La imagen del presidente Javier Milei en el ecosistema digital completó su quinto mes consecutivo en terreno desfavorable. El último informe de la consultora Ad hoc determinó que el sentimiento negativo hacia el mandatario se consolidó en un 53%, frente a un 38% de interacciones positivas y un marginal 9% neutral.
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Este retroceso coincide con una pronunciada tendencia decreciente en el interés de las audiencias: el volumen de menciones al presidente se desplomó a 3,7 millones en junio, una cifra 32% más baja que la registrada en octubre pasado.
El diagnóstico de la consultora advierte sobre un Gobierno desgastado que ha perdido el control de la agenda pública, donde la comunidad libertaria en redes sociales quedó replegada y solo logró instalar narrativas favorables al refugiarse en la desaceleración de la inflación y en el triunfo de la derecha en las elecciones de Colombia.
El principal factor de erosión digital durante los últimos cuatro meses fue el denominado «Caso Adorni«, un escándalo que el informe califica dentro de «lo absurdo» debido a la mala praxis comunicacional del propio Gobierno.
En lugar de clausurar la crisis de forma temprana, la administración estiró la agonía encadenando cinco entrevistas del exjefe de gabinete, una conferencia de prensa y tres apariciones presidenciales para defenderlo, lo que terminó agigantando el escrutinio público y fijando un 71% de negatividad digital hacia el funcionario antes de su renuncia.
En contraposición, Patricia Bullrich se mantuvo durante todo el proceso como la figura oficialista que más positividad le aportó al presidente, apostando a una diferenciación estratégica que evidenció las tensiones y la presión interna dentro de la propia fuerza gobernante.
Este escenario de vulnerabilidad gubernamental fue capitalizado de manera directa por el PRO, cuyas menciones digitales experimentaron un salto del 82% a lo largo del mes. El espacio liderado por Mauricio Macri ejecutó un marcado doble juego político y comunicacional para marcarle la cancha a la Casa Rosada.

La jugada estratégica del PRO terminó rindiendo frutos hacia el cierre de junio: tras forzar la salida de Adorni, lograron «teñir de amarillo» el esquema decisional del Ejecutivo mediante la designación de Diego Santilli en el cargo, un movimiento celebrado orgánicamente por toda la cúpula del partido como el camino correcto para garantizar la gobernabilidad y el avance de las reformas.
La salida definitiva de Adorni y el desembarco de Santilli cierran formalmente el capítulo más costoso de la gestión libertaria en las redes, pero abren un complejo interrogante sobre la sustentabilidad del relato oficial. Aunque la remoción del funcionario busca funcionar como un cortafuegos para frenar la sangría de reputación y recuperar la iniciativa política, el verdadero desafío de la renovada alianza entre la Casa Rosada y el PRO pasará por revertir la apatía de las audiencias digitales.
Con una base de militancia virtual desgastada y un volumen de conversación que no logra recuperar los picos del año pasado, el nuevo jefe de Gabinete deberá demostrar si su experiencia de gestión alcanza para devolverle la tranquilidad al Gobierno o si la tregua amarilla en el ecosistema digital durará apenas lo que demore en reactivarse la agenda económica de la calle.










