El hijo del viento santiagueño, ese jugador desequilibrante que luchó contra una y mil lesiones hasta afirmarse en Primera, está cerca de soplar lejos de Boca. Este miércoles, Exequiel Zeballos quedó en el medio de una disyuntiva: aceptar la oferta de renovación de Boca, acercar una oferta de salida o quedar en un segundo plano en la consideración de Rodolfo Arruabarrena. La situación abrió una nueva ventana de conflicto, al igual que tantas veces ocurrió con otros jugadores del club durante la gestión de Juan Román Riquelme.
“No está apartado. Viene entrenándose con el grupo y está muy bien. Pero como está la incertidumbre del posible pase, preferimos cuidarlo ante una posible lesión y darle prioridad a aquellos que sabemos que, en principio, se van a quedar”, le confió a Clarín un allegado al cuerpo técnico. Zeballos entendió la postura del entrenador, aunque la decisión fue consensuada Juan Román Riquelme.
El presidente está decepcionado con el jugador. En noviembre del año pasado, le aplicó una actualización de su contrato, lo que representó un aumento considerable de su salario y se fijó una cláusula de rescisión de 20 millones de dólares. De este modo, Román intentó hacerle un guiño al delantero que era una de las grandes figuras del equipo que entonces dirigía Claudio Ubeda. Y a su vez, según la información que bajaron sus satélites, esperaba tener una gentileza a la hora de sentarse a negociar la continuidad.
El tiempo pasó, Zeballos se desgarró y estuvo dos meses fuera de carrera. Las charlas quedaron stand by y cuando el Changuito regresó, perdió el lugar preponderante que tenía en el equipo. No sólo dejó de ser titular; tampoco logró reencontrarse con el nivel previo a su lesión. En el primer semestre, en definitiva, jugó 13 de los 24 partidos que afrontó Boca entre el Torneo Apertura, la Libertadores y la Copa Argentina. Solo marcó un gol. Fue ante Estudiantes en la 2ª fecha del campeonato.
La “cordial relación” de la que se hablaba y el deseo de Zeballos de “no irse libre” ahora parecen frases desencontradas con el presente. Arruabarrena le dijo que no iba a estar entre sus prioridades producto de su situación laboral. La realidad es que el jugador espera una transferencia, pero hasta ahora solo hubo sondeos. El único que ofertó por el atacante de 24 años fue CSKA de Moscú: 10 millones de dólares que resultaron insuficientes para el presidente. Del Nápoli, que siempre lo tuvo en la carpeta, no hubo una comunicación oficial. Parece lógico, de acuerdo a las reglas del mercado: ¿quién va a pagar más caro por un futbolista con el que ya puede negociar en libertad de acción?
Su representante, Diego Merino, no ofrece demasiada claridad cuando es consultado por los medios. Le dijo a Clarín que no estaba en condiciones de responder sobre el futuro de su cliente. ¿Le aconsejó esperar hasta el 31 de diciembre, día que expira su vínculo con el club?
Desde que Riquelme asumió la conducción del fútbol xeneize, a partir de la victoria de Jorge Amor Ameal en las elecciones de 2019, tuvo conflictos con Nahuel Molina, Alexis Mac Allister, Valentín Barco -todos mundialistas-, Nicolás Valentini y Santiago Ramos Mingo, quienes surgieron en la cantera de Casa Amarilla. También llegó a un punto sin retorno con Sebastián Villa -a quien ahora quiere repatriar-, Agustín Rossi, Marcos Rojo y Cristian Lema. Con Ander Herrera y Edinson Cavani, quien ayer firmó la rescisión de su contrato, fue diferente. Sus salidas estuvieron planificadas, tal vez por su condición de referentes. El resto siempre tuvo roces, dimes y diretes.










