En los últimos años, las editoriales independientes han comenzado a ocupar un lugar central en la difusión de la dramaturgia contemporánea. Desde pequeños catálogos y tiradas limitadas, se publican obras teatrales de autores emergentes y consagrados, apostando por textos que rara vez encuentran espacio en el circuito editorial tradicional.
Sellos editoriales como Paripé Books, con autores como Mariano Pensotti, Pablo Messiez y Lisandro Rodríguez; Blatt & Ríos, con piezas de Alfredo Staffolani, Maruja Bustamante, Andrea Garrote y Fabián Casas; Vinilo Editora junto a la Compañía Teatro Futuro y su flamante colección Programa de Mano, cumplen un rol destacado que contribuye a construir la memoria del teatro actual.
En diálogo con festivales, salas y colectivos escénicos, estos emprendimientos no solo editan obras, sino que también apuestan a la difusión y el acceso a dramaturgias locales y regionales. Su trabajo, muchas veces autogestionado, contribuye a preservar aquello que, por la propia naturaleza del hecho teatral, tiende a desvanecerse una vez concluida la representación. Al fijar las palabras en el soporte escrito, permiten que las obras circulen más allá de la escena, lleguen a nuevos lectores, investigadores, docentes y artistas y continúen generando nuevas interpretaciones y puestas en escena. De este modo, se convierten en actores fundamentales para la conservación, el estudio y la proyección futura de la producción contemporánea.
Tres autores
El teatro se considera un arte efímero porque su existencia ocurre y se desarrolla únicamente en vivo. Cada función es diferente a otra, sucede en un tiempo y un espacio determinados, ante un público específico y una vez que termina no puede repetirse exactamente de la misma manera. Siempre habrá variaciones en las actuaciones, las reacciones del público, el clima emocional y las circunstancias de la puesta. Por eso, a diferencia de una película, un libro o una grabación, que permanecen idénticos cada vez que se consumen, el acontecimiento teatral se desvanece en el mismo momento en que ocurre. Su esencia radica precisamente en esa condición irrepetible y fugaz.
Acerca de esa singularidad se pronuncia el escritor y dramaturgo Mariano Pensotti, uno de los más prolíficos creadores contemporáneos que ha llevado su arte a numerosos festivales internacionales. Junto a la escenógrafa Mariana Tirantte, el músico Diego Vainer y la productora Florencia Wasser, integra el grupo Marea.

Pensotti, que acaba de dar a conocer “Una sombra voraz” y “La obra”, dos de sus trabajos más recientes, aclara: “Independientemente de que yo soy el que escribe y dirige, siempre hay un diálogo constante con el grupo. Muchos de nuestros textos se modifican en el trabajo con las actrices y los actores que los interpretan. En el caso de este libro un poco por casualidades o devenir creativo, sentimos que tienen cierto carácter literario que les permite independizarse de su puesta en escena. Son como pequeñas novelitas y la versión exacta de como se representan en escena. Evitamos incluir todas las didascalias o indicaciones. En una lectura es interesante abrir más la imaginación del lector y dejarlo abierto a que cada uno se imagine su posible representación”.
Sobre el sentido de la publicación, agrega: “Partiendo de un origen absolutamente efímero, del que no queda nada, salvo el recuerdo y la memoria distorsionada de cada espectador, publicar es un poco la operación contraria, como preservar algo del paso del tiempo. Enterrar una pequeña cápsula y ver qué pasa con ese material cuando es leído con otro tiempo que no es el escénico”.

Alfredo Staffolani, actor, dramaturgo, docente y director teatral, tiene entre sus trabajos más destacados “La maldad del mundo”, “Por culpa de la nieve” y “El hijo después”. Ha dirigido “Mishelle di San’t Oliva” de la italiana Emma Dante y “Un día de verano” del noruego Jon Fosse. Desde su perspectiva, su libro “El buen destierro”, analiza el valor de preservar la palabra dramática más allá de los escenarios: “Un texto que en su origen se pensó para la escena, al momento de la publicación debería por lo menos condensar algo de ese problema respecto de sus reglas de lectura. Si pensamos la dramaturgia como un desplazamiento de la literatura con otros procedimientos, entramos en una mediación con la editora. Dado que hay una serie de asuntos que un escrito, para terminar de encontrar su identidad, va a necesitar reescribirse y acumular algo de ese proceso que permitió terminarlo. También hay textos que escribí y no estrené. En esos casos, delegué ese problema a un director imaginario que iba a poder desanudar esos asuntos de algún modo”, comenta.

Una tercera voz es la de Santiago Loza, escritor, dramaturgo y cineasta, autor de “Amarás la noche”, “Nada del amor me produce envidia” y “La vida terrenal”, entre otros. Acaba de publicar “La mujer puerca” y al respecto, explica: “El texto que se publica es el que se escribió, no es el de la versión escénica. Tiene dos personajes y en escena se decidió que tuviese un solo personaje. Para mí era importante que se publique tal como fue escrito. Todo texto escénico es una hipótesis de representación, pero también es un texto que uno espera que sea disfrutable en su lectura. Me pareció que era correcto que fuese tal cual como se lo concibió más allá de lo que sucedió con la obra y con la puesta”.

La edición
Joana D’Alessio es fundadora y directora de Vinilo Editora y junto a Carolina Castro hicieron la curaduría de la colección Programa de Mano que acaba de publicar a Loza, “La vida extraordinaria” de Mariano Tenconi Blanco y “La fuerza de la gravedad” de Martín Flores Cárdenas.

“La idea fue seleccionar obras que estén en cartel porque el esquema de distribución es independiente, no van a estar en librerías. Que el espectador salga y se quiera llevar el libro. El teatro produce algo casi religioso, de fascinación y amor, la idea de estos libros es extender esa experiencia. Es tender puentes entre el mundo editorial y el teatral, que a veces corren por carriles paralelos”.

“El texto teatral forma parte de nuestro patrimonio cultural y publicarlo es una forma de preservarlo, estudiarlo y ponerlo en conversación con otras tradiciones. Me parece justo que la portada tenga la foto de los actores. El teatro independiente se puede hacer porque se constituyen cooperativas y los actores son los que ponen más tiempo, esfuerzo y cuerpo al inicio de esos proyectos. Ellos pasan una temporada dentro de esa obra y después muchas veces la vida sigue. Me parece hermoso que se queden ahí, fijados en el libro, junto al texto que habitaron”, concluye.
Así, junto a los Libros del Rojas o iniciativas como las de DocumentA/Escénicas de Córdoba o Libros Drama que fundó el autor y director Ariel Farace, la dramaturgia encuentra nuevas formas de permanecer viva.
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