la nueva búsqueda de la armonía sin tanto bisturí y aceptando las arrugas

la nueva búsqueda de la armonía sin tanto bisturí y aceptando las arrugas


«Antes tenía otra cara. Siempre tuve una mandíbula muy cuadrada y me puse toxina botulínica para anular el músculo y suavizarlo. Probé distintos métodos estéticos porque quería la mandíbula un poco más femenina. Además, era uniceja y me hice muchos tratamientos para que me dejaran de crecer las cejas. La verdad es que me arrepiento un montón».

La que habla es María Becerra, ícono de la música pop, compositora, actriz y ex youtuber. La “Nena de Argentina” que hizo historia al convertirse en la primera mujer en agotar cuatro shows en River.

La chica nacida y criada en el partido de Quilmes que perdió dos embarazos ectópicos, cayó y se levantó. “Hoy me estoy dejando mis facciones. Prefiero tener todo más natural”, subraya Becerra en una entrevista reciente para una masiva red social.

Con voz propia, la artista tomó una decisión personal que representa a miles de mujeres y también de hombres que, después de someterse a diferentes intervenciones buscando la inalcanzable perfección, hoy se ven en el espejo y no se reconocen.

De distintas edades, muchas y muchos están escapando al “tuneo artificial” apostando a una versión más natural de sí mismos. La tendencia es mundial, y también avanza en nuestro país.

“Nueve de cada 10 pacientes que vienen a mi consultorio quieren que les devuelva la frescura sin perder sus rasgos. Hoy el norte estético es volver a lo natural, con tratamientos con el menor uso de químicos y mínimamente invasivos. Ya no va más los rostros hinchados, sin expresión y parecidos entre sí. Eso es pasado”, sostiene el médico estético Roberto Angeloff, con más de 20 años de experiencia en el sector.

Con él coincide el cirujano plástico Fernando Felice, también con amplia trayectoria local e internacional. “Estamos frente a un cambio de paradigma estético a nivel global. De hecho, los grandes congresos de medicina estética y cirugía plástica están enfocados en la naturalidad, la prevención y la regeneración más que en los cambios extremos. Nuestro desafío ya no es hacer más, sino saber indicar correctamente, mantener proporciones armónicas y, muchas veces, decir que no”, subraya Felice.

Consecuencias irreversibles

“En la consulta, muchas mujeres y hombres vienen con fotos propias de hace 5 o 10 años, no con fotos de celebridades. Ya no buscan transformar el rostro o el cuerpo de manera evidente, sino verse mejor pero sin perder identidad”, agrega el médico especialista.

Mirta R -pidió resguardar su identidad- tiene hoy 52 años y tres granulomas visibles en la cara. Como intrusos, no paran de crecer en su frente y en uno de los costados de su nariz y de un ojo. Le molestan. Le duelen. Recuerda que hace unos 30 años, cuando explotó el fanatismo por la toxina botulínica -popularmente conocida como bótox-, fue a una médica de su barrio en el sur del conurbano a hacerse un tratamiento para suavizar sus primeras arrugas.

Décadas después, por razones aún desconocidas, su rostro implosionó. Cuando fue a pedirle explicaciones a la doctora que la había intervenido, le dijo que no tenía su historia clínica. Que, según sus anotaciones, le había puesto toxina botulínica.

“Me mandó una foto de los productos que usa ahora asegurando que son los mismos que usó en el pasado. Muy preocupada, empecé un raid de médicos que me aconsejaron una cirugía como solución. Nadie se juega a darme un diagnóstico y decirme qué me pusieron. Hay que abrir para saber. Creen que no es bótox. Tengo miedo de que sea una combinación de metacrilato. Estoy aterrorizada”, compartió Mirta con Viva.

Su temor remite directamente a un drama que conmovió a la sociedad argentina en 2023 sin perder su vigencia: el caso de Silvina Luna.

“Intoxicación con metacrilato” fue justamente la causa que hizo detonar el cuerpo de la famosa modelo y le trajo, según distintas investigaciones, gravísimas e irreversibles consecuencias en su salud general hasta su muerte.

La historia de Luna se verá en un documental con fecha de estreno en 2027 que busca justamente concientizar sobre la mala praxis y los tratamientos estéticos tan peligrosos que rozan lo delictivo.

“Aunque me hice algunos tratamientos, nunca busqué ser otra persona a la que soy. No me gusta llenarme de químicos”, subraya Jorgelina Arias (62), con una realidad opuesta a la de Mirta. Durante distintas etapas de su vida, la mujer se hizo mínimas intervenciones estéticas.

Siempre recurrió a profesionales con trayectoria probada y tratamientos saludables. Nunca tuvo problemas. Dice que su deseo es conservar siempre su esencia.

“Me niego a consumir colágeno y botoxearme, ¿está mal?”, desafía en uno de sus posteos la comediante Dalia Gutmann (48) desde nuestras latitudes. “Haciéndome mayor, sanando mi mundo interior, mamá de dos niñas, amante de las carcajadas y las comedias románticas”, añade desde el norte la actriz Drew Barrymore (51), una gran defensora del envejecimiento natural, al igual que su colega Anne Hathaway.

La actriz Drew Barrymore, a los 51. Foto: Agencias.

Como contracara, también desde Hollywood, Nicole Kidman (58) tuvo que amigarse con su imagen y el tiempo. Deformada después de someterse por décadas a distintos tratamientos, dio marcha atrás y apostó -aseguran- a la regeneración de colágeno para volver a tener un rostro relativamente balanceado.

La actriz Anne Hathaway en la alfombra roja de la Met Gala de este año. Foto: Agencias.

Solo algunos ejemplos sobre la superficie.

“Cada persona tiene un tratamiento que se ajusta a su piel, su estilo de vida y su edad. Cada historia es personalizada. Afortunadamente, todo evolucionó para mejor y cada vez hay más productos y tratamientos que ayudan a los pacientes a verse bien sin dejar huella estética”, subraya el doctor Angeloff, al frente de los consultorios de BioAesthetic y creador de un tratamiento de rejuvenecimiento en base a la esencia de las orquídeas.

“Es fundamental ver la trayectoria del médico en el que se deposita la confianza para tratarse. Está lleno de pseudo profesionales que, con bajos costos, proponen soluciones corporales y faciales mágicas y terminan destruyendo como mínimo la piel. Aunque parezca increíble, sigo atendiendo personas que se hicieron intervenciones hace décadas y que todavía no saben qué productos les pusieron”, alerta el médico estético.

El dato detrás de la tendencia

Un informe hecho en 2024 por la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS) afirma que en el mundo se registraron cerca de 38 millones de procedimientos estéticos por año. De ellos, 17,4 millones fueron quirúrgicos y 20,5 millones no quirúrgicos.

En ese escenario global, la cirugía de párpados se convirtió por primera vez en el procedimiento quirúrgico más común, seguida por la liposucción, el aumento mamario, la revisión de cicatrices y la rinoplastia.

Los procedimientos no quirúrgicos más populares fueron la toxina botulínica, el ácido hialurónico (rellenos), la depilación, el estiramiento de la piel sin cirugías y los peelings químicos.

Según detalla el informe, la Argentina fue uno de los países con mayor actividad en cirugía estética a nivel global (435.936 procedimientos), ocupando el sexto lugar en aumento mamario.

En el país se hicieron más de 77.000 anuales de estos implantes, representando cerca del 16 por ciento de todas las intervenciones quirúrgicas estéticas totales.

Frente a estos números, un dato llamó la atención: se contabilizaron 12.323 explantaciones (quita de implantes) por molestias, roturas o por el llamado Síndrome de Asia (condición médica poco común en la que el sistema inmunológico reacciona de forma exagerada ante la presencia de una sustancia extraña al organismo, provocando una respuesta inflamatoria o autoinmune).

Las prótesis mamarias, ahora también se explantan en busca de un busto más natural. Foto: AFP.

Como complemento, las últimas estadísticas de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora (2023-SACPER), más del 50 por ciento de los cirujanos plásticos del país aplicó rellenos sintéticos, toxina botulínica e hilos tensores dentro de los Procedimientos Mínimamente Invasivos (PMI).

El relleno sintético más usado por los especialistas fue el ácido hialurónico (92%), un componente natural que hidrata intensamente, aporta volumen, reduce arrugas y rejuvenece la piel, entre otras funciones.

El segundo lugar entre los rellenos sintéticos lo ocupa la hidroxiapatita de calcio (40.7%), un bioestimulador para tensar la piel, corregir la flacidez y estimular la producción de colágeno.

“Sentí un alivio enorme”

Mabel Martínez tiene 41 años y es abogada. Se operó a los 23 años, cuando “estaban de moda los cuerpos con curvas marcadas y los escotes llamativos”, recuerda. Ella sentía que, para encajar, verse atractiva y sentirse segura, tenía que pasar por el quirófano. Por eso, no lo dudó y avanzó con los implantes de mama.

“Durante un tiempo funcionó. Me dio ese empujón de confianza que buscaba en mis veintes. Pero los años pasan, una madura y las prioridades cambian. Pasando los 35, me empecé a mirar al espejo y ya no me reconocía. Sentía que ese busto tan armado, tan rígido y proyectado, ya no sintonizaba con la mujer en la que me había convertido. Me empezó a molestar la artificialidad del implante. Iba a la playa o me ponía una musculosa y sentía que llamaba una atención que ya no quería”, comparte.

Frente a una extraña en su propio espejo, se decidió por la explantación junto a una mastopexia (intervención que reacomoda el tejido mamario y la piel sobrante al quitar las prótesis de silicona o solución salina).

“El miedo a cómo iba a quedar después de la explantación estuvo, obvio. Vivimos en una sociedad que te exige estar siempre perfecta. Pensaba si mi piel iba a quedar muy estirada, si quedaría ‘plana’ o si iba a extrañar el volumen. Pero el deseo de liviandad y de coherencia estética fue más fuerte”, se sincera Mabel. “Cuando me sacaron las vendas por primera vez, fue un impacto. Pero a los pocos días, a medida que bajaba la inflamación, empecé a sentir un alivio estético enorme. Me vi más estilizada, más elegante”, describe.

Sobran los motivos

¿Qué hay detrás de la tendencia de volver a lo natural? ¿Por qué después de décadas de potenciar lo artificial, el foco viró hacia una mirada estética más integral, mesurada y sin tantos filtros?

El doctor Fernando Felice apunta a tres razones principales como motores del cambio de paradigma estético: el rechazo social a los cuerpos y caras sobrecargadas, la influencia de las redes sociales y por último la información que los pacientes tienen a su alcance y que les permite diferenciar lo bueno de lo malo para su salud.

“Hubo un exceso estético durante algunos años: rostros sobrecargados, cuerpos poco naturales o procedimientos demasiado evidentes que generaron un rechazo social y también médico. A su vez, las redes sociales y las cámaras en alta definición hicieron que las personas comenzaran a valorar más la naturalidad y la autenticidad. Hoy el paciente quiere verse bien en la vida real, no solamente en una foto filtrada”, enumera Felice.

Finalmente –añade- “los pacientes investigan, comparan y entienden mejor los riesgos de exagerar tratamientos. La nueva estética está más relacionada con el bienestar, la salud, la calidad de piel, la armonía facial y corporal, e incluso con conceptos de longevidad”.

Pensando el futuro, los especialistas coinciden en que la clave de la medicina estética es poner como prioridad al proceso llamado inflammation (inflamación celular que genera el envejecimiento). ‘Apuntamos a entender cómo es el estilo de vida del paciente en relación al sueño, al estrés, a la alimentación, a la socialización y a la práctica de deportes”, abre la puerta el doctor Felice.

“Tenemos que trabajar desde adentro hacia afuera”, remarca su par Angeloff.

Como sea, en este duelo estético histórico, la salud, la armonía y la autenticidad le están ganando por ahora la batalla a la invasión química y al desequilibrio facial y corporal. La versión real de cada persona está opacando las múltiples caras de la frivolidad.

Sin sus viejos implantes, la abogada Mabel Martínez parafrasea el título de una serie colombiana y pone en palabras el cambio de paradigma: “Sin tetas, hay paraíso”, asegura convencida de su decisión.

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