Cuando no pueden más, bajan al Citroën C4 Cactus, arrancan el motor y ponen música. Este coche azul es uno de los pocos caprichos que quiso darse el albañil Jorge Velásquez y su hija se niega a deshacerse de él. Aunque no tenga carné para conducirlo, aunque los suyos le recomienden mejor venderlo para poder financiar el calvario en el que se ha convertido su vida desde que el 7 de octubre muriera aplastado su padre en el derrumbe de un edificio en la calle Hileras 4, en pleno centro de Madrid. Una tragedia que segó la vida de otros tres trabajadores y que se encuentra en pleno proceso judicial. No quiere venderlo porque cuando su padre la veía triste, como ahora, la llevaba a dar una vuelta por Fuenlabrada. Y metida en ese coche inmóvil, siente que, por un momento, el truco sigue funcionando.










