En medio de una intensa ola de calor que azotó al continente europeo, las semanas de la moda masculina de Milán y París reunieron a las grandes firmas del lujo, que adelantaron las nuevas tendencias que marcarán el menswear del verano.
En la capital de la moda italiana, uno de los desfiles más comentados fue el de Prada. La firma apostó por una vuelta a los básicos, con un guardarropa pensado para la vida cotidiana.
En la pasarela se vieron chaquetas y pantalones entallados, confeccionados en cuero. La colección, dominada por blancos, grises, borgoñas y turquesas, reivindicó una silueta simple y precisa, alejada de la extravagancia y buscando la funcionalidad a la hora de vestir.
En Dolce & Gabbana, la colección Vacanze Siciliane construyó un guardarropa de espíritu mediterráneo, integrado por prendas ligeras, tejidos artesanales y estampados inspirados en la isla. Entre camisas con estampados de limones, trajes relajados y chaquetas de lino, el desfile celebró la riqueza cultural y artesanal de Sicilia.
Las pasarelas de Milán también estuvieron marcadas por el debut de una nueva etapa en Giorgio Armani. La casa presentó Mercato Mediterraneo, una colección inspirada en el mar como espacio de intercambio cultural. Los trajes adoptaron estructuras más fluidas y descontracturadas, en una paleta de azules, verdes y tonos tierra que evocó los paisajes del sur de Italia.
Días después, la atención se trasladó a París, donde unas setenta marcas exhibieron sus propuestas para el próximo verano en una edición atravesada por las altas temperaturas y por una reflexión cada vez más evidente sobre la masculinidad contemporánea.
El gran espectáculo de la semana llegó de la mano de Louis Vuitton. Pharrell Williams, su director creativo, transformó la pasarela en una playa con una ola gigante y rindió homenaje al surf y al océano. Entre tablas, referencias al neopreno y una paleta de azules, la colección combinó piezas deportivas y veraniegas con propuestas de sastrería y denim.
Para su tercera colección masculina en Dior, Jonathan Anderson presentó una propuesta donde la sastrería se deconstruyó y adquirió un carácter más experimental. Trajes fluidos, tejidos casi transparentes, chaquetas deshilachadas, brillos y destellos metálicos construyeron un guardarropa que combinó la elegancia y el caos, con guiños festivos y juveniles.
Saint Laurent, por su parte, apostó por una elegancia relajada, con camisas, shorts y pantalones amplios que fueron acompañados por una paleta colorida. A ellos se sumaron propuestas de firmas como Givenchy, Celine, Kenzo y Willy Chavarría, que continuaron explorando una moda masculina más libre, sensible y experimental.










