Una mujer completamente desnuda trepa por una cuerda, se cuelga boca abajo y se balancea violentamente para hacer sonar una gran campana de bronce con su propio cuerpo. Esta acción, que la convierte en un badajo humano, es, sin duda, el fenómeno de público de la Bienal de Arte de Venecia 2026. Largas e interminables filas se forman en el Pabellón de Austria para ver la obra interactiva de Florentina Holzinger (1986), titulada «Seaworld Venice».
La imagen es perturbadora. Sin embargo, más de 500 años antes de la performance de Holzinger, Hieronymus Bosch, conocido como El Bosco (1450-1516), ya la había pintado en «El Juicio Final» (también llamado El Juicio de Brujas), un tríptico que se puede apreciar en el Museo Groeninge (Groeningemuseum).
La performance ocurre cada hora en el exterior del pabellón. Mientras espero mi turno para entrar y ver la muestra curada por Nora-Swantje Almes, me entretengo en traducir la leyenda inscrita en la campana: «O tempora, o mores» («¡Oh, qué tiempos! ¡Oh, qué costumbres!»).
Cuando un elemento casi idéntico se repite entre dos autores, la obra deja de ser un objeto aislado y se convierte en un nudo dentro de una conversación que lleva siglos ocurriendo. ¿Puede ser este el caso de la «campana» de Holzinger y la de El Bosco?, me pregunto.
La provocadora, talentosa y controvertida coreógrafa y artista de performance austriaca no ha reconocido públicamente la influencia del pintor flamenco. Cabe destacar que el uso de campanas con badajos humanos desnudos también aparece en «Sancta» (2024), basada originalmente en la polémica ópera Sancta Susanna, de Paul Hindemith, donde también hizo una fuerte crítica a las estructuras eclesiásticas.
“Florentina Holzinger”, explica la curadora sobre el proyecto –el cual no solo ocurre en el Pabellón Austriaco, sino también en una serie de Études específicos que completan la obra, distribuidos por Venecia y su laguna–, “refleja un escenario apocalíptico que ya está presente, ilustrando la complicidad de la humanidad en un (eco)sistema en colapso: vidas vividas entre los escombros de otros. Son imágenes y composiciones fugaces que nos persiguen, rozando lo imposible”.
Durante siglos se pensó que el tríptico «El Juicio Final», conservado en el Museo Groeninge de Brujas, era obra de su taller. No obstante, hace poco tiempo, un grupo internacional de expertos ratificó su autoría. Esta es una de las visiones más caóticas y moralistas de El Bosco.
Aunque comparte similitudes estructurales con la versión más grande de «El Juicio Final» (ubicada en Viena), la obra de Brujas destaca por su enfoque comprimido y despiadado sobre el pecado humano y los extravagantes verdugos que ejecutan el castigo divino. La campana en cuestión aparece justo en un extremo del panel central.
Como dato curioso, en la película In Bruges, protagonizada por Colin Farrell, Brendan Gleeson y Ralph Fiennes, se puede ver la obra cuando los dos asesinos a sueldo visitan el museo. Asimismo, la campana con una figura humana boca abajo como badajo también aparece en un dibujo de El Bosco que hoy pertenece a una colección privada.
Otra performance que también parece estar influenciada por la iconografía de El Bosco es la de Wolfgang Flatz (1952). En su obra «Desmontaje IX», realizada durante la Nochevieja de 1990/1991 en las ruinas de una sinagoga destruida en Tiflis (Georgia) –en pleno contexto del colapso de la Unión Soviética–, Flatz se hizo suspender completamente desnudo, boca abajo y con los ojos vendados.
Aunque no colgaba de una campana, se encontraba entre dos pesadas placas de acero, balanceándose de un lado a otro para funcionar, literalmente, como un badajo. Con cada oscilación, su cuerpo golpeaba violentamente contra el metal, generando un sonido ensordecedor y rítmico: un acto de resistencia extrema que se prolongó hasta que el artista perdió el conocimiento.
Hoy, en la 61ª Bienal de Arte de Venecia, a los asistentes que presencian la obra de Holzinger no parece importarles si se trata de una idea original o de un eco del pasado. Al final, todos aplauden.









