Wyndham Clark, el villano americano ganó el US Open con su propio público en contra

Wyndham Clark, el villano americano ganó el US Open con su propio público en contra

Con el rótulo de villano en su propio país y con una ronda final que hizo temer uno de los mayores colapsos en la historia del US Open, Wyndham Clark gritó campeón en el tercer Major de la temporada y levantó su segundo trofeo en la categoría más importante del golf mundial. El estadounidense, de 32 años, sufrió para mantenerse este domingo en lo más alto de una tabla que, al inicio de la jornada, lideraba por seis golpes de ventaja. Pero mantuvo la calma ante el empuje de Sam Burns y la poca simpatía que le mostró la multitud que copó el campo de Shinnecock Hills, Long Island. Y terminó firmando una tarjeta de 73 golpes, tres sobre el par de la cancha, para cerrar con un acumulado de 276 (-7) y convertirse en el primer campeón del torneo de punta a punta, desde Martin Kaymer en 2014, en el course 2 de Pinehurst, Carolina del Norte.

«Es surrealista», afirmó tras repetir el festejo de hace tres años, cuando abrió su cosecha de este nivel, en la edición 2023 del certamen.

«(Jugué) un golf terrible los dos últimos días. Pero al final se trata de creer que van a pasar buenas cosas y por suerte logré los putts que necesitaba», agregó quien se metió en el selecto grupo de múltiples campeones del torneo. Está a uno de los tres de Tiger Woods y a dos de los cuatro que ostentan Willie Anderson, Bobby Jones, Ben Hogan y Jack Nicklaus.

El jugador de Denver había arrancado la última vuelta con una ventaja de seis golpes respecto a sus perseguidores. Pero, dominado por los nervios, vio como esa distancia se reducía a solo uno después de completar apenas cinco hoyos. Y el estrés lo acompañó el resto del camino.

El golpe decisivo para Clark fue uno de sus peores drives del día en el hoyo 16, par 5. La sacó a la fuerza y por poco superó un búnker. Su hierro 8 apenas se mantuvo en la parte trasera del green. Y embocó un putt de birdie de 30 pies que le dio una ventaja de dos golpes con dos hoyos por jugar.

Fue un momento característico con aplausos apagados. El público estuvo en su contra todo el recorrido, poniendo su apoyo detrás de Scottie Scheffler, el gran favorito que soñaba con ganar por primera vez el único Major que aún no tiene en sus vitrinas y completar el Grand Slam de su carrera, pero que tuvo su propia cuota de errores, nunca se acercó a menos de tres golpes en todo el día y quedó cuarto con 280 (par).

Los otros grandes candidatos también le «dieron una mano». Porque el español Jon Rahm no superó el corte del viernes, o el norirlandés Rory McIlroy firmó una ronda final de 73 golpes, con seis bogeys, para terminar con seis sobre par.

Clark tuvo la ronda final más alta de un campeón del US Open desde que Graeme McDowell cerró con un 74 para ganar en Pebble Beach en 2010. No importó. Al estadounidense le alcanzó con sus dos birdies y cinco bogeys para quedar por delante de su compatriota Burns (277; +3) y del surcoreano Tom Kim (279; -1); y a nueve de Emiliano Grillo (23° con 285, +5). Y así sumó su segunda victorias a nivel PGA Tour en el último mes.

La primera consagración de Clark en el torneo estuvo marcada por el recuerdo de su madre, quien había fallecido en 2013 por un cáncer de mamas. Esa pérdida lo había golpeado tanto que él había llegado a pensar en retirarse del golf. Pero logró superar el duro momento y en 2023, diez años después, cumplió el sueño de ganar este Major. «Ojalá pudiera estar aquí, pero sé que está orgullosa de mí y que ha tenido una gran influencia en mi vida. Fue mi roca y mi apoyo incondicional. Cuando juego, quiero hacerlo por ella», dijo en ese momento.

La coronación de este domingo -que festejó con su padre Randall, quien llegó de sorpresa para la ronda final- también tuvo un sabor particular. Es que fue una suerte de redención, después de «recibirse de villano» por un arrebato de rabia que protagonizó el año pasado, cuando tras no pasar el corte en Oakmont, destrozó dos casilleros del vestuario del club de Pennsylvania, una de las catedrales de este deporte, y lo pagó caro.

El club lo declaró persona non grata y le prohibió jugar en su campo de por vida. Él admitió su error, se disculpó y pagó los costos de reparación. Pero era demasiado tarde y muchos fanáticos y medios especializados fueron muy críticos con su comportamiento. Tanto que el sábado, cuando parecía que tenía la victoria casi asegurada, dijo que esperaba «recuperar los fans» que había perdido por esa polémica actitud.

«Recibí muchas críticas desde el año pasado, y con razón. Lo lamentable es que eso no es quien soy, lo que pasó el año pasado», comentó. «Realmente siento que puedo mostrarle a la gente que soy divertido y extrovertido, que soy feroz, competitivo, que amo el juego, respeto el juego, y solo tuve un mal momento. Con suerte podré recuperar a esa gente. Definitivamente siento que estoy en un mejor lugar».

Y comparando sus dos festejos en el Abierto estadounidense, afirmó: «El primero fue el momento decisivo en el que me di cuenta de que podía hacerlo. Este ha sido, en cierto modo, una redención. … Es increíble lo que puede cambiar las cosas un año».

Con información de agencias.

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