracks que se reconocieron rápidamente. 
Foto: EFE

Europa lo esperaba. En 2013 Barcelona lo pagó 88 millones de dólares para formar la MSN: Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar. En la temporada 2014-15 conquistaron el triplete —Liga, Copa del Rey y Champions League— y durante meses dieron la impresión de jugar a otro deporte: de la mano de Luis Enrique lograron 9 títulos… y el fútbol total.

La relación con Messi fue una historia impensada dentro de ese vestuario multimillonario. Neymar admiraba al argentino con una devoción casi infantil, y Messi parecía disfrutar la exuberancia brasileña del compañero que lo abrazaba después de cada gol como si volviera a sus días de futebol en la playa. En un deporte construido sobre egos hipertrofiados, los dos parecían hablar un idioma que entendían sólo ellos.

El trío infernal: Ney, Messi y Suárez. (DPA)

Pero Neymar no estaba hecho para roles secundarios. Y en 2017 protagonizó el traspaso más caro de la historia al marcharse al Paris Saint-Germain: doscientos veintidós millones de euros.

París le ofrecía una cantidad de dinero obsceno y la posibilidad de convertirse en centro absoluto del escenario. En la Ciudad de las luces ganó ligas, copas y millones (unos 70 por año, sólo en contrato), aunque también empezó a convivir con una sensación persistente de insatisfacción. El PSG coleccionaba títulos domésticos mientras perseguía obsesivamente la Champions League y Neymar parecía necesitarla para poder ganarla sin Messi y, al fin, confirmar definitivamente de su grandeza.

Brasil, mientras tanto, lo miraba de reojo: con una mezcla de amor y agotamiento. Neymar heredó la mochila de ser el sucesor de Pelé pero no tuvo un Garrincha, un Vavá ni un Zagallo. Mucho menos, el Brasil de los cinco 10 con Jairzinho, Gérson, Tostão, Rivelino y O’ Rei.

Hasta ahora, como Cruyff, CR7 y otros tantos, Neymar fue un crack sin Mundial, aunque consiguió lo que pocos creían posible. Superó a Pelé como máximo goleador histórico oficial de la selección brasileña, un dato que habría parecido sacrilegio veinte años antes.

Quizá su prime en la Selección lo haya alcanzado en los Juegos Olímpicos de Río 2016. El penal definitivo contra Alemania, en el Maracaná, le dio a Brasil la primera medalla de oro olímpica de su historia en fútbol masculino. Neymar caminó hacia la pelota bajo una presión difícil de soportar pero convirtió y cayó de rodillas llorando como un hombre que acababa de sobrevivir a sí mismo. Fue una pequeña revancha del 1-7 en el Mineirao de Belo Horizonte que clasificó a los germanos a la final del Mundial de Brasil 2014.

Neymar Jr. celebra el oro olímpico. Foto: EFE

Fuera de la cancha, Neymar cultivó un perfil de nuevo millonario. Ese de consumos postergados que arrasa con todo. Se compró una mansión con siete suites, ascensor, cancha de squash y le puso un lago que provocó una demanda de los vecinos. Amante de los autos deportivos con la devoción de un coleccionista adolescente llenó un hangar con vehículos inspirados en Batman. Un Batimóvil (el famoso Tumbler en el que gastó 1,5 millones de dólares), un Batcopter (en el que invirtió 10 millones) y un avión privado personalizado, todos basados en la icónica trilogía cinematográfica dirigida por Christopher Nolan.

Neymar Junior y su colección de Batman // Instagram: @neymarjr

Es que, dinero no le faltaba: los 37 millones de euros limpios que cobraba por su contrato en el PSG, lo duplicaba en sponsors. Según la revista Forbes, su patrimonio oscila los 400 millones de dólares. El año pasado, ya en lo que podría considerarse el crepúsculo de su carrera, ocupaba el puesto 25 entre los atletas mejores pagos del mundo con 76 millones al año.

En 2020 rompió con Nike y firmó con Puma uno de los contratos de patrocinio más lucrativos del deporte, superior a los 25 millones de dólares anuales. También quiso expandirse hacia el entretenimiento. Participó en telenovelas de Rede Globo, apareció en videojuegos y transformó su imagen en una franquicia portátil. Hay algo profundamente contemporáneo en él: no pertenece solamente al fútbol, sino a la industria total de la celebridad.

Se juega como se vive, dice una vieja frase del fútbol. Y Ney vivió de fiesta tanto afuera como dentro de la cancha. Le gustaba la noche al brasileño. Cada fin de año, organizaba megafiestas en sus mansiones. Cada 5 de febrero festejaba su cumpleaños y los invitados debían respetar un estricto dress code. Y hasta tuvo su crucero Ney em Alto Mar: el futbolista ha llevado sus celebraciones a un nivel superior organizando festivales flotantes, como su famoso crucero de tres días y tres noches. Además, cada 11 de marzo, el brasileño acusaba una lesión que justo coincidía con la fiesta de cumpleaños de su hermana. En el de este año, dejó plantado al mismísimo Ancelotti que se tomó un avión especialmente para verlo en el campo de juego.

Sin embargo, detrás del brillo y la frivolidad, aparece su costado menos visible. En Praia Grande creó el Instituto Projeto Neymar Jr., un complejo social y educativo destinado a miles de niños y familias vulnerables. Tal vez sea allí donde aparece el Neymar menos calculado: el chico que recuerda exactamente de dónde salió y entiende cuán estrecha puede ser la distancia entre el talento y el abandono.

El 28 de marzo, visitó la Argentina con el Santos y sedujo con su carisma a los hinchas de San Lorenzo que lo ovacionaron en el Nuevo Gasómetro. Había vuelto al club que lo vio nacer tras su paso por el Al-HIlal del fútbol árabe donde firmó un cobró cerca de 200 millones en dos años pero estuvo 370 días parado por una rotura de ligamento cruzado anterior y meniscos en la rodilla izquierda que sufrió en octubre de 2023.

Pero, cuando visitó el Bajo Flores ya estaba instalada la polémica: ¿Ancelotti sería capaz de dejar sin su último Mundial a la gran figura brasileña de la última década y media?

Este lunes, Neymar fue confirmado en la lista de los futbolistas que participarán de la Copa del Mundo de los Estados Unidos, México y Canadá. Y, aunque no podrá igualar el legado de Pelé, irá por su cuarto mundial. El último Príncipe del fútbol brasileño tendrá su baile de despedida.

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