Maud Quessard es una intelectual francesa especialista en política exterior de Estados Unidos. Llegó a Buenos Aires desde París, donde trabaja en la Escuela Militar (IRSEM) como directora de investigación y responsable de área de Europa, para participar de la Noche de las Ideas organizada por el Instituto Francés de Argentina, el Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores de Francia, con el apoyo de Fundación Medifé y en coordinación con las Alianzas Francesas y los Centros francoargentinos de distintas ciudades del país.
La política internacional se parece cada vez más al sueño de una restauración conservadora que imagina un futuro donde las prácticas más brutales del pasado se conviertan en las garantías de ciudadanos asustados y derrotados. En ese marco, un país determinante en el orden internacional es Estados Unidos, que hoy se presenta como un propagador del caos y de la confusión, en una batalla comunicacional que se parece a un estado de guerra ideológica.
Antes de participar en las charlas que tendrán lugar en el Teatro Colón, Maud Quessard concedió esta entrevista para pensar un esquema internacional donde prevalecen los gobiernos de derecha y los sistemas autoritarios, mientras las democracias liberales que caracterizaron el siglo XX se encuentran en peligro de desaparición.
–La política internacional de Donald Trump se caracteriza por la generación de un estado de caos, ¿Ese caos responde a una estrategia? ¿No podríamos pensarlo como la propagación de un estado de guerra desde lo simbólico o ideológico?
–En esa impresión de caos hay una hoja de ruta y lo que miramos son los signos importantes, las señales fuertes que encontramos en los documentos americanos, como la estrategia de seguridad nacional que salió en diciembre de 2025. En enero de 2026 Trump dijo que su objetivo era reorientar la política internacional norteamericana con la doctrina Donroe (corolario de la doctrina Monroe). Se trata de una estrategia que deja a Europa de lado. Trump nos dice que los europeos nos tenemos que manejar solos con nuestros problemas porque nosotros tenemos una guerra en el continente con el conflicto en Ucrania. Para algunos, Trump usa el caos como estrategia; es la teoría del loco: se comporta como un loco y hace pensar a la gente que es loco. Después de la cumbre con Xi Jinping en China, se ve que esta estrategia del caos no es tan productiva porque hace aparecer a su enemigo estratégico, su competidor principal, China, como el país que aporta la calma y el equilibrio en las relaciones internacionales, cuando EE.UU. siempre fue el regulador del mundo. La situación hacia el interior de EE.UU. es de caos y violencia; lo vemos con la intervención del AIS y con la utilización de la Guardia Nacional, una fuerza armada usada habitualmente en el exterior que Trump usa en el interior de EE.UU.. Utiliza las fuerzas del Pentágono en contra de sus propios ciudadanos y ahora hay muchos conflictos hacia el interior de EE.UU., una polarización muy fuerte, pero también hay una guerra cultural y esa guerra cultural, Trump y su administración la quieren exportar a Europa y a América Latina. Es un conflicto ideológico que, a veces, es más importante que las guerras convencionales.
–La diplomacia de EE.UU. es lo contrario de lo que se entiende por diplomacia, ya que genera conflictos constantemente que no se propone resolver.
–Las fuerzas diplomáticas en la administración de Trump fueron erradicadas, lo vemos en la negociación de los conflictos con Irán, el diálogo con Rusia, Israel y Gaza. Ahora no hay diplomáticos de carrera ni expertos. Los que son enviados para las negociaciones son los llamados enviados especiales; no son profesionales de la diplomacia, son leales a Trump, que le sirven a él, pero no tienen el oficio de la diplomacia y eso es un problema porque no hacen diplomacia sino negociación transaccional: son transacciones inmobiliarias y comerciales, pero no diplomáticas, con el objetivo de construir una sociedad de postconflicto. Esto es un problema para los interlocutores de Trump, pero también para la administración de Trump porque no gestiona correctamente esas negociaciones y frente a los enviados de Trump sí hay profesionales de la diplomacia; por ejemplo, ese es el caso de Rusia y, en vez de tener una ventaja competitiva con la fuerza de negociación, los norteamericanos se encuentran en una situación de asimetría. Es un error estratégico de Trump creer que la fuerza bruta puede servir por sí sola para imponerse sin usar la diplomacia, el diálogo y las ideas y eso hace que pierda terreno. Un ejemplo es Irán.
–Esa brutalidad está ligada a una emocionalidad donde se asienta la adhesión de los ciudadanos norteamericanos, ¿Cómo se construye legitimidad con un funcionamiento tan poco racional?
–La emoción es la estrategia comunicacional de Trump, que reemplazó la verdadera comunicación estratégica, racional, pensada con consejeros diplomáticos internacionales en las altas esferas del estado. Esto ya no existe. Trump reacciona con emoción usando las plataformas; su plataforma es Truth Social, que se convierte en el principal canal de comunicación, esto le permite crear para su población y la base que lo sostiene una burbuja comunicacional y de emoción con la que entretiene a sus partisanos y aquí está la dificultad para legitimar los actos brutales porque no importan los hechos en esa burbuja. Su relato es aceptado por su base, que son nacionalistas, complotistas y la derecha ultrarreligiosa de EE.UU.. Pero ahora, en el 2026, hay fisuras en esa burbuja de comunicación; se está rompiendo esa base que le permitió estar en el poder. El Papa encontró que la violencia en contra de los católicos en EE.UU. no era aceptable y esa fisura entre los cristianos hace que sea difícil recuperar a ese sector. El segundo punto es la guerra en Irán, que genera muchas fisuras. Hay figuras complotistas como Laura Loomer que condena esas guerras superlejanas en Medio Oriente porque considera que esa guerra no es legítima, porque tiene consecuencias sobre la población americana y sobre la economía mundial. Lo más interesante de estas fisuras se da en el equipo mismo de Trump. El que tiene más desacuerdos es el vicepresidente James Vance, que intentó encontrar soluciones rápidas del conflicto con Pakistán; no lo logró, pero él forma parte de esa derecha religiosa que no está a favor de las guerras, esto puede ser una posibilidad para posicionarse en la sucesión de Trump. También es un momento importante para otro competidor que quiere tomar la Casa Blanca, que es Marco Rubio, canciller y consejero de la seguridad nacional, que puede tranquilizar a los electores cristianos y sobre todo a la base latinoamericana que Trump está perdiendo.
–Dentro del retorno de la lucha de potencias, Rusia y China no son democracias y EE.UU. tiene cada vez más rasgos autoritarios. Estamos viendo que las democracias liberales son puestas en crisis en función del nuevo concepto de democracias iliberales, ¿Cómo se puede intervenir en el marco internacional para que los derechos humanos y otras libertades no sean completamente abandonadas?
–Es un momento donde podemos ver que el número de estados autoritarios en el mundo es más importante que el de las democracias y en EE.UU. tenemos un presidente que por primera vez parece favorecer modelos de regímenes autoritarios. El modelo de Viktor Orbán en Hungría es un modelo en el que Trump y su equipo se inspiran; no es que EE.UU. quiera exportar un modelo a Hungría sino que quiere copiarlo, Orbán le sirve de laboratorio. Esto es interesante en la circulación de las ideas. No es que haya un país que está difundiendo el autoritarismo, sino que se trata de un grupo de personas hostiles a la democracia liberal que pretenden que la democracia iliberal es más deseable y hoy estamos en EE.UU. en una deriva autoritaria, con despidos masivos, con la centralización del poder y con esa comunicación presidencial que no es comunicación sino propaganda. En la cumbre de Múnich en febrero de este año fue el vicepresidente James Vance quien dijo que los europeos no comparten los mismos valores que EE.UU.. Lo interesante es que estamos en una competición de relatos. Me preguntabas si la democracia norteamericana está muriendo y Vance vino a decirnos que nosotros en Europa estamos en declive a causa del wokismo, de la inmigración masiva y la pregunta es quién tiene el relato para saber qué modelo, si el liberal o el iliberal, va a ser el que predomine.
La investigadora Maud Quessard, en Buenos Aires antes de participar en la Noche de las Ideas. Foto: Maxi Failla.–Es un poco difícil construir un relato cuando Trump utiliza el universo digital para propagar ese caos en una guerra de comunicación donde interviene la sociedad civil. Usted menciona que Trump privatizó la diplomacia en su forma de comunicar, ¿No podríamos pensar que al usar la red social X como un canal de comunicación él está institucionalizando esa red social?
–Las plataformas fueron una herramienta para ganar esa batalla de las ideas en el plano interior y hoy quiere ganar esa batalla en el plano internacional. Trump está pensando cómo exportar esa guerra cultural con las herramientas de la Big TEC y hoy la principal diplomacia activa es la comercial, pero también están esas delegaciones tecnológicas. Lo que quiere decir que son pocos diplomáticos y negociadores, lo vimos con la delegación que fue la semana pasada a China. Trump se desplaza con gigantes de la TEC, que tienen un relato propio que no es el relato de los ultrarreligiosos, de los complotistas, sino el relato de los jefes de Silicon Valley, que tienen una visión del mundo muy marcada por el imaginario de Tolkien. Ellos buscan controlar las infraestructuras de lo digital y sobre todo los recursos que le van a servir para sus propios negocios.
–En Argentina está Peter Thiel, que vino a observar el gobierno de Javier Milei como un laboratorio similar a Hungría, porque tengo entendido que Thiel quiere ser presidente de EE.UU. y se reunió con el titular de ANSES y de la SIDE porque le interesa hacerse de esos datos. Una empresa como Palantir, que va más allá de las fronteras, pasa a tener un funcionamiento institucional que es más que un estado.
–Si, hoy hay un lugar institucional dado a los jefes de la TEC. Trump quería comprar Groenlandia y todos se preguntan por qué Trump quiere un trozo de hielo, porque les interesa a los varones de la TEC, lo quieren usar como herramienta, están poniendo cables en el fondo del mar, también en Tierra del Fuego aquí en Argentina. Esto tiene que ver con el estado de vigilancia. Controlar los datos de los ciudadanos es algo que Palantir puso en marcha en EE.UU., ya estamos en una deriva del estado de vigilancia de la TEC, que está explicado en sus manifiestos porque ellos escriben manifiestos donde exponen sus ideas. Para ellos las personas tienen que ser esclavas de las máquinas y por eso hay que controlar los datos de los ciudadanos para que sean útiles para las máquinas. Eso ya ni es un estado de vigilancia, es algo ficcional como Black Mirror. Este es un concepto que desarrollo en mi próximo libro que se va a publicar en Francia, que se llama El nuevo imperio americano. La potencia sin principios. Tenemos el problema de la injerencia de las empresas que se comportan como estados, un concepto de empresa/estado; entonces la pregunta es cómo reaccionar a esa injerencia. Nosotros en Europa tenemos mucha regulación, tenemos una ley que no regula los datos, pero sí los contenidos y para los datos hay una negociación que hicimos con los gigantes de la TEC y sus enviados especiales que se llama FISA, que es el único medio de crear una norma para contener esas injerencias, en esto Europa y Latinoamérica pueden cooperar. Europa ya lo está haciendo con Brasil, pero también se puede hacer con otros países. Palantir se mete en la inteligencia de los estados, que son sus interlocutores privilegiados. Ya no son una multinacional sino un imperio de estado vigilante que se vuelve una amenaza para todas nuestras sociedades contemporáneas. Peters Thiel sigue a Trump desde 2016, su primer mandato, y sí, hoy hay un lugar institucional dado a los jefes de la Tec, que ocupan un lugar de primer rango, como Peters Thiel y Palantir, que están, igual que X, en el aparato de estado americano. Thiel se reunió con el titular de ANSES y la SIDE. Intervención de los estados, espacio sin control, índice en las democracias.
Maud Quessard participará en la actividad «Desinformación y democracia Estrategias, narrativas y resistencias» el sábado 23 de mayo a las 15 junto con José Natanson y Olivia Sohr en el CETC (ingreso por Pasaje de los Carruajes).









