Los autócratas sienten fascinación por la arquitectura y la escultura. Creen que la piedra inmortaliza y consolida su poder, que lo hace eterno y memorable: arcos triunfales, estatuas imponentes, monumentos encolumnados, grandes avenidas y edificios. También estanques, jardines… y piscinas. Todo con tal de proyectar el culto al liderazgo.










